jueves, 30 de enero de 2014

Guerra.

Experimenté el darte guerra, el hacerte estremecer de placer y sin saber como, lo hice bien.

Agarré tu deseo y lo complací, mientras observaba tu respiracion entrecortada y susurrabas que cómo te tenía junto a mi nombre.

Jugué con tus sentidos, y me encantó, experimenté tu contraataque y aún si cabía, me complació aún más.

Murmuraba tu nombre y no quería que parases, pero la fuerza del impedimento hizo que fueras tú el sensato y no yo.

Quería más, pero me hiciste parar.

Y eso hace que te quiera y desee aún más.

Raúl

Nunca he sentido nada así por nadie. El quererle por encima del número de km y de la edad, por encima de todo eso, vuela la voluntad de verle.

Y acariciarle y ser acariciada, qué bello es y era. Es encantador, divertido, genial y guapo.

Y las cosas que nadie sabe también son ciertas aunque dentro de mi corazón las recuerdo.

Le amo, ahí  está el hecho. Llamadme ñoña y lo que queráis, pero le amo tanto que nada podría pararme hasta llegar a sus labios de nuevo.

Y ya queda poco para hacerlo de nuevo.

lunes, 13 de enero de 2014

Inquebrantable. (I)


Busqué con la mirada pero todo era igual. Nada anormal, aunque claro ¿qué iba a imaginarme yo?, estoy muy mal acostumbrado a que la gente cambie y deje de ser adolescente de forma tan fácil.

Yo al menos, desde hace 167 años sigo siendo un adolescente. O eso pensaría cualquiera que me viera por la calle.

Agarré la mochila que estaba en mi espalda y suspiré, rezando que mi acento británico (aunque ya no era tan evidente, pues cuando uno cumple 167, la verdad es que eso de el acento va desapareciendo) no se notase, no el primer día quería llamar la atención.

Por su parte Cole adoraba llamar la atención; era (y es, pese a mis muchos intentos de matarle) el hermano guapo. Ojos azules que se ve que atraen a cualquier mujer y un pelo más corto que el mío pero de la suficiente longitud como para que las mujeres se volviesen locas.

Me encogí de hombros. Yo encontraba a mi hermano un imbécil, sin embargo, las de primero le veían como un dios Apolo en la tierra. Intenté aguantarme las ganas de vomitar y entré en el instituto, cabizbajo, con una media sonrisa.

Me dirigí hacia secretaría carraspeando.

-Perdón. ¿La clase de primero de bachillerato de ciencias sabe dónde está?-clavé mis ojos oscuros en la que parecía una recepcionista.

Ella ni siquiera levantó la mirada cuando me señaló una clase.

-Gracias-murmuré para dirigirme a paso rápido a la clase, porque como de costumbre, ya llegaba tarde.

Me deslicé por un pequeño hueco de la puerta que habían dejado  y pareció que nadie se dio cuenta de mi presencia. El sigilo de un hombre lobo.

Me senté en la silla más cercana mirando a una chica que me miraba fijamente desde que había entrado por la puerta.

-Hmmm... Hola ¿necesitas salgo?-esbocé una sonrisa como pude, pues la verdad es que me estaba empezando a sentir algo incómodo.

-¿Llevas lentillas?-preguntó ella fijando sus ojos grises en mí, moviendo ligeramente sus gafas hipsters (que no sé si se dice así)

-¿Cómo dices?..

-Que si llevas lentillas-replicó ella mirándome a los ojos fijamente.

-Eh, yo...-carraspeé un poco.-No ¿por qué?

-Tus ojos-explicó ella, muy seria-Tienen un círculo dorado alrededor de la pupila. Es guay. Soy Amanda.

-Archer.-respiré hondo pronunciando las erres al puro estilo británico.-Encantado.

-Igualmente.-sonrió ella volviendo la mirada al frente.

Una chica entró como una exhalación por la puerta y no pude evitar fijarme en ella. Ojos castaños, pelo castaño color fuego y se sentó al lado de Amanda. No era tan ''ideal'' en lo que el look del siglo XXI se refiere como lo era Amanda (tenía una complexión delgada, pero la verdad, por muy guapa que fuera Amanda, no desprendía ningún tipo de atractivo), pero la otra chica desprendía algo que no supe muy bien en ese instante cómo explicarlo.

-Perdón.-murmuró al sentarse al lado de esta.

-¿Dónde te habías metido?-siseó Amanda por lo bajo con la chica.- Te lo has perdido, Ver, hay carne fresca.-dijo, mirando en mi dirección.-Está bueno.

Yo me hice el tonto, pero lo escuchaba todo (hola, licántropo al habla). De todas formas, no tenía tiempo para tonterías de adolescentes hormonadas.

-Qué bien, no ha empezado el curso y ya empiezas a pensar en tirarte al chico nuevo.-respondió la otra con sarcasmo. No parecía demasiado interesada en los deseos sexuales de su amiga. Eso hizo que me cayera un poco mejor.

Mi día no fue especial, pero no pude evitar pensar de qué me sonaba esa chica, la amiga de Amanda así que la observé de perfil todas las veces que pude. Un par de veces me pilló, pero estaba demasiado interesado en analizar a quién me recordaba que no me percaté de que me alzó una ceja y me observó divertida a la salida. No me sonrojé, sólo sonreí y me fui hacia el ferrari rojo de mi hermano.

-Tenías que coger un coche que llamara la atención, ¿verdad?-le espeté en la cara cuando abrí la puerta del copiloto, sentándome en el sillón.

-Uff... Estamos calentitos hoy ¿eh?-me dijo él, pero no lo miré, estaba muy ocupado lanzando mi mochila detrás.-¿Quién era esa?-preguntó, ligeramente interesado.

-¿Quién? ¿Amanda?-me reí ligeramente, pensando que estaba interesado en ella.-No es tu tipo, más bien se parece tanto a ti que no te gustaría nada.

-No me refiero a esa, me refiero a la otra. La de los ojos castaños.-contestó él, quitándose las gafas de sol y fijándome la mirada.

-Ah, una tal Verena algo...

-Pues se parece a Abba demasiado. No me digas que acabas de verlo. ¿No lo has notado?-negué con la cabeza. De todas formas Abba era un tema que no quería tratar.


To be continue...

domingo, 12 de enero de 2014

¿Soy una egoista?

¿Soy una egoísta por querer a alguien con todas mis fuerzas? ¿Soy una egoísta por llegar al punto de que quiero levantarme a su lado? ¿Soy una egoísta por ser tres años mayor que él y que la gente piense que quiero "abusar" de él? Yo creo que no.

El hecho de que hoy mis padres me lo hayan dicho ha llegado al punto en que yo crea que ni mis progenitores pueden llegar a comprenderme del todo, ni a conocerme. Porque lo cierto es eso, no me conocen ni lo harán nunca, visto lo visto.

Y ahora, disculpadme y dejad que me quite mis lágrimas de rabia, que suficiente tengo ya.