Te adoro, Alejandro. Y eso no lo puedo controlar, no quiero ni pensar en olvidarte. Sólo te quiero a ti. Y aunque sé que nunca leerás esto, creo que es un buen sitio para desahogarse.
No te voy a mentir, no estoy bien, pero tampoco mal, debido a que no me lo puedo permitir, mi vida no puede parar su curso, ni si quiera por ti. Pero, debo admitir algo...
Cuando me hablas dos minutos ya soy la mujer más feliz del mundo. Cuando me nombras. Cuando me necesitas, aunque no sea en el sentido romántico de palabra, porque yo también te necesito. O cuando recurres a mí habiendo tanta gente que podría ayudarte, consciente o inconscientemente.
Te echo de menos. Demasiado... Pero soy discreta.