viernes, 31 de agosto de 2012
Mi propio reino (XLVII)
Luthién
Agarro mi arco y me lo cuelgo a la espalda, con cuidado de que no rocen mis alas. Miro a mi alrededor y reprimo un escalofrío. Nunca había estado tan lejos de casa, jamás. Y sobre todo para conseguir que la reina logre su objetivo.
Estoy feliz, porque me han encargado por fin una misión y nada más y nada menos que con el príncipe Karev. Estoy que corro por las paredes.
Me llamo Luthién y tengo 17 años. Soy lo que se llama un ángel oscuro, quizá porque mi madre era una celestial y mi padre un ángel oscuro. Pero murieron mucho antes de que yo les conociera, así que, la reina Akriel me crió en secreto como si fuera su hija.
Tengo los rasgos característicos de mi familia angelical, ojos color plata y pelo rojo oscuro. La única cosa que me diferencia de ellos son mis alas, porque son negras. Creo que soy la primera de una nueva especie.
Me han encargado ir a por una mujer perversa, alguien horrible que amenaza con destruir la paz y el plan del reino de Akriel. Ha robado algo valiosísimo y además ha hecho que el príncipe Leonerd, se volviese en nuestra contra.
Pero estoy con mi amado Karev y estoy más que segura que no pasará nada si estoy a su lado.
Sin embargo, estoy cansada de estar encerrada en esta especie de prisión de mal gusto. Añoro mi bosque, no puedo vivir sin él.
Observo como Karev me agarra de la cintura y sonrío.
-¿A dónde vas?-me pregunta, aún soñoliento. Son las seis de la mañana, pobrecillo
-A entrenar un poco y a ver si logro ir conociendo esto mejor.-respondo, tocando su pelo un poco.
-Sabes que no me gusta que vayas sola…-me mira, con seriedad.
-Por favor-suplico-Anda, por favoor.
Él sonríe.
-Está bien, pero no vuelvas demasiado tarde. Y cuidado con las alas-añade esto último, acariciando mis alas.
-¡Bien!-sonrío.-Tranquilo, no lo haré.- Me da un beso en la mejilla y corro a abrir la ventana.
Agarro mi arco y me lanzo al vacío por la ventana. Logro mover las alas rápidamente, cayendo en picado sin dificultad. Aterrizo sobre mis pies antes de comerme el suelo.
Observo el lugar. Puaj, tanta contaminación hace que apeste, los humanos dormidos sólo quieren destruir lo bello, todo lo que tocan.
Suspiro levemente, apartándome un mechón rojo de la cara.
-Y así pasó-dice, una extraña voz de mujer, con un matiz que incita a quien la escucha.
-¿Hm? ¿Sí?-dice, una distraída voz de chico.-Pues ¿sabes? Creo que deberíamos volver a casa y hacer lo que las personas hacen normalmente ¡Dormir!-dice, con un bostezo.
-Estamos aquí para asegurar el perímetro, para ver si es lo suficientemente seguro para Verena-le reprende la voz de chica.-Así que ponte las pilas, Collix.
-Ay, Karya, pero es que no he dormido en toda la noche, para ver si me llegaba alguna visión.-dice, bostezando de nuevo.
-Entonces… ¿por qué te ofreces a venir conmigo?-pregunta la chica a la que llama Karya.
-Pero ¿qué pregunta es esa cuando la respuesta ya la sabes?-le responde el chico, sarcástico.
Se quedan unos instantes en un silencio incómodo.
La conversación empieza a interesarme cada vez más. Si les sigo, pueden llevarme hasta donde viven…
-Espera, no notas… ¿algo?-pregunta la chica, olisqueando el ambiente.
-Serán imaginaciones tuyas-responde el tal Collix, aburrido.
-No…-le espeta, mientras va a mi dirección y olisquea el lugar donde me oculto. Tiro una piedra lejos, lo que hace que vaya en su dirección y me de tiempo a irme volando
-Tienes razón…-oigo decir a Karya.-No era nada. Sobrevuelo a alrededor de ellos, pero a una distancia prudente, para que no puedan verme ni olerme.
-Venga, vamos a casa-les oigo decir, cuando veo que van aminorando el ritmo, así que voy yo su casa, aunque veo como Karya mira hacia atrás, lo que hace que me aleje más. A medida que se van acercando, lo voy notando cada vez más, una fuerza oscura proviene de ese piso, pero no es normal, para nada.
Es más, creo que es lo más fuerte de todo lo que he percibido. Es verdad que es oscuro, pero es benigno, no tiene nada de normal. Siempre he percibido el aura que emite un objeto, siempre fue fácil para mí. A medida que me voy acercando, también noto un gran poder provenir de él. Suspiro, mientras veo a las personas que hay dentro. Observo que están escribiendo en un papel demasiado grande, como trazando un plan. También veo a una chica salir de una habitación con… ¡el príncipe Leonerd! La chica tiene el pelo castaño rojizo, los ojos castaños y medirá un metro sesenta y pocos.
Veo que tiene una coleta severamente sujeta y ropa de negro, chaqueta de cuero y unos ceñidos pantalones vaqueros. No es demasiado delgada, aunque tampoco es que sea una bola de grasa andante, normal, fácil de subestimar. Parece estar en guardia siempre. Veo como no deja de tocar el colgante que lleva en el cuello. Debe de ser Verena.
También me fijo en el resto, sobre todo el príncipe Leonerd. Es alto, pelirrojo y ojos violáceos. Es larguirucho, como Karev. Pero él es más atractivo, aunque cada vez que veo a Leonerd, no dejo de desconcertarme. Veo también a un chico, ojos grises tormentosos y pelo negro como el carbón. Es guapo y fuerte, aunque es más bajito que el príncipe.
Los dos miran a la chica de fuego con ternura en la mirada. Veo a una chica de pelo negro y ojos negros. Es hermosa, aunque algo frío desprende. Sujeta de la mano a un chico rubio con el aura de un guerrero, pero frío.
Nevada, la ex amante de Verena y Ventisca, su actual pareja.
Observo a dos chicos, con el pelo negro y los ojos dorados, obvio que deben ser hermanos. Los Salvajes, los Especiales, Karya y Sheanne, respectivamente. Después observo a otro chico, Collix, debe de ser. Ojos castaños y pelo castaño, pero todo más suave que Verena, como un tono avellanado. Transmite seguridad en sí mismo y un brillo que deslumbra. Debe de ser Collix. Veo a otra chica, pero de esta no me han informado para nada.
Nunca había visto nadie como ella. Parece continuamente nerviosa. Tiene los ojos verdes y el pelo rubio. Es alta. Parece alguien hiperactivo. Parece como si tuviera una corriente de electricidad en el cuerpo. También parece ser que está en guardia siempre, aunque observa continuamente a Verena. No se da cuenta de que Sheanne también la mira.
Hmmm…
¡Un momento! ¿Y ese anillo que lleva Verena en el dedo?
-Sieclke-susurro por lo bajo. Me irrita. Necesito ese anillo. ¡No le pertenece! Ni si quiera debería tenerlo ella en su maldito dedo. Empiezo a enfurecerme y parece que oyen maldecir por lo bajo, porque es Verena quien abre la ventana para ver quién hay. Veo sale y me mira, directamente.
-Estás en el bando equivocado, chica ángel.-me dice, parpadeando unas cuantas veces.-Tú no eres mala…
-¡No intentes confundirme, demonio!-le espeto.-Ya me dijeron que eras una experta manipuladora.
-Es verdad que soy una especie de demonio y puede que tenga mucho de demonio-admite-Pero no por eso soy mala. Cargo una flecha en mi arco, y le apunto a la cabeza. -Será mejor que te vayas-susurra ella, con una voz con un matiz seductor.
Nerviosa, disparo la flecha.
La flecha casi le da la cabeza y esta prende en llamas automáticamente.
-Vete-sisea Verena, por lo bajo.-No quiero hacerte daño, pero si tú intentas hacérmelo ellos te dañarán a ti.
Después de esto, desaparezco en sombras. Tengo que contarle a Karev lo que he visto y pensarme muchas cosas...
jueves, 30 de agosto de 2012
-
Más allá de los gestos
Más allá de las miradas,
Más allá de nuestros
corazones, más allá
de los cuentos de hadas.
Más allá de lo real y lo
ficticio, más allá de lo
que digan tus padres,
más allá de el melancólico
grito de esta poeta,
más allá de esos falsos
profetas, que ponen
límites a nuestro
amor y juzgan nuestras
metas, sólo ven conmigo,
lejos del hipócrita,
rumbo a ese país prohibido
y desconocido, llamado,
Lugar de los Sueños Perdidos…
Lo hice hace tiempo, y es justo que lo suba.
-
La lógica no tiene lógica. El mundo se rige de ella, números y ecuaciones, pero algunas veces lo ilógico es la mejor solución, a veces lo mejor de eso es que no debes hacer tantos cálculos ni buscar tantas explicaciones.
¿Por qué se debería regir el universo con unas leyes, números y ecuaciones? ¿De dónde provienen? ¿Tienen algún fin estos números?
