En el centro de todo lo malvado; yo.
Verena.
-Dime lo que tengas que decirme ya, oscura-le digo despectivamente, con los brazos cruzados.
-Oh, pero si tienes el mismo carácter que tu padre-observa ella, ladeando la cabeza.-Un buen rey.
-Dime algo que no sepa-le espeto, cuando sigo mirándola.
-Te ofrezco un trato-prosigue, sin hacer caso de mi pulla.-Te doy la alma de mi hijo... a cambio de la tuya.-me tiende una mano-Sólo debes venir conmigo...-dice.
Estoy apunto de coger su mano porque algo me atrae hacia ella, algo fuerte, algo demasiado fuerte como para resistirlo, algo que me dice que debo ir con ella, que debo confiar en lo que dice, y…
-¡Verena! ¡NO!-escucho una voz familiar a mis espaldas.
Es Leo.
Leo me echa hacia atrás y algo aparece, como una barrera de oscuridad gigante, que nos protege.
Pero la reina no tiene dificultad para traspasarlo, no sé si es porque es un holograma o simplemente por sus poderes.
Leo me mantiene abrazada, protegiéndome con su cuerpo. Tiene un rostro desconfiado, mientras mira a su madre. Ella por su parte, parece aburrida, deshace el muro de sombras con un gesto.
Procede a atacar a su hijo, que evade rápidamente, pero que le cuesta hacerlo. Leo cae hacia atrás, cuando veo que Akriel se acerca a él, me pongo delante.
-¡Aléjate de él!-grito yo, lo más fuerte que sale de todo el aire de mis pulmones.
-¿Por qué?-sonríe ella, con dulzura. Pero a mí no me engaña en absoluto…-Después de todo, es mi hijo ¿no?
No respondo.
Le lanzo una llamarada, que parece que no le daña, sino que desaparece con el contacto de la piel de la reina diosa.
Me la quedo mirando, desconcertada. Después, acerca un dedo a mi frente, lo cual hace que queme su dedo, pero no parece inmutarse.
Me va entrando cada vez más sueño, hasta que hace que me desplome al suelo…
-Pronto nos veremos, reina Verena.-Su voz es sólo lo que escucho, a medida que voy perdiendo la consciencia-Pronto…
Estoy sumida en un extraño sueño que está lleno de sombras y un campo de oscuridad, que me pone los pelos de punta.
Camino por este, intentando buscar la salida de mis sueños, que me ponen nerviosa.
-¿Dónde estoy?-murmuro por lo bajo entonces, cuidadosamente por si veo algo que pudiera dañarme, o que turbara esta "paz" aparente.
Soy consciente de que estoy soñando, pero todo esto es tan real…
Una brisa que lo recorre todo de arriba a abajo, trayendo esencias nuevas a mi nariz y…
Un momento… ¿Qué es eso?
Observo como se acerca una montaña viviente de sombras, que hace que me estremezca momentáneamente.
La masa se va volviendo cada vez más una forma humanoide. Ésta, va formando a una mujer; Akriel.
-¿Sabes?..-empieza ella.
-Sé muchas cosas e ignoro demasiadas.-le replico, con unas ganas terribles de salir de aquí y fingiendo no estar aterrada.
-….me recuerdas a mí-dice, sin hacerme caso. Sus hermosos ojos castaños parecen reflejar dolor, pero una extraña sonrisa suaviza levemente sus rasgos, aunque sigue pareciéndome aterradora y maquiavélicamente hermosa. Aunque sea unos años mayor que Anteona, no aparenta ni los treinta-Orgullosa, testaruda, cabezota, ambiciosa…-sonríe-Y también tu belleza.-Ladea la cabeza, haciendo una caída de pestañas.
-Es que ya estas vieja, y por eso te ves reflejada en las más jovenes-le espeto.-Nunca seré como tú…
-Puede que no-admite Akriel-Pero te estás corrompiendo cada vez más, y lo notas… Yo puedo librarte de eso, pero a cambio tendré que matar al chico aéreo.
