martes, 7 de agosto de 2012

Mi propio reino (XXIV)

Un infierno llamado instituto 

Erael.

Estamos caminando detrás de Leo, que nos lleva hacia una especie de palacio extraño. Me aparto el pelo  un poco de la cara, mientras observo que Leo se ha parado.

-Sheanne y yo, somos vuestros tutores legales, ya que tenemos la mayoría de edad los dos-explica Leo, con ese tono de superioridad que se le pone a veces cuando le da por ahí. Respiro un poco, conteniendo el esfuerzo para no meterle su apestoso ego por el...

-¿Tutores legales?-pregunta Sheanne, mirando a Leo.

-Sí, es decir, nos encargamos de ellos de forma pública, de forma legal.-responde Leo.

-Ah, entonces ya lo entiendo-comenta Karya-Es como si fuerais nuestros padres, pero sin serlo.

-Bueno, hay que entrar-dice Leo, señalando el palacio que parece más bien un nido de cucarachas.-Por cierto... Verena, Karya, Sheanne y Collix sois hermanos, los Fatuo. Erael y Nevada, también sois hermanos, los Warren. Y Ventisca y yo somos hermanos, los Dare.-ahora se acerca cada vez más a la puerta de ese extraño palacio. Señala la puerta de el ''palacio''-Esto-dice Leo-Se llama instituto, es cuando los alumnos, los adolescentes de vuestra edad van a estudiar y formarse. -explica Leo.-Como la escuela de caballeros o magos o cuando aprendéis a controlar vuestros poderes o leer-nos dice.-Pero aquí ni hay clase de esgrima ni nada.-nos dice-Ahora bien, aquí no hay ni espadas ni nada, y seguramente si os pillan usando vuestros poderes os metan en una especie de laboratorios para experimentar con vosotros.

-Espera, espera...-le corta Verena.- ¿Hay... chicos y chicas de nuestra edad?-pregunta.

-Sí.-contesto yo.

-¿Peligrosos?-pregunta Collix. Todos lo miramos.-¿Qué? Es por si me pongo ligar con una de sus novias. No sé vosotros, pero no quiero que me peguen. Tengo la cara demasiado bonita.

-Tan bonita como un grano en el culo con pelos-replico yo.

Caminamos hacia dentro de ese instituto, en el que nos recibe una mujer enérgica extrañamente vestida.

-¡Bienvenidos al instituto, chicos!-nos recibe, a la vez que nos tiende unos horarios.

Mientras nos empujan, veo que nos llevan a distintos lugares.

-¡Verena!-grito yo, en dirección a Verena.

-¡Erael!-veo como nos separan y no puedo evitar que mi corazón se encoja, como cada vez que la pierdo de vista...

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