Hipotéticamente, existen numerosos números (valga la redundacia), pero su origen, lo desconozco.
A veces pienso que la lógica no tiene finalidad alguna cuando en el resto del mundo, se busca explicaciones científicas para las que no hay.
Por eso el origen de Dios da mucho que hablar. Los teólogos dicen algo y muchos científicos ateos otras cosas. Ninguno tiene pruebas suficiente, pero si bien la teoría de que la fe sirve para decir quién es Dios, la fe mueve montañas, es la única prueba lógica de que existe Dios, al menos para ti, si crees en él, existe. Nadie puede convencerte de lo contrario.
Pero si eres ateo, no existe. Nadie puede convencerte de lo contrario, tampoco.
Por eso cada uno debe elegir en lo que cree y en lo que no.
-
No debo enfadarme ni indignarme. De todas formas, lo vi venir.
miércoles, 29 de agosto de 2012
Mi propio reino (XLVI)
Verena.
Me levanto, porque acabo de tener un extraño sueño. Me llevo la palma de la mano a la frente, mientras levanto la mirada un poco.
Me sobresalto cuando descubro que los preciosos ojos violeta de Leo me observan. Le acaricio el rostro para asegurarme de que es real, mientras le doy un pellizco en la mejilla.
-¡Ay!-protesta Leo- ¿Por qué haces eso?-me pregunta, cogiéndome de la mano, con ternura.
-He tenido un sueño muy real y quería saber si eras real o seguía soñando, porque eres a veces como un sueño.-explico, con una media sonrisa.
-Ya sé en lo que has soñado-me mira, mientras lo murmura, sonriendo-Y no te preocupes. Tenemos que idear un plan, pero eso ya será mañana.
-¡Es verdad!-exclamo, aún susurrando-¡El examen! Me debo disculpar al señor Sha…
Antes de que pueda decir nada, Leo me besa para cortarme, y me empuja a la cama. Se recuesta a mi lado, sin pedir invitación alguna (aunque mentiría si digiese que me molesta…).
-Vers-susurra a mi oído-Deberías dejar de pensar tanto.
-No puedo evitarlo-respondo, aún atontada por el beso-Me preocupa Shakespeare.
-Está muerto ¿qué puede ocurrirle de malo?-inquiere Leo, con una mueca sardónica.
Le miro seriamente.
-Hay cosas peores que la muerte-explico-Y ni los fantasmas estan a salvo con eso.
-¿Ah, sí?-ahora sí que es cuando se interesa-¿Me lo explicas?
-Claro, de todos modos no tengo sueño-me encojo de hombros.- A menos que tú sí que tengas sueño, Leo.
Leo mete la cabeza en mi pelo.
-Hmpf… No, ahora mismo no-dice, mientras que me susurra en el oído y un escalofrío me recorre la nuca.
-Bueno, todas las almas tienen colores que representan el estado de ánimo de la persona, aunque también tienen un color fijo.-explico, mientras me giro para mirarle, tengo la frente a unos centímetros de la suya.-Aunque, eso puede cambiar, cuando reciben la Llamada.
-¿Qué es eso?-me pregunta Leo.
-Todos los muertos reciben esa Llamada, tarde o temprano (quizás tarde un poco, pero acaban recibiéndola), a menos que tengan un asunto pendiente en la Knik Gael.-digo, mientras me quedo pensativa.-Los Llaman el Mal o el Bien. Hasta que no los llaman, se quedan en una especie de estado neutro.-explico.
-¿Se puede resucitar a los muertos?-pregunta Leo.
Asiento con la cabeza.
-¿Cómo?-me pregunta con los ojos muy abiertos.
-¿Sabes esos cachibaches, los ordenadores?-sigo explicando.-Bueno, tengo una clase que se llama Informática, y tengo que admitir que es muy útil.-sonrío.-El otro día, nos enseñaron a hacer copias de seguridad. Bueno, el método no es tan sencillo como parece-parpadeo varias veces.-Pero si solo quieres una horda de muertos vivientes, no hace falta-añado.
-¿Y lo has hecho alguna vez?-me pregunta.
Asiento.
-Una parte de mi alma está en mi reino, que gobierna este.-digo, sonriendo-Si yo muero, puedo optar a reencarnarme en su cuerpo o morir.
-¿Y cómo se hace?-inquiere, curioso.
-Ahora mismo, no me acuerdo.-explico, parpadeando un poco.
-¿Y qué es tan malo que pueda afectar a los muertos?-me pregunta de nuevo. Esta noche está curioso.
-Puede afectarles si siguen en la Knik Gael (significa, Lugar de los Vivos) la plata, les causa un dolor terrible. Y si estan muertos, pero en el Infierno, el que posea su cuerpo, porque eso lo encadena a él, mientras que no pueden hacer nada por controlarlo. También les produce dolor… -después, le miro.-¿Por qué te interesa?-le pregunto.
-Por si muero algún día, poder quedarme contigo y nunca abandonarte.-murmura, atrayéndome contra él.
-Eso es mejor ni pensarlo.-le espeto en voz baja, con el ceño fruncido.
-Está bien, chica ardiente.-me dice, con una mueca graciosa.
Me río por lo bajo.
-Idiota.-le susurro, cariñosamente.-¿Me cuentas lo que ha pasado?-le pregunto yo. Ahora me toca a mí ser la la curiosa.
Empieza hablarme del dios luminoso ese, a medida que habla cada vez más, empiezo a atenderle, porque, esto debe interesarme a la fuerza, ya que estoy más que involucrada.
-Y Collix se ha quedado despierto para ver si le llega alguna información o visión más-concluye Leo.
-Entiendo, así que... ¿Mañana lo vais a decidir todo?-inquiero.
-Lo vamos a decidir todo los dos. Te voy a dar una cosa, Vers-dice, susurrándome. Se quita un anillo de la mano. Lleva un curioso semicírculo y al lado, lo que parece ser una estrella de nueve puntas. Me lo pone delicadamente en la mano.-Con esto, siempre estaremos conectados.-explica.
-Vaya...-susurro, tocando el anillo.-Es precioso, pero no tengo nada que ofrecerte.
-Tu presencia, ya es sólo un regalo para mí. Nunca permitiré que te hagan daño...-dice, concluyendo con un apasionado beso, al que tengo que ponerle sus límites.
-Aún no estoy preparada-le susurro.-Cuando lo esté, te lo diré. Lo prometo.
-Tranquila...-me susurra-Nada más disfruto de ti.
Cierro los ojos, y cuando me quiero dar cuenta, ya estoy en el mundo de mis sueños...
martes, 28 de agosto de 2012
Mi propio reino (XLV)
Luz peligrosa.
Collix
Acabo de salir de mi habitación corriendo hacia Verena, que parece que acaba de despertarse después de estar inconsciente. Yace en los brazos de Kate, y Erael la mira sin comprender nada en absoluto. Aunque, me pregunto qué hombre entenderá realmente a las mujeres.
Bah, es mejor que me queje en otro momento de las mujeres, ahora mismo quiero saber qué demonios le habrá pasado a Verena.
Me acerco caminando lentamente hacia ella, de este modo me agacho para mirarla. Todo el mundo me observa, pero no les digo nada.
Le toco la frente con lentitud, y es cuando corre su información por mi mente. Al cabo de unos minutos, siento como un fogonazo de luz recorre cada parte de mi cuerpo, cada nervio. Después, veo reflejado lo que ha visto en mi mente.
Me meto las manos en mis bolsillos de mi pijama marrón y me quedo mirando al techo, pensativo. Después miro al resto, que me miran expectantes por saber qué he visto. Verena se ha desmayado de nuevo, pero no le concedo importancia, ya que, es seguro que aparte de haber sufrido un ataque de los que dejan huella, también ha sufrido una gran impresión.
-¿Y bien?-pregunta Leo, impaciente.
-¿Qué?-le miro haciéndome el sorprendido. Como voy a disfrutar de la tensión-¿Y bien qué?
-¿Qué has visto?-inquiere Erael, alzando una ceja, cada vez más nervioso.
-Lo que ha visto ella.-respondo, sonriendo.-Además, he visto una pizca de su futuro. Será mejor que le dejéis en su cama durmiendo. Nada más despertar tendrá que tomar chocolate, una tableta o dos, quizá.-les miro, con el ceño fruncido-¿A que estáis esperando? ¡Venga!-ordeno.
Para mi sorpresa (grata, por cierto), por una vez en sus vidas infelices, me hacen caso. Llevan el cuerpo de Verena hacia su habitación. Mientras tanto me hago un café, y cojo algo de comer de la nevera. Si voy a engordar por no dormir, prefiero hacerlo bien.
Me siento en el sofá mientras Zipi y Zape se entretienen en susurrarle cosas bonitas al oído y arroparla. Miro al resto, que me observa como ardillas curiosas.
-¿Qué?-inquiero, mientras mastico mi palmera de chocolate, sin mucho interés.
Karya pone los ojos en blanco. Bueno, no es mi culpa deslumbrar de lo encantador que soy.