Por un momento, he estado tentada de aceptar el trato, pero esas palabras se me han clavado en el pecho, como puñales.
Es verdad que estoy cada vez más lejos de ser la Verena que antes era, ¿por qué? Porque algo se está rompiendo dentro de mí y es algo que a veces, no tiene solución. Sólo que soy buena, y los buenos no cambian tanto. Además, mi alma es fuerte.
Pero es cierto que hay cosas que no puedo soportar. Pero, ¿significa eso que deba renunciar a la vida de alguien que más quiero en el mundo y que siempre ha estado ahí para ayudarme? No, son sus sentimientos hacia mí lo que me pertenecen, no su vida. Además, no sé que haría si perdiese a Erael, creo que volverme loca y matar a todo el que se me pusiera por delante e intentara parar mi venganza.
-No. Lo siento pero…-Algo sucede, veo una luz, alguien poderosísimo se acerca, y Akriel desaparece, como si tuviera miedo, de algo superior a ella.
¿Quién puede asustar tanto a una diosa? Sea como sea, le debo mandar flores.
Veo que es un celestial. Tiene los ojos verdes, el pelo pelirrojo y unas alas blancas, con un brillo dorado en las puntas. Es alto (quizá rondará el metro ochenta, no estoy segura…), y no aparenta tener uno o dos años más que yo. Aunque ya lo he visto antes, sigue pareciendo absurdamente hermoso, demasiado… Simplemente; brilla con luz propia.
-Verena, te dije que…-dice, posándose con una actitud severa y serena en el suelo.
Él también desprende un aura atrayente, pero en su caso, no irradia sombras, sino paz.
Echo a caminar, pero me impide pasar, siendo escalofriantemente rápido y lo que hace, que casi me quede en el sitio.
-Hasta que no sepa quién eres, no pienso hacerte caso-le digo, muy seria.
El arcángel (que es lo que me da la impresión que es) esboza una sonrisa de media luna.
-Tu sensatez te honra, reina de los cálidos-inclina un poco la cabeza, en señal de respeto.-Me llamo Aishi Khoru, y soy uno de los primeros celestiales, a la par de un ángel guardián.
Parece muy orgulloso de ello…
Me quedo quieta, esperando a que me diga algo. Y no me caracterizo por ser paciente precisamente.
Me echo el pelo hacia atrás, y espero a que hable.
-¿Me vas a decir a lo que has venido?-le replico, mientras le miro frunciendo el ceño.
-Los reyes deben ser pacientes-me reprende.
-Y los caballeros deben estar siempre en tensión por los peligros que los rodean.-digo, bostezando levemente.
-Hmmm… Akriel, tiene miedo de la profecía-dice Aishi Khoru, el Guardián con nombre extraño.-Y por eso, como sabe que si uno de los tres muere (o Erael, o Leo o tú), la profecía no llegará a cumplirse.
-Hmm… ¿Cómo lo sabes?-inquiero, alzando una ceja en esto.
-Te diré algo que bien sabes, las almas no sólo son los seres más sinceros, también son la prueba verdadera, que la verdad, en sí misma, existe.
-Me estás citando a Hades, el primer portador de Zar'ecka.-murmuro por lo bajo, tocando mi colgante.
Él sonríe con amabilidad.
-Un buen chico, no perdió su humanidad en ningún momento.-dice él, observándome-Me recuerdas a él mucho. Orgulloso, astuto, excesivamente impulsivo…-parece reprenderme, pero después sonríe-Pero también tenía un buen corazón y eso hizo que nunca perdiera su esperanza… Ni su humanidad-su sonrisa se ensancha.
-¡Pero si eso fue hace novecientos años!-exclamo.
Él me mira serio, pero con una mueca divertida.
-¿De verdad te sorprenden todavía los seres longevos, conociendo a tanta gente?
Asiento con la cabeza, sonriendo.
