viernes, 29 de diciembre de 2017

El relato de Zafra, la Cazadora; La ninfa y el sátiro.

En una época cuyo año desconocemos, existió una joven risueña y amable. Esta era querida por todo el mundo. Puede que no destacara por su belleza, pero sí era dulce e inteligente y tenía un encanto natural.

Todo el mundo esperaba que se casase con el príncipe de un reino lejano, que pese a sus orígenes humildes, se había fijado en ella y se había quedado prendado. El aprecio era mutuo, aunque la suerte no estaba de parte de ellos.

Apareció en escena un hombre ambicioso, que ambicionaba aquello que más amaba el príncipe: A Zafra. Se presentó como un hombre adulador y dulce, pero con oscuras intenciones. Zafra aceptó que se acercara e incluso lo consideró amigo, pues era demasiado inocente como para ver las intenciones.

El príncipe Gwain no estaba tan de acuerdo con las ''buenas intenciones'' de aquél hombre, cuyo nombre era Heureos.

Tiempo después, Heureos retó en un duelo al príncipe Gwain, por el corazón de Zafra. Zafra les pidió a ambos que no combatieran, pero fue imposible convencerlos. Heureos estaba obcecado por matar al príncipe Gwain y Gwain era demasiado orgulloso como para rechazarlo.

Zafra observó impotente la escena en primera línea. Todo el mundo había asistido a ver el suceso, pero una vez más, la suerte no era aliada. Observó como mataban a su amado príncipe en la arena, y la sangre caía por toda ella, manchándola de un rojo. No se permitió derramar una lágrima.

- Lo prometido es deuda.-Dijo Heureos, al acercarse invicto a ella, con una sonrisa que heló el alma de Zafra.

Zafra no dijo nada. Se prometió con Heureos, pero pronto se le cayó la máscara de buena persona. La estiró hasta el límite durante los meses que pasaron juntos. La quebró, le inundó de oscuridad el alma y el corazón.

Y cuando Zafra se negó a darle algo físico, le clavó una espada en el estómago, pero sobrevivó.
Una vez recuperada, Zafra tomó una decisión y se fugó.

- Estoy lista -susurró para sí misma- Ya no queda nada y nada volverá a ser como antes.

La oscuridad se había apoderado de su alma y sólo pensaba en una cosa; venganza. Se entrenó en cuerpo, mente y alma y pronto se convirtió en una temible mercenaria sin escrúpulos ni corazón, al menos no con Heureos. Cambió sus vestidos por una armadura y unos pantalones de cuero negro, protegió su corazón con una coraza de hielo negro. Se cortó su larga cabellera marrón por los hombros, se tiñó el pelo de un tono azul cielo y coloreó su alma de sangre y venganza.

Primero deshizo el actual enlace de Heureos, desenmascarándole desde las sombras, pues había revelado a su pareja de ese momento, un joven llamado Ray, la cantidad de amantes que tenía y lo ayudó a escapar. Se convirtieron en amigos.

Acabó con su reputación y lo alejó de sus amigos. Lo hundió lentamente en la miseria, hasta deprimirlo y sólo tuvo que contar la verdad. Una noche, llamó a la puerta de su casa y con una sonrisa miró al estupefacto Heureos. Ahora era su turno de asustarse de aquella sonrisa. Sólo veía tinieblas en unos ojos que alguna vez lo miraron con luz en ellos

- Te espero mañana al alba. Justo donde mataste a Gwain.-dijo simplemente con una calma serena.- Es hora de que resolvamos esto.

- ¿Pelearemos?-A Heureos la idea se le antojaba iverosimil, pues no sabía todo lo que había hecho Zafra.

- Al alba.-repitió Zafra y su rostro cambió a uno poco expresivo.  Le dio la esplada y se marchó caminando a paso decidido.

Heureos cuando cerró la puerta, pensó que Zafra había enloquecido, pues que él supiera, nunca había levantado un arma. Tampoco le importaba matarla, su encaprichamiento había pasado hace mucho tiempo y estaba seguro que ganaría.

Zafra, por su parte, estuvo toda la noche de pie en el estadio. Ray la observaba, encapuchado, desde las gradas. No aprobaba el comportamiento de su amiga, más bien lo veía horrible. Comprendía el daño causado por Heureos, pero no cómo alguien había acabado en ese estado.

Cuando llegó el alba, se había corrido la voz y los ciudadanos habían ido a ver ese encuentro. Heureos estaba imponente, con aquella armadura que usaba siempre. Sonrió con condescendencia a Zafra, pero esta no le devolvió la sonrisa. Zafra se quitó la armadura lentamente, revelando una figura mucho más estilizada que cuando estuvieron juntos. Heureos entonces se percató de ese detalle, pero no dijo nada. Sólo llevaba una camiseta de tirantes negra, unos pantalones negros y unas botas de cuero negras. Agarró su espada y miró a los ojos de Heureos.

- Empecé en desigualdad de condiciones y terminaré con tu vida igual que como lo hice, porque ahí está la verdadera fortaleza, en la humildad-musitó en voz baja Zafra, desenvainando una hermosa espada de hierro con incrustaciones de zafiro.

- Yo que tú no estaría tan seguro-sonrió Heureos.-Pronto te reunirás con tu príncipe.