-Bien, sentaos-les ofrezco asiento a mi lado del sofá a los chicos.-Cuando hable, os quedaréis callados y no trataréis de matarme, ¿os queda claro?-les miro serio-Después de todo, sólo soy el intermediario.-añado, apartándome un poco de ellos, por si las moscas.-Recuérdalo, sobre todo tú, Erael.
-Está bien.-me mira Erael, con una mueca.-Prometo no matarte.
Leo se ríe por lo bajo, y es cuando le dirijo una mirada amenazadora, para acallarlo.
-Será mejor que no te rías porque la advertencia también va por ti, Leo.-le espeto, mientras miro al frente.-Os concierne a todos, pero más a Verena, Erael y Leo.-, masajeándome las sienes.
-Opino que deberías dejarte de rodeos y decirlo ya.-me dice Karya, retorciéndome un poco el brazo.
-Bueno, por muy sexy que sea eso de provocarme dolor, no hacía falta, lo iba a decir-protesto, mientras me froto el brazo.
-Habla ya-casi suplica Nevada.
-Bien. Tenemos a una diosa loca que intenta secuestrar a Verena-doy énfasis a "Verena", a modo de que espero que de ahora en adelante la tengan mejor vigilada.-Vale, ésa diosa loca intenta crear un ejército de muertos vivientes. Por eso necesita a Verena y…
-¿Y ya está?-inquiere Ventisca.
-¡Dejadme acabar o no hablaré más sobre el tema!-exclamo, cada vez más nervioso. Veo como se quedan serios y comienzo a hablar de nuevo-Como decía, la necesita, sí, bien, hasta ahí puede deducirse, lo sé-hago callar con un gesto a la réplica de Karya.-Soy adivino, preciosa, sé lo que ibas a decir.-susurro con dulzura, mientras parece sorprenderse. Un encantador rubor rojizo aparece en sus mejillas- Bien, como decía. Un ángel (uno de esos celestes o como se llamen), ha entrado en sus sueños y me parece que es un dios.-miro al techo-Irradiaba una luz pura. Creo que, es uno de los dioses creadores.- Además, le ha dicho algo a Verena que le ha sorprendido.-explico.-Que, debe enfrentarse a Akriel y derrotarla con la ayuda de Leo y Erael.
-Y… ¿Eso cuándo será?-pregunta Leo.
-Sólo puedo deciros que pronto-veo sus caras irritadas-¿Qué? No he visto nada más, no es mi culpa. El destino es como es, no siempre le apetece enseñarme todo-protesto.-¡Ah, sí! Algo malo va a pasar, eso sí que lo he intuído. Algo muy, muy malo.
-¿Y lo has visto?-inquiere Sheanne.
-No-contesto, bostezando-Pero-añado, aún con la voz distorsionada por el bostezo-Iros preparando, porque según lo que he visto, será mejor huir de aquí cuanto antes.
-Ya lo tengo todo previsto-nos dice Leo.-Sólo queda el portal y los alumnos, además de salvar al director.
-Vale…-asiente Erael.-Estamos cansados, será mejor que nos vayamos a dormir. Mañana será otro día y podremos decidir qué hacer.
-Erael-le llama la atención, mientras Erael se dirige al dormitorio de Verena.
-¿Qué?-pregunta, sin girarse.
-Me toca a mí velarla.-dice, que creo que se refiere a Verena.
Leo esboza una sonrisa cuando Erael lo mira con ojos chispeantes de rabia, aunque se van apagando a medida que va razonando.
-Está bien-accede Erael.-Mañana decidiremos qué hacer.-añade, mientras pone rumbo a su habitación.
Y muchos no tardan en seguirle el ejemplo, pero yo no puedo evitar mi insomnio. Observo a Kate, que ha estado callada todo el rato, desaparecer de el piso, ceñuda.
-Qué puedo hacer…-murmuro para mí mismo. Llevándome las manos mi hermoso cabello castaño, tirando de ellos suavemente.
Me espera una larga noche…
Miedos y sombras que habitan en mí...
-
domingo, 26 de agosto de 2012
-
-
Tú odias, yo amo.
Ésa es la diferencia.
Espero que alguna vez te abran los ojos, y puedas saber lo que es amar.
-
A veces me da la sensación de que tú eres el único que me comprende, mi querido blog (además de que no me tomas por pesada, por muchas cosas que te cuente a lo largo del día, aún no me has mandado a la *@!¡¿#). Bueno, alguna vez que otra has insinuado que me vaya por donde he venido, pero no te lo tomo en cuenta. Nadie me va a echar de aquí.
La gente dice demasiadas cosas que no son verdad, tacha de extraño y/o desagradable, a cualquier cosa que sea única e inimitable. Ayer mismo me distéis un ejempo, personas del mundo. Pero es un ejemplo tonto, comparado con todos los que he vivido; alguien se burló de MIS tirantes y MIS tirantes fosforito me encantan, sabiendo que sé que pocas personas lo llevarían en público como yo.
Y como esto, hay miles de ejemplos, la eterna pelea letras vs ciencias (algunos de ciencias que he conocido, afirman ser más inteligentes que los de letras, puesto que, ellos perfectamente podrían hacer sin tener ni un ápice de conocimiento sobre las materias de los de letras, un perfecto exámen), religión vs ateísmo (ya hablé de esto en su momento, pero lo repito. A cada cual es muy suyo de creer lo que quiera, pero si lo dices de una forma u otra, en un lugar u otro, la gente puede tacharte ya de antemano) o simplemente, algo sencillo, cultura vs incultura (no creo que deba aclarar nada, ya sabéis de lo que hablo).
Lo único nos hace libres y especiales, por muy friki que parezcas con tus tirantes. Lo igual, mantiene tus tirantes encerrados en el armario por miedo que te tachen de raro.
Concluyo: Ponte los tirantes, solo se vive una vez, :-)
sábado, 25 de agosto de 2012
-
A bastante gente le pareceré rara, agresiva y soez por lo que voy a decir;
El amor es como una guitarra, si no se le toca de una determinada forma, la guitarra no gemirá, si no que esbozará un sórdido grito de dolor. El amor es sencillamente un instrumento al que te instruyen desde que eras pequeño, el amor es la guitarra que tu aprendes a tocar a conciencia y sin dolor, no por obligación y por deber. El amor es un derecho y no es un deber.
Aquélla persona que se burló de mí por amar al amor, no me entiende, ni me entenderá nunca, tampoco entenderá al amor y jamás a la música.
Aquélla persona que se burla de lo que escribo en público y con mis fallos y intenta hacerme caer, jamás llegará a conocer el verdadero mensaje, porque su terca e incrédula mente, estará cerrada y su existencia, si bien ya lo admitieron gente antes, será errónea. Nunca conocerá lo que es la música ni el amor, sólo el odio le hará más fuerte su oscura alma.
Pero, quiénes no lo entiendan, nunca llegaran a amar, a entender la música y sobre todo y más importante y aunque suene pedante y egocéntrica, nunca me entenderán a mí.
viernes, 24 de agosto de 2012
-
Abrir tu corazón es doloroso y difícil, después de todas las heridas y desgracias ocurridas anteriormente.
Pero aquí me tienes, en un blog dejando la piel, mi ensencia, mi alma y, sobre todo… mi corazón.
Disfruta con él y propágalo, o abstente y guárdalo, donde no quieras que nadie lo encuentre.
Pero, si te gusta mi corazón, quédate, hay bastante espacio para mucha más gente. Si no te gusta, no importa, no lo vas a romper. Hay más corazones por ahí que quizás te gusten más o menos, pero igual de grandes e importantes. Todos los corazones y sus propietarios son importantes, pero hay que recordárselo de vez en cuando.
Así que, todo dueño de algo único, de algo que tú mismo creaste en tu mente… Gracias, eres importante y tu corazón es grande y generoso, porque hace que el resto, pueda disfrutar con lo que creaste.
~V.
Mi propio reino (XLIV)
Erael
Es un espectáculo de cortes y un baile de ira. Una especie de bienvenida y una especie de último adiós.
Nevada no es el objetivo, así que le he dicho que llame a Ventisca, para que no moleste al resto. Mantengo abrazada a Verena, que se ha desmayado por un golpe que le ha dado Karev.
Algo se posa suavemente en el suelo, y veo que esa es Kate con pijama, parece bastante fiera. Mantiene en ristre un bate, que no creo que le sirva de mucho con Karev.
Apoyo la cabeza de Verena suavemente en mi regazo. Es una crueldad lo que intentan hacerle, poder y nada que no sea otra cosa que poder, eso quiere la reina esa. Le aparto un mechón de la frente mientras la observo. Sonrío. Es bella, aunque se niegue a admitirlo.
Kate se acerca a nosotros, y se queda mirando a Verena.
-¿Está bien?-pregunta Kate.
-Sí-respondo-¿Cómo sabías que estaba en peligro?-le pregunto, parpadeando.
-Simplemente lo sentí-dice ella, encogiéndose de hombros.
-Te importa de verdad ¿no?-le digo, asintiendo.
-Me importa como a ti te importa ella-replica.-Cógela en brazos y vámonos.
Verena se despierta como un resorte.
-Pronto será tu destino… -susurra una voz que es como la de mil voces más unidas que sale de la garganta de Verena-…Reina de fuego.