-Yo fui uno de los Primeros-me contesta-Soy tan viejo como la Tierra, yo me formé junto a mi hermano, el primer demonio.-dice, suspirando.-Para mí, aunque formes parte de una raza longeva, tu vida sería una especie de suspiro, tan sólo eso.
-Pues no tienes arrugas.-observo.-Es más, no pareces ser mucho mayor que yo.
Él sonríe.
-Porque a diferencia de ti…-me eleva un mechón de pelo. Pongo cara de malas pulgas-…yo cuido mi aspecto.
-Eso ha sido un golpe bajo-farfullo por lo bajo.
-Aunque controles el portal entre la vida y la muerte, eres muy inocente aún. Por eso es divertido meterse contigo.-sonríe él. Yo frunzo el ceño, sin encontrar la gracia.-Bueno, es hora de devolverte a la realidad. Creo que pareces estar en coma, ahora mismo, ya sabes que estaré siempre en tus sueños para guiaros, jovencita. Y recuerda, nunca te dejes engañar por Akriel, Verena…-Me da unas palmaditas suaves en el rostro.
Escucho a gritos mi nombre, mientras siento como me zarandean.
-¡Verena!-grita Erael, y en un ataque por sorpresa, me agarra por la cintura y me abraza muy fuerte.
-Erael… Aprietas… Demasiado… No puedo… ¡RESPIRAR!-de inmediato me suelta aunque me mantiene sujeta de la cintura, en actitud posesiva, y los miro a todos.-Buenas tardes-replico, como si nada.
Nevada con los ojos hinchados; Ventisca con el rosto preocupado; Karya mordiéndose las uñas; Collix sonriendo (este seguro que lo ha visto todo); Sheanne con una cara imperturbable; Kate con un rostro de culpabilidad y preocupación; Leo y Erael, preocupados y pensando, seguramente, la mejor forma de matarme sin dejar rastro.
-Pero ¿qué estáis mirando?-les digo, sarcástica y con una media sonrisa.
-Eres idiota, Very-me espeta Nevada y corre para sentarse delante de mí. Otra que pretende matarme con un achuchón…-Pensamos que no te despertarías nunca…-La aparto con suavidad, algo preocupada, por miedo a que por mi culpa le haya hecho daño, con ese sentimiento familiar, mientras observo su rostro congestionado.
Pero me recompongo con rapidez, recuperando una sonrisa llena de sarcasmo.
-Pues habéis tenido mala suerte, aquí estoy, vivita y dando más por culo que nunca.-sonrío, mientras cojo la mano de Leo de modo de ayuda para ponerme en pie. Me tambaleo, y es Erael el que me sostiene como con un acto reflejo. Estoy muy mareada, demasiado… Después me dirijo a Kate, a tropicones-Gracias por avisarlos, fuiste muy valiente-le acaricio el rostro, lo que hace que aparezca un rubor en sus mejillas.-A veces pedir ayuda es lo que le hace al guerrero más valiente.
-Un poco más tarde y podrías estar muerta-susurra ella, mientras me abraza de forma sincera y tierna. Me doy cuenta de lo que soy para ella. Algo más que una chispa de fuego. Pobrecilla…
-Pues aquí estoy.-suelto una carcajada.-Nadie humano puede vencer a una diosa, pero sí la puede asustar un ángel poderosísimo, lo cuál resulta de lo más desconcertante.
-¿Un ángel?-pregunta Leo.
-Un arcángel, más bien-responde Collix por mí. Dejo que Erael me abrace de nuevo.
-Será mejor que vayamos a casa y os cuente lo que he visto, porque aún estoy algo atontada-digo, aún con una sonrisa.
Mientras vamos hacia casa no puedo evitar pensar en el trato de Akriel y en lo que me ha dicho Aishi Khoru…
Eso produce que me estremezca. Pero observo a esa pandilla de locos que llamo amigos y me doy cuenta de que nunca estaré sola.
Sonrío.