Acto seguido, corrió para atacarla, levantando su arma, pero Zafra, que había estado estudiando su técnica de combate durante tanto tiempo, lo vio venir y rodó por el suelo evadiendo el golpe.

Heureos atacaba y atacaba. Pero no lograba alcanzarla. Estaba confuso y cada vez más cansado, mientras que ella parecía serena y totalmente con sus fuerzas. Estaba jugando a la técnica del desgaste y le estaba saliendo bien, pues Heureos era más grande que ella y mucho más fuerte, pero ella era más ágil y rápida.

Pronto fue el turno de atacar de Zafra, le hizo un barrido a los tobillos y lo hizo caer al suelo. Le quitó el casco y le sonrió, con una sonrisa tan aterradora que a Heureos le hizo temblar.

- Estás muerto-ronroneó en voz alta. Agarró su espada y le cortó el cuello, pese a las súplicas de Heureos.

Sólo entonces se permitió llorar por Gwain. Se puso la armadura y desapareció durante años. Encontró a alguien por el camino que le ofreció su corazón y permitió que viajara con Ray y con ella. Pensó que se había enamorado de Teil, pero no era así. Lo descubrió más tarde. Era un chico encantador, pero ella no era una buena compañía, era demasiado oscura y estaba demasiado llena de ira. Así que dijo que le quería, pero que no pensaba que como él quisiera que lo hiciera. Teil lo comprendió, aún habiéndole destrozado el corazón no quiso separarse de ella.

Juntos cruzaron sin rumbo cientos de ciudades y llegaron a un claro del bosque que estaba lleno de criaturas que no habían visto nunca. Eran mujeres bellas, que custodiaban entes de la naturaleza y hombres mitad cabra mitad hombres. Zafra no notó la atenta mirada de una joven que relucía con un extraño aura plateado y unos increíbles ojos grises. Parecía tener catorce años y siempre estaba rodeada de otras chicas, un poco mayores que ella.

Zafra se sintió atraída por un sátiro, que pronto le mostró su confianza y encanto. Hablaban a todas horas, pero un buen día, la joven que la había estado mirando se presentó ante ella.

- Soy Artemisa, diosa de la caza y de las doncellas. Y estas son mis cazadoras-dijo, abriendo la mano y señalando al conjunto de jóvenes.-Busco a una lugarteninente. Pero es mucho lo que dejar atrás-miró con hastío a los hombres-Tarde o temprano, te lo plantearás.

Zafra no se tomó muy en serio su propuesta y Artemisa lo podía deducir. Pero aquello no le importaba, ya había sembrado la duda.

El sátiro Nuail encontró a una ninfa de ojos azules llamada Shaila, y pronto dejó de lado a Zafra. Zafra miró como pasaba todo aquello y estuvo dolida. Nuail se había alejado de ella de forma tan repentina, que no se lo vio venir.

Entonces decidió que aquello no era para ella. Buscó a Artemisa y se arrodilló ante ella.

Artemisa entendió aquello y esbozó una media sonrisa.

- ¿Juras alejarte de los hombres y mantenerte siempre doncella? -Zafra miró a Artemisa a los ojos.

- Juro-asintió con decisión.

- ¿Juras no volver a enamorarte?-preguntó Artemisa.

- Juro-volvió a asentir de forma decidida.

Un aura plateada la rodeó y pareció más bella que nunca. El pelo azul brilló con intensidad e incluso Artemisa parecía sorprendida.

- Entonces, levántate, Zafra La Siempre Brillante, mi nueva lugarteniente.-Zafra se puso en pie  y una diadema plateada surgió en su frente.

Clavó la espada en el suelo y Nuail, desde la sombras, había observado todo aquello. Se dejó caer al suelo y lloró lágrimas sinceras, al comprender por qué lo había hecho.

Zafra se marchó, de sus vidas, de su vida y nunca miró hacia atrás, ni vaciló, ni se arrepintió. Y siempre cumplió su juramento, excepto, para hablar de vez en cuando con Teil y Ray.



miércoles, 6 de diciembre de 2017

-

Me puse una máscara, pero ya no sé cómo quitármela.

-

Fue como corromper un paisaje
que siempre fue hermoso.
Fue como escribir un mensaje
que la tinta hizo borroso.
Fue apostar el alma
y recoger los trozos.
He perdido la calma,
la habilidad para expresar mi tristeza
en un sollozo.
Y te entiendo, aunque no me veas,
Aunque no te conozco,
y te entenderé, seas quien seas,
porque en ti hallo la belleza en el
destrozo.

lunes, 4 de diciembre de 2017

-

Para estar vivo hacen falta
algo más que suspiros,
para estar vivo necesitas
paciencia y muy altas
convicciones.
Habito un cuerpo dormido,
el de una mujer que no sabe
lo que quiere ni cuando lo
quiere, el de una que ha sufrido.
¿De qué me sirve hacerlo,
si lo que yo siendo lo es vida,
sino un conjunto de circunstancias
que me hacen estar muerta por
dentro?
¿Qué vida es esta que ya no vivo?
¿Qué sentido es haber sido, si ya no
se es?
De la carencia sale mi experiencia y
de ahí, mi pérdida de inocencia.