Verena cae de nuevo en mi regazo. La abrazo con todas mis fuerzas.
-¿Qué ha sido eso?-pregunta Leo, desconcentrándose de su silenciosa lucha.
Leo cae atrás, aturdido por el golpe, tras haberse distraído con Verena. Me parece que me toca intervenir a mí…
-Quédate con ella, Kate.-digo, pasando la inconsciente Verena hacia Kate, que la recibe buena gana. Coloco mis labios sobre la frente de Verena-Ahora vengo, enana...
Observo a Karev detenidamente, mientras lo miro en el sitio. Sonrío, que es más bien una sonrisa amenazadora que otra cosa.
-¿Sabes?-le digo a Karev-Creo que me caes aún peor que tu hermano-admito con sinceridad.-A tu lado, parecería mi mejor amigo.
Se ríe.
-¿De verdad? Muy interesante lo que me cuentas, acabas de demostrar tu falta del buen gusto, soy una persona guapa, simpática, inteligente, encantadora, todo el mundo me adora-Y lo más inquietante de todo, es que Karev parece decirlo en serio.-Pero bueno, ya no te podré invitar a mi fiesta de cumpleaños.
-Una decepción-doy un suspiro con sarcasmo.
-Dime, ¿de verdad merece la pena proteger a una chica como Verena?-dice, alzando una ceja.
-Merece la pena, porque la amo-admito en voz alta. Veo como Leo levanta la mirada, pero luego cae redondo al suelo, aturdido.
Karev mira con satisfacción a Leo.
-Veo que mi hermano también la ama.-dice Karev.-Y ella ¿a quién ama?
-Pues...-digo, mirándole desconcertado.
-¿No te has parado a pensar... que puede ser que os ame a los dos?-me replica con descaro.
-Si existe esa posibilidad no me importa-asiento con la cabeza.
-¿De verdad?-me pregunta Karev, levantando una ceja.
Me quedo callado momentáneamente.
-De todas formas, eso no me importa-añade Karev.-Sólo vengo a por ella-dice, señalando a Verena.
-Por encima de mi cadáver-le digo serio, mirándole a los ojos.
-Que así sea.-dice, asintiendo con una perversa sonrisa.
Veo como desaparece momentáneamente, y me doy cuenta de que tengo la espada de él en el cuello.
-¿Sientes el miedo?-me susurra en el oído.
-No.-replico. Una de mis hondas aéreas le lanza atrás rápidamente para retirarle de mí. Cuando cae al suelo, le miro con una sonrisa-¿Y tú? ¿Sientes el miedo?
Veo como carga de nuevo hacia mí, y rápidamente lo evado con un gesto. Me lanza una bola oscura, que me rebota en el pecho, con lo cual lo absorbo
Veo como una nube de humo me tapa, y como Kate grita mi nombre. Disipo el humo con el viento y miro a Karev, sonriente.
-Hmmmm-me froto el estómago-¿No tienes algo más rico que ofrecerme?-le digo.-Ahora estoy cargado. De esto no estabas al corriente ¿no?
Elevo la mano controlando el aire de sus pulmones, para ahogarle. Le cuesta respirar, y lo voy apretando cada vez más. Nadie toca a Verena, nadie le hará daño mientras yo esté con vida.
Acabo de descontrolarme, me he dado cuenta de que si mato a Karev, mataré a Leo. Suelto a Karev, permitiendo que respire.
-Hijo de puta, pagarás por esto-dice, con una mirada furiosa, desapareciendo entre sus sombras a su vez.
Me acerco a Leo, y me agacho, tocándole la mejilla. Cierro los ojos, transmitiendo algo de mi esencia que hace que se despierte.
-Pensé que me odiabas, Erael-me dice Leo, sorprendido.
-Y te odio-le digo, encogiéndome de hombros.-Pero no por eso dejaré que te mueras.
-Gracias-dice Leo, aún atontado.
-No me lo agradezcas.-le replico, retirándome de él.-No lo he hecho por ti, sino por Verena.
Me voy acercando a Verena y le digo a Kate:
-Muchas gracias, Kate.-le dedico una media sonrisa. Ella asiente-Creo que deberías quedarte aquí por un tiempo.
Veo como Verena va a despertando.
-¿Quién era ese hombre de azul, Erael?-dice, mientras me mira desconcertada-Brillaba...
jueves, 23 de agosto de 2012
Mi propio reino (XLIII)
Nevada.
Aprieto un poco los labios mientras vamos caminando. Esto no tiene sentido.
Bueno, ¿y qué hay mínimamente razonable en mi vida, por mínimo que sea? Si alguien puede decirlo,
le cubriré de oro.
Una hermanastra… ¿Y ahora qué? No siento nada fraternal en lo que se refiere a ella, si no, tal vez, pero sólo tal vez, algo de celos, ¡sólo tal vez! No me juzguéis…
Mañana tengo un examen y para mí que no tengo tiempo de ordenar mis ideas del todo.
-El lunes es el examen de ese tal Shakespeare ¿no?-me pregunta Verena.
-Pero ¿tú atiendes en clase?-le pregunto, estupefacta.
Verena bosteza.
-Te juro que lo intento, pero es que al final me quedo dormida, ¿Y desde cuando está muerto?-me pregunta Verena.
-Pues… Si murió en mil seiscientos catorce… Entonces, hace trescientos noventa y seis años-le digo, mientras los demás siguen absortos en sus distintas conversaciones.
Veo a Ventisca, Leo y Erael hablando, que de vez en cuando miran hacia atrás con gesto ceñudo.
-¡Perfecto!-exclama Verena con satisfacción.
-Ah no, jugar con eso es peligroso-le espeto, leyéndole el pensamiento.
-Tranquiila, mamá, te prometo que no me pasará nada.-me dice, sarcástica.
-Eres una maldita psicópata-le digo, sonriendo.
-Ajso.-me sonríe, mientras me mira.
-¿Y qué significa eso?-pregunto, mientras la miro.
-Hmmm… -se queda pensativa-Deberías recordarlo.
Se mete las manos dentro de su cazadora vaquera, caminando con gesto misterioso.
Cuando llegamos hasta la casa, me pongo a estudiar, aunque no puedo evitar ver lo que está maquinando Verena.
-¿Qué haces?-pregunta Erael, mientras Verena coge una aguja y se pincha el dedo. Deja caer unas tres gotas de sangre en un cuenco.
-Estudiar-dice alegremente.
-¿Así estás estudiando, usando tu sangre?-pregunta Leo, estupefacto.-¿De qué asignatura es?
-Literatura-contesto yo por Verena, sin dejar de mirar el libro.
-Leo, arráncame un pelo-le dice Verena-Erael, traéme sal, por favor.
Veo como los otros se han ido a dormir, incluído Ventisca. Suspiro.
-¿Por qué no vas tú?-pregunta Erael a Verena, como a Leo, mientras hacen lo que pide.
-Porque es algo complicado y delicado, y no puedo moverme-replica Verena.
-Ya está.-dice Leo, tendiéndole su pelo.
Verena lo coge y lo hecha en su cuenco con sangre. Erael trae una pizca de sal en la cuchara.
-¿Y…?-pregunta Erael, mirando el cuenco, expectante.
-Alejaros cinco paso-ordena Verena, mientras sigo mirándola para ver que hace, aunque viendo mi libro de Literatura de reojo.
Verena se quita el colgante del cuello con delicadeza. Lo mueve encima del cuenco.
-Akla tou kerak, neka asrak.-dice ella.
En los últimos minutos no pasa nada, pero al cabo de tres minutos en el cuenco empieza a emanar una llama de fuego azul que se va haciendo cada vez más grande.
Verena se pone el colgante al cuello. Después una figura reflejada en la llama azul. Ahí sale una persona, encapuchada con una capa de arriba a abajo.
-¿A quién quieres ver?-pregunta el hombre con una lúgubre voz, mientras tiene la capucha puesta.
Me da un escalofrío.
-A William Shakespeare-contesta Verena, con naturalidad.
Leo y Erael miran a Verena, sorprendidos, aunque aún no dicen nada. Sonrío. Fabuloso, así podré también ver al Shakespeare en carne y hueso… Bueno, en carne y hueso no exactamente.
Aparece un hombre mayor y bajito con un vestuario algo extraño. Va escribiendo en un pergamino con una pluma.
-Hmmm-dice, mientras parece que va pensando en su próxima obra.
-¡Oiga!-dice Verena, mientras le intenta llamar la atención, aunque parece que inútilmente, lo que hace que se frustre cada vez más.
Contengo una risita, porque me encanta la cara que pone cuando está nerviosa, arruga la nariz y hace una mueca graciosa.
-¡EH, WILLIE!-grita Erael, lo que hace que el hombre levante la vista para saber de dónde le llaman.
Mira furioso a Erael.
-¡Ni en vida me gustaba que me llamaran Willie!-protesta el hombre, de mal humor, haciendo ademán de irse.
-Oiga, William-dice Verena, mirando al hombre atentamente. El hombre levanta las cejas, de mal humor.-¿Me puede contar su vida?
El hombre parece francamente complacido.
-Toma asiento, niña.-Veo como Verena se sienta en el suelo, al lado de Leo y Erael.
Shakeaspeare empieza a contar la fascinante historia de su vida, y no puedo evitar atenderlo también, la verdad es que ha sido una buena idea lo de llamarlo, después de todo ¿quién mejor que él para que te diga cómo era cuando vivía? Él es un genio, de eso no hay duda. Creo que me llevaré algunas de sus obras para mi reino.
Todo marcha genial, hasta que la imagen empieza a moverse, se apagan las luces de repente y no vemos nada. Cuando se encienden, Shakespeare ha desaparecido y sólo hay dos personas enfrentándose, con el filo de las espadas cerca, casi como una caricia de espada y espada; Leo y su hermano.
Mi propio reino (XLII)
Verena.
-Y dime, Verena… ¿Qué es eso que llevas en el cuello?-pregunta Anteona, alzando una ceja.
Me quedo callada momentámente, apretando mi colgante, en acto reflejo.
-Vamos, niña…-me dice con dulzura.-Puedes fiarte de mi.
No respondo, simplemente la miro. Después, tras pensármelo bien me quito el colgante cuidadosamente. Lo tengo en la palma de mi mano. Aprieto los dientes. Le tiendo mi colgante.
Todos la miran, incluida yo, expectantes.
-¿Cómo funciona?-me pregunta- He intentado ponerme en contacto con ella pero no puedo.
-Yo sí.-respondo. Veo como la mujer me lo tiende. La giro en la palma de mi mano, hasta que se forma mi guadaña. Cierro los ojos y noto ese característico latido en mis ojos. Ya estan rojos. Suspiro, abriendo mis ojos.
-Así que…-susurra Anteona.-Te ha elegido.
Acaricio mi guadaña. Es como una extensión de mi cuerpo ya, me guste o no.
-¿Me la dejas?-pregunta Anteona.
Me fío de esta mujer. No percibo maldad en su aura. Así que le tiendo a Zar'aecka.
Nada más cogerla Anteona, Zar'aecka desprende un rayo rojizo, que hace que Anteona la tire al suelo con una mueca.
-Significa que nadie puede usarla, excepto tú-dice Anteona, mientras la guadaña aparece en mi mano de nuevo.-Parece que eres más importante de lo que dicen tus enemigos.-Sonríe.
-Me pese o no, es cierto-digo, esbozando una media sonrisa.
-Eso significa…-susurra Leo-Que mi madre va tras ella.
-Y que lo le conviene que sufra ningún daño, porque es la única que puede usarlo-añade Kate, echando una rápida mirada a Zar'aecka.
- La quiere viva. -Ella querrá hacer de todo para conseguir que la utilices para su beneficio.-dice Anteona.
-Podemos protegerla todos-dice Erael.
-Sí, después de todo somos un equipo-dice Nevada.
-Estamos juntos en esto-dice Karya.
Me da la sensación de que parece que estemos casados más de que seamos amigos.
Suspiro un poco, mientras Zar'aecka se convierte en un colgante de nuevo. Me la cuelgo al cuello mirando al frente.
-Ten cuidado, Akriel no se para ante nada.-me dice, con el gesto serio-Ella te quita todo lo que amas para conseguir lo que quieres.
-No pienso dejar que toquen a ninguno-replico, mirando a mi alrededor.
-No te confíes, niña-me espeta-Eres buena, pero Akriel tiene el poder de una diosa, deberás concienciarte y guardar las distancias. Ya has tenido más de un encontronazo.-me dice, con el ceño fruncido.- Y francamente, te tengo demasiado cariño para ver como por una cabezonería tuya Akriel consigue lo que quiere.
Soy consciente de lo que me está diciendo, pero no se me ocurre nada más que decir. Creo que lo he dicho todo con mi mirada. Resoplo de mal humor. Después los miro a todos atentamente.
-Tiene razón-reconozco con un gruñido.-Supongo que debo aprender a necesitar ayuda-digo, mientras hago una mueca.
-Claro, para eso estan los amigos-me dice Collix alegremente, achuchándome y tocando ciertas partes de mi cuerpo que no debería tocar. Leo coge de la camiseta a Collix y lo echa hacia atrás rápidamente.
Me rodea con un posesivo brazo.
-No tocará a Verena mi madre-replica Leo.
-¿Tengo algún voto en esto?-refunfuño, quitándomelo de encima con un gesto.
-Ninguno-dicen Erael y Leo a la vez.
Es increíble que esten de acuerdo en algo, Dioses.
-Habrá que posponer la visita al Infierno.-dice Nevada.
-Ni hablar, tengo que ir a…-empiezo yo.
-Aquí lo que más importante es protegerte-replica Nevada. -A callar se ha dicho y escucha. Sé que no es normal en ti, pero por lo menos inténtalo.
-Hmm…-se queda pensativa Anteona.-Creo que deberíais ocuparos de que esta dimensión vuelva a la normalidad cuanto antes.-nos dice, mirándonos de uno en uno- Karev lo ha distorsionado todo demasiado-explica ella.-Ahora los chicos humanos, han descubierto sus poderes dormidos.
-¿Y qué podemos hacer, enseñarles a dormir la siesta?-dice Collix, sonriendo con cierta sorna. Hoy le ha dado por ser graciosillo.
-Deshacer el hechizo y ayudarles a controlarlo-dice, mirando seriamente a Collix-No sé que habrá hecho Karev con el director, pero será mejor que lo averigüeis.
-Puedo ir al reino de los muertos-me ofrezco.
-Demasiado peligroso, será mejor que no, porque es el primer lugar al que Akriel mirará. Yo que vosotros iría en el mundo de los vivos y buscaría al director por ahí.
-Vale.-le digo yo, de mala gana-Pero quería preguntarle algo, Anteona ¿me enseñarás todo lo que sepas para enfrentarme a Akriel?
-Querida…-me sonríe Anteona-Ya lo tienes, sólo debes sacarlo.
-Entonces enséñame a hacerlo, maestra.-le digo, con un pequeña floritura.
-¿Y qué va a pasar con los alumnos?-pregunta Erael.
-Yo los instruiré. No os preocupéis-contesta Anteona.-Niña-dice, dirigiéndose a Kate.-Tu destino ahora… Es ser parte del destino de Verena.-dice, sonriéndola-Eres una guardiana.
-
Tú y yo no podemos tener una relación amistosa, sino para odiarnos intensamente o para amarnos intensamente. Nunca supe si perder la esperanza contigo fue lo mejor que hice, y saco esto a la luz ahora porque quiero saber qué es lo que piensas tú al respecto, y sé que no hace falta que ponga tu nombre, porque te vas a aludir de todas formas (quizá también lo harán más, pero tú sabes que va por ti).
Sacas siempre lo peor y lo mejor de mi a la vez.
-
"Te he visto rendirte ante mí muchas veces por mi encanto, esta vez, no sería menos."
lunes, 20 de agosto de 2012
Mi propio reino (XLI)
Siempre fui la sensata, pero algo insegura, la incondicionalmente con los pies en la Tierra. ¡Para que yo pudiera perder la paciencia el mismísimo mal personificado debía posarse en la tierra! Pero era una joven alocada, después de todo, sólo tenía quince años.
Yo estudiaba junto a Akriel en la Academia para Brujos de Bohá cerca del reino de Verena. A mí siempre se me dio mejor la teoría que la práctica. Podría decirte el ABC del knurlaní, pero sería incapaz de hacer daño a una mosca. No me separaba de mi mejor amigo, Leth, que era de quien estaba enamorada desde que tenía uso de razón.
Y creo que por eso acabé atrayendo la atención de Akriel; por mis malas notas. Ella por entonces era lista y encantadora, atrayente y una experta oradora y siempre parecía… parecía querer ayudar. Además de que era bellísima, y algunos hombres se quedaban embobados de sus bonitos ojos castaños.
Yo adoraba a Akriel, porque me había salvado, me había dado voz y voto, podía hablar con el resto, sin tener que cohibirme gracias a ella. Por otro lado, Leth negaba y negaba que no quería saber nada de ella. No le gustaba. No le caía bien…
No entendía por qué me gustaba tanto su compañía (y creo que Leo estaría de acuerdo con él). Leth, era un celestial. No sabría como explicaroslo, pero son como seres humanos que les salen alas de plumas cuando ellos quieren y que son capaces de dominar tormentas y crear rayos.
Ángeles, sí, ésa es la palabra. Su sola presencia irradia amor y dulzura. Con una mirada podía leerte el alma, ver lo que te atormentaba y tratar de repararte esa herida, esa parte de ti rota. Por eso debía llevar especial cuidado respecto a lo que sentía hacia él.
Decía que notaba algo en ella que no sabía decir muy bien qué es lo que era. Yo le replicaba que cómo lo sabía, si estaba dispuesto a querer alejarse cada vez más y más de Akriel.
-Simple intuición-me decía, mientras se señalaba las sienes. Yo me quedaba observando sus bonitos ojos plateados pensando si era simplemente por celos porque pasaba demasiado tiempo junto a Akriel que junto a él.
Después apareció un extraño muchacho de ojos violeta y el pelo rojo como la sange. Tenía una sonrisa encantadoramente perfecta y desprendía seguridad en si mismo. Veo por vuestras caras que os suena familiar ¿verdad, chicos?
Yo adoraba a Leth en un silencioso lamento, algo que podría ser poético, pero lo que a mí me parecía algo doloroso. Suspiraba de amor por el a todas horas y francamente, nunca imaginé que otro chico se fijaría en mí, pero, era más interesante de lo que parecía… Inial tenía mucho más fondo de lo que yo creía, era de corazón dulce y de mente abierta.
Pero yo seguía enamorada de Leth, aunque empezaba a sentir cosas inquietantemente fuertes por Inial… Ahí, formamos todos, lo que se llamaría y lo que nos perseguría durante todos los tiempo; Ankers. Soñábamos en acabar con el mal y lo hicimos más de una vez, siempre con el anonimato. Significa; Oscuridad. Vale, no es exclusivo ni muy original, pero algo es algo ¿no? Akriel era la líder, por supuesto.
Aunque estaba planeando algo sumamente lejos de nuestro grupo de estudio… A veces pienso lo que habríamos podido hacer, pero estábamos tan borrachos de poder, porque algo cambió nuestras vidas para siempre. Os tengo que ser sincera, yo no soy humana y Akriel tampoco. ¿De verdad os sorprendéis al saber mi edad?
Mi madre y su madre son las mismas, la misma hada. Supongo que podríamos llamarnos hermanastras, aunque hace años que no me siento nada cercano a ella. Leth tampoco era humano, ni Inial. Por eso fuimos especiales, una rareza entre nuestras razas. Mi padre era un elbo de fuego (algo así parecido a Verena, porque ella también es una elba) Vaya, niña ¿no lo sabías? Me temo que debo dar más explicaciones de las que esperaba…
Ahora mismo sólo hay siete jóvenes elbos de pura raza. El destino está en vuestras manos, pero hay tres de vosotros de los que se espera más. Bueno, sigo. Akriel se enamoró de Inial, pero él la rechazó más de una vez. Eso la enfureció, quizás demasiado. Y puso en marcha sus maquiavélicos planes. Yo la ayudaba, porque tenía una deuda con ella. Pero algo no encajaba, no iba bien…
Pensé que quizás eran imaginaciones mías. Leth cada vez estaba más inquieto, porque parecía percibir ciertos cambios. Akriel se estaba volviendo loca. Quería por todos los medios una misteriosa guadaña, y finalmente,un día desapareció.
La busqué, pero no logré encontrarla. Cuando vino, estaba totalmente cambiada. Más hermosa, más… más maligna. Mucho más todo… Notaba algo raro en ella. Y un día decidí espiarla. La seguí. Vi como desaparecía y creo que una de las cosas más horripilantes y misteriosas que he visto nunca… Estaba haciendo un sacrificio pero no uno normal ¡Dioses alados! Estaba despellejando un cadáver humano, y lo echaba a un cazo de agua hirviente.
Logré robarle un extraño libro sin que ella se diera cuenta. Estuve horas leyendo el libro, quizá días seguidos. Pero lo comprendí todo; Akriel, ahora era una diosa. No cualquier diosa, Clere, la diosa del mal y la oscuridad. Clere siempre ha huído de los demás dioses para no ser destruída. Y era muy bella… La atracción de los hombres, el imán. La encarnación del deseo y la lujuria. Quizá fue esa la perdición de Inial. Le supliqué que se mantuviera a mi lado, pero no escuchaba… estaba como embobado. Lo intenté todo, mantenerlo encerrado, besarle, abrazarle.
Pero cambió totalmente y no pude hacer nada para evitarlo. Akriel se lo llevó de mi lado y lo cambió, cada ápice de su personalidad. Akriel estaba cada vez más y más enfadada. Intentó acercarse a mi Leth, pero Leth era puro de espíritu, y no le atraían sus sombras… Akriel, ideó un plan. Me secuestró y le digo a Leth que si no le daba una de sus plumas y un poco de su sangre me mataría. Pero no fue lo suficientemente lista… Deshice en llamas la jaula. No estaba a prueba para mi fuego. Já. Cuando conseguimos escapar, Leth se acercó y me besó.
-Gracias…-me dijo, mientras yo estaba como en una nube.
Todo fue muy rápido;
-¡¿No quieres darme lo que te pido justamente?!-oí detrás de mí.-¡Entonces la mantendré encerrada por TODA LA ETERNIDAD en el Limbo Oscuro!-gritó Akriel, a nuestras espaldas. Me lanzó un rayo violeta, pero Leth se interpuso entre el rayo y yo… Desapareció.
Me eché a llorar, llamándolo a gritos. Hasta que miré a Akriel a los ojos y una sonrisa de satisfacción adornaba su bonito rostro.
-Zorra. -Saqué un puñal del bolsillo y me rajé la palma de la mano.-Juro con mi sangre que no descansaré hasta matarte y hasta sacar a Leth del Limbo Oscuro. Mi sangre hirvió nada más caer y quemó el suelo. La herida de la palma de mi mano se cerró, haciendo aparecer en su lugar una llama, como una promesa. Cuando procedí a atacarla ya no percibía sus pensamientos…
-Siempre fuiste demasiado lenta-me susurró ella al oído y con una risa inquietante desapareció de golpe. Tampoco había rastro de Inial. No sé que pasó con él, pero si Akriel se cansó de él, nada bueno, seguro. Desde entonces, busco portales y planeo bien mi venganza…
Pero allí donde fuera siempre me espiaba un siervo de Akriel. Y no le di importancia, porque francamente soy muy superior a cualquier jovencito con poderes e inexperto. Hasta que perdí a mi hija, no logré concienciarme. Agarré a mi nieta y supe que Nevada estaría bien, pues nunca tocaría un miembro de la realeza si tener que declarar una guerra antes. Creo que ya he contado lo suficiente sobre mi historia.
Y dime Verena… ¿Qué es eso que llevas en el cuello..?
-
Te regalo mi corazón, pero… ¡cuidado! Porque muerde a los que los maltratan.
Ah, para curarlo y cuidarlo hay que darle una dósis de amor diaria.
Todo tuyo.
-
Τα αστέρια λάμπουν, αλλά δεν είστε.
sábado, 18 de agosto de 2012
-
Ver las nubes y el cielo azul, ver a los niños jugar y plantearte por qués, imaginarte soluciones, a sólo problemas que tu mente delirante crea.
Venerar a Sócrates como un Dios, y defender el pensamiento de Rousseau.
Ponerte melancólico, pasar de un extremo a otro y cagarte en la sociedad. Torturar a tus amigos con tu mayéutica. Comerte el tarro todo el día y sólo descansar en sueños.
Eso, será un pensamiento armonioso, libre, con espíritu propio.
Eso, es Filosofía.
viernes, 17 de agosto de 2012
Mi propio reino (XL)
El frío infernal.
Erael.
Creo que esto es demasiada información en un sólo día y lo que es peor ¡en sólo dos horas!
Primero Leo y su gemelo (Karev, creo que se llama) y su maldición. Después la ida al Infierno de Verena. Y ahora esto; la hermanastra perdida de Nevada resulta ser Kate.
Ahora entiendo por qué se siente tan atraída por Verena ¿será cosa de familia?..
Es una teoría estúpida. En fin, soy una persona impaciente así que espero que esto no tarde demasiado.
Estoy viendo como la expresión del rostro de Kate va cambiando, de sorprendida a irritada.
-¡¿Por qué no me lo dijiste?!-le grita a su abuela. -¿Por qué no me dijiste que era una especie de extraterrestre?-le espeta.-¿Por qué no me dijiste que tenía una medio hermana.
-Porque no quería poneros a ninguna en peligro-responde Anteona, tranquila.
-¿En peligro de qué?-pregunta Kate, mientras todos guardamos silencio.-¿De mi destino?
-Kate, soy vieja-responde Anteona-Mucho más vieja de lo que parece.-dice-Y por eso he tenido mis propias luchas y mi vida no sólo corre peligro, si no que también la tuya, por eso llegamos a esta dimensión
-¿Cuántos años tienes, abuela?-pregunta Nevada.
-Ochocientos treinta y dos años. Bueno, treinta y tres-nos la quedamos mirando fijamente, con la boca abierta.-Ya sé que aparento menos. Envejezco con lentitud, pero envejezco, claro.
La miramos todos de piedra atentamente, me parece que nos esta gastando una broma. ¿Cómo va a tener esta adorable anciana cerca de mil años años? Me parece que es demasiado para mí ahora. Vamos a ver, una abuela de mil años y una hermanastra perdida ¿algo más? ¿Me va a salir un grano de algodón de azucar? Hmmmm… Bueno, voy a escuchar a ver si así, me entero de algo.
-Vale, veamos-empieza Anteona-A ver, he tenido muchos años de experiencia para darme cuenta los poderes que tengo y también a cómo usarlos.
Es oficial; no hay nadie normal.
-Vale, ahora bien, si queréis saber la razón por la que me siguen, bueno, es por que trabajaba con Lady Akriel.-dice, mirando directamente a Leo.
-¿Mi madre?-pregunta Leo, con los ojos muy abiertos.
-Tu madre-dice Anteona, asintiendo.-Digamos que fuimos aliadas.
-Pero mi madre…-empieza Leo, carraspeando.
-¿Tu madre es joven y hermosa?-se ríe Anteona.-Es lo que quiere hacer ver. En realidad, somos de la misma edad
-¿Y cuántos años tenía mi madre-pregunta Kate, pero después mira a Nevada-…es decir, nuestra madre?
-Cuando murió tenía treinta años-sonríe Anteona, con tristeza.
-No me cuadran mucho las cuentas-replico yo.
-Ya os he dicho que gente como yo envejece lentamente.-explica ella-La tuve con sentecientos ochenta y ocho años.
-Sigue sonando muy raro-dice Leo.
-Bueno, pues es la verdad-replica Anteona, con una sonrisa.
-No se ofenda... Pero no la veo de aliada de mi madre-dice, Leo con una media sonrisa.
-Era joven...-dice, mirando al techo con expresión melancólica.-Y no era igual que ahora.
Después de unos minutos de silencio nos mira, y después a Leo.
-Yo tenía vuestra edad.-dice la mujer, carraspeando.-Nosotros, bueno... éramos un grupo de adolescentes como vosotros. Especiales. Pero se nos fue de las manos demasiado rápido.
Ésa piedra. (Aclaraciones)
Nunca había sentido nada por este tipo de piedras. Pero era una piedra mentirosa. No me dijo que era una amatista, si no más bien que fingió ser carbón. Pero vi su verdadera esencia.
Y no os voy a mentir, no dejé de amarla, por muchas mentiras que me dijo, por muchas cosas que me hizo y por cómo jugó conmigo. Ésa piedra, ahora veo que es una amatista y pienso; ¿dejaré de querer conservarla alguna vez? ¿Dejaré de ver en sus ojos el brillo que tenían los diamantes?
Ahora no me importa, o al menos procuro hacer ver que no me importa. Aún así, es una parte que forma de mí, y que va a quedarse ahí. Todavía intento protegerla, evitar que nadie la quiebre, porque es así; una amatista bella y brillante, con mucho potencial.
Os acabo de explicar de dónde proviene el personaje de Nevada; de ésa piedra.
Y os acabo de explicar de dónde se basa el pensamiento que tiene Verena de Nevada; del mío.
Al principio pensé que sería un relato corto, melancólico y metafórico. Pero me fui enamorando cada vez más, más de la historia. La historia se hizo fuerte, y yo evolucioné, junto a Verena. Y bueno, me gusta escribirla, nada más porque me recuerda a esos tiempos y a la vez porque esbozo algún que otro resquicio de mi presente (casi todos los personajes están basados en alguien). También creo que viendo cómo es Verena, veis cómo soy yo. Veis mi punto de vista, porque Verena, soy yo. Y así están las cosas.
Pensé que vendría bien aclararlo. Muchas gracias por leerme, chicos.
Un beso,
Virus.
jueves, 16 de agosto de 2012
Mi propio reino (XXXIX)
Karya
-Espera, espera, espera…-dice Ventisca lo que todos estamos pensando, con los ojos muy abiertos-¿Cómo que abuela?
Nevada, se encoge de hombros, todavía mirando a la señora como si estuviera viendo un fantasma.
La señora está mirando antentamente a Verena.
-¡Tú eres la princesa Verena, la Chica Ardiente!-exclama la mujer, haciendo una reverencia en dirección a ella. -¿Cómo está tu padre?-pregunta la mujer.
-Hace tiempo que soy reina-responde Verena, con una sonrisa.
-Oh, lo siento. Mi más sincero pésame-dice la mujer, y por lo que veo lo siente de verdad.
Verena la mira, ladeando la cabeza.
-¿Me conoce?-le pregunta.
-Claro que sí, niña, ¡si más de una vez te he acunado mientras llorabas, cuando sólo eras un bebé berreante!-dice ella, riéndose un poco. Tiene una risa encantadora y parece como si cada vez que se riera, rejuveneciese cuarenta años de golpe.
Aún sin saber que decir, poco a poco se va acercando a todos nosotros y nos reconoce.
-¿Cómo es que nos conoce a todos?-le pregunto, francamente sorprendida.
-Porque os he visto crecer. Incluído a ti, jovencito-dice, señalando con un dedo a Leo y con el ceño fruncido.-Soy la enemiga declarada de su madre-replica la mujer.-Aunque no por eso te odio, joven-dice, aliviando la tensión con una de sus dulces sonrisas.
-¡Un momento!-exclama Collix-¡Yo sé quién es usted!
-¿Y quién soy?-pregunta la mujer, con su ya característico tono de voz dulce.
-Usted es Anteona, la Cálida que Sabe-contesta él, mientras ladea la cabeza.
-Sí-suspira Anteona-Aunque desgraciadamente no sé lo mismo que tú, El Iluminado.
Collix sonríe, satisfecho.
-Me cae bien-dice, arreglándose los pliegues de la camisa-¡Por fin alguien reconoce mi talento!
Anteona se ríe.
-Hay algo que no entiendo…-empieza mi hermano.
-Bueno, haced las preguntas dentro de la casa , porque os vais a resfriar, mis niños-dice, cortando a mi hermano.
Anteona enciende con gesto la chimenea. La casa parece estar apunto de caerse, pero está decorada con amor, eso puede verse. Inspira más elegancia que cualquier palacio.
-Ah, menos mal que no está Kate y no tengo que fingir-dice, suspirando.-Bueno, pregunta, Shinnie.-dice, usando el mote cariñoso que conocemos mi familia y yo, a parte de esta señora.
-¿Por qué vive aquí y con Kate?-pregunta mi hermano.
-Porque estoy huyendo de una persona y porque Kate es mi nieta.-concluye, con sencillez.
-Un momento…-dice Nevada-Entonces eso convierte a Kate en… ¿mi hermana?-pregunta, frunciendo el ceño.
-Kate es tu hermanastra-explica Anteona.-Tu madre la tuvo antes de conocer a tu padre. Siempre la visitaba en secreto, hasta que murió-Anteona suspira.-Y me la llevé conmigo.
-¿Por qué no me dijiste que tenía una hermanastra?-pregunta Nevada, temblando.
-No eras eras casi un bebé, con cuatro años no lo habrías entendido y yo sabía que estarías bien protegida-dice, mirando a Nevada con cariño.
Nunca habría dicho que Nevada tendría una hermana secreta, siempre creimos que era hija única, pero, al parecer, ya hay que sospechar de todo, porque no se sabe qué hay real y en qué grado. Creo que la realidad es precisamente es lo que siempre nos mete en estos líos.
-¿Y qué pasó con Kate?-pregunta Verena.
-Kate es el producto de que mi hija se enamorara de un luminoso-dice, mientras se ríe.-Kate es única, no encontraréis a nadie que haga lo mismo que ella-se queda pensativa la mujer.
-O sea, que si me lío con Verena-empieza Collix, mientras le dirijo una mirada asesina, pero me ignora.-¿Daría lugar a alguien con los poderes de Kate?
-Tal vez. Hay cincuenta por ciento de posibilidades de que sí y otras cincuenta de que no.-explica Anteona, mientras va a la cocina. Al cabo de unos minutos sale con una bandeja y chocolate caliente junto a unas pastas. Hmmm… Que bien huele…- Adelante, no seais tímidos-dice sonriendo Anteona- ¿Qué os trae por aquí?-pregunta, mientras deboramos con voracidad las pastas.
-En realidad veníamos por Kate-dice Leo, mientras da un sorbo a su chocolate.-Acaba de descubrir sus poderes, y bueno, hemos pensado en…
-Llevaosla al infierno-completa Anteona, con tristeza.
-¿Cómo lo sabe?-pregunto, pestañeando.
Anteona señala a Collix.
-Él mejor que nadie sabrá por qué lo digo.
Collix asiente.
-Lo supe nada más verlo.-dice Collix. Todos le miramos sin entender-Es su destino ser una de nosotros.
-¿Y por qué no nos lo has dicho?-le pregunta Erael, sacando la pregunta que tenía yo en la punta de la lengua.
-Porque no me lo preguntó nadie-replica Collix.
-¡Es algo que se sobreentiende que debes contar, idiota!-le espeto yo. Le dirijo una intensa mirada que hace que mire hacia otro lado.
-Bueno, entonces, ¿nos lo permite?-pregunta Verena, carraspeando.
Anteona asiente con la cabeza.
-Pero tengo que contarle algunas cosas antes acerca de su origen-dice ella.-Y quiero que... Tú cuides de ella.-dice, mirando a Verena fijamente.
-Está bien.-dice Verena, asintiendo.
Se oye un sonido de las llaves y un portazo.
Vemos a Kate ir andando al salón, y nos mira.
-¿Qué pasa aquí?-pregunta ella.
-Siéntate y hablamos, cariño-pide Anteona.
Todos guardamos silencio, mientras que la señora empieza a contarle la verdad sobre Kate a la propia Kate.
-
Te echo de menos. Te tengo que dar la brasa y todo, así que recupérate pronto para poder mosquearme en serio contigo.
miércoles, 15 de agosto de 2012
Mi propio reino (XXXVIII)
Nevada
-Voy a volver al infierno. Sola.-suelta Verena, en mitad de plena lluvia, para darle más melodrama a la historia. No sé si lo hace sin querer o ha elegido precisamente un día lluvioso para soltar la bomba.
Y es como si se me cayera el alma a los pies, otra vez ésa horrible necesidad de matenerla a mi lado (atada, si hace falta). De poder saber dónde está cada minuto, cada hora, sin desquiciarme y volverme loca.
-Ni hablar-suelto yo.-¡Ni hablar! ¡¿Me has oído?!-grito, cada vez más y más enfadada y echándome a temblar-La última vez casi te mueres y casi te… te…-«Casi te pierdo. Y no quiero que vuelva a pasar… Pero eso es un secreto que guardaré para mí, jamás te lo diré»
-Nevada-me mira Verena, casi con súplica en sus ojos-Debo hacerlo…
-Vers, Nevada tiene razón-suelta Erael, carraspeando un poco.-Es peligroso, incluso para ti.
-Además, no sabemos si va a funcionar-añade Karya.
-No deberías hacer eso por mí, Verena, no me lo merezco…-susurra Leo, con voz queda.
-Me da igual, pienso hacerlo os guste o no.-replica Verena.
-Estás loca-exclama Collix.
-Pues entonces yo voy contigo, Very-gruño yo por lo bajo.
-Entonces, ya está decidido-dice Erael.-Vamos Nevada y yo también.
-¡No, ni hablar!-dice Verena.-No sois cálidos, no lo aguantaréis.
-Te olvidas que soy mitad cálida, además de fría-replico yo, aún enfadada.
-Yo también voy.-dice Ventisca, observándome con el ceño fruncido.
-Y yo-suelta Collix de sopetón. Le miramos todos, sorprendidos-¿Qué? Es amiga mía, por muy loca que esté.
-Yo también voy, por supuesto-dice Leo.-Además, si no funciona, siempre podemos cerrar el portal que hay en el Infierno.
-Yo también voy-dice Karya.
-Y yo-dice Sheanne, después de su hermana.
-¡No es ningún viaje de vacaciones!-protesta Verena-¡Tomáoslo en serio y pensarlo!
-Lo hemos pensado más que tú y lo tuyo es más bien una idea rápida que se te ha pasado por la cabeza. Como si no te conociera…-le espeto.
-Pero antes, debemos solucionar lo que pasa en el instituto y cerrar el portal-dice Leo-Ya lo he encontrado.
Miro absorta el cielo, pensando en si sería útil matar o no a Verena. Quizás si la meto en un bloque de hielo... Mierda, saldría, porque seguramente derretiría el hielo con su calor corporal, mm... sólo debo planearlo mejor...
-¿Y Kate?-pregunta Sheanne, sacándome de la reflexión filosófica interior que estaba teniendo. Parece francamente preocupado, cuando todos le miramos, se sonroja.-Quiero decir... la amiga vuestra y eso...
Mierda, sí, Kate. ¿Qué vamos a hacer? Se encuentra en peligro y en realidad es un peligro, porque acaba de descubrir sus poderes, así que lo digo:
-Podemos llevárnosla.-digo, retirándome un mechón de pelo de la cara. Observo que todos me miran sorprendidos-Es un peligro para todos y está en peligro, así que es la mejor manera que se me ocurre.
-Bueno, si tú lo dices...-empieza Karya, poniendo los ojos en blanco.
-Pero no puedo obligarla a que haga eso...-protesta Verena, con el ceño fruncido.
Suelto una risa nerviosa.
-Créeme, que si tú vas, ella irá de cabeza.-le contesto.
-¿Qué bicho te ha picado?-pregunta Ventisca, mirándome.
-No pienso dejar que vaya sola, entiéndelo-le digo a Ventisca.
-Si te entiendo…-me dice él por lo bajo-Pero te has puesto hecha una furia.
No respondo en seguida, así que echo a caminar en dirección a la casa de Kate rápidamente, a modo de respuesta. El grupito debe caminar rápidamente hacia a mí porque he estado caminando tan rápido que casi no me he dado cuenta. Me paro en seco delante de la casa de Kate. Me pregunto por qué tardan tanto.
-¿Por qué tardáis tanto?-espeto a los chicos.
-Perdona, pero no tenemos un cohete en el culo.-replica Erael.
-¿Qué narices te pasa, Nevada?-pregunta Verena, con una ceja enarcada.
-¡Quiero salir lo antes posible del infierno y para eso debemos entrar cuanto antes mejor! Eso me pasa-le digo, enfadada. Toco el timbre para llamar a casa de Kate.
La que nos recibe es una mujer mayor rubia y con los ojos verdes, que se parece mucho a Kate, quizá una versión suya de 60. La mujer me mira de arriba a abajo. Ladeo un poco la cabeza, pestañeando. La reconozco, no sé de qué, pero esta señora me suena mucho, como si la conociera de antes. No logro percibir sus pensamientos, algo que me produce que de un vuelco al corazón. Ya... ya sé quién es.
-¿Abuela?-logro mascullar entre dientes.
-¡Nevada!-dice, sonriendo mientras me abraza fuerte.
-
Todo nace de un grito, de un gemido, de un silencio o de un ruído. Todo nace y todo pervalece, pero no sabemos lo que vale, hasta que finalmente le dan la muerte.
martes, 14 de agosto de 2012
Mi propio reino (XXXVII)
Verena.
-¡No me pidas que me calme, Leo!-exclamo yo, entre lágrimas, mirando a los ojos a Leo, que sigue quieto y casi sin expresión.-Porque eso significa que no podré luchar contra él sin luchar también contigo...
-Verena...-me susurra Erael, intentando tranquilizarme.
-No.-salgo corriendo en dirección a la puerta, dando un portazo detrás de mí.
Y voy corriendo hacia la nada, apartando a la gente de mi camino, casi tirándolas al suelo. Paro de correr en un callejón oscuro y me derrumbo. Cuando empieza a llover ni si quiera me molesto en taparme. Necesito limpiar mi cuerpo, purificarme. La gente me mira al pasar. Pero me da igual. Me tapo la cara y espero la pulmonía que merezco.
No sabía que doliera tanto... No sabía que me doliera tanto mirar a los ojos de alguien y saber que no puedes hacer nada más por él. O quizás si pueda... No lo sé... Pero...
Espera, se me ha ocurrido una idea.
-¡Verena!-escucho la voz de Ventisca que me llama. Cada vez se acerca más. Él sí que está protegido, lleva un ''paraguas'' curioso invento y formación de palabras.-¿Qué haces aquí sola?
-Pensar.-respondo, mientras le veo todavía de pie.
-Te vas a resfriar-me mira de arriba a abajo.
Le sonrío, mientras caen mis lágrimas en las mejillas.
-No. Puedo secarme yo sola, ¿te acuerdas?-susurro yo, falta de fuerzas.
-Sí.-dice él.-Entonces,¿podrás secarme si me siento contigo?-me pregunta.-Vamos, si te molesta que te haga compañía me voy.
-No... Creo que... Creo que la necesito.-digo, mientras veo como se deja caer y se sienta a mi lado.
-¿Estás bien?-dice, mientras me rodea con un brazo los hombros.
-No, la verdad... Ventisca, ¿Por qué eres tan amable conmigo?-le pregunto.
-Porque eres la mejor amiga que podría desear tener, y porque, te admiro muchísimo más de lo que crees, Verena.-me dice, en voz baja.
-¿Están muy preocupados?-pregunto, cuando consigo sonreír por su comentario.
-Supongo, pero yo he salido inmediatamente después de ti.-dice él.-Te he seguido. No quería dejarte sola, y tengo la sensación de que Leo, Erael y el resto tampoco. Pero eres muy escurridiza y no sé si nos van a encontrar.
Me río un poco por su comentario. Él sonríe.
-Bueno.-me dice Ventisca.-¿Ya tienes pensado qué hacer?
-¿Cómo lo sabes?-le pregunto, sorprendida.
-Eres Verena Draco, siempre tienes una estrategia para todo.
-Supongo...-contesto yo.-Pero no sé si funcionará.
Así que comienzo a explicarle mi improvisado plan, con pelos y señales. Él asiente, con cara de perplejidad. La verdad es que esperaba que se me echara a la cabeza y me llamara loca por intentar hacerlo.
-Eso es muy arriesgado-observa Ventisca-Ir al infierno sólo para eso y encima sin saber si lo que estás haciendo.
-Merece la pena…-digo yo-Me parece la solución posible por el momento.
-¿Le amas?-pregunta Ventisca, mirándome.
-Sí, es como si le conociera de antes. -sonrío, retirándome las lágrimas.-Pero también amo a Erael.-¿Crees que estoy loca?
-No, creo que eso es posible.-dice Ventisca-Amar a dos personas a la vez es posible.
-¿Sí?-pregunto yo.
-Sí-contesta-Bien pensado ¿por qué no hacerlo? ¿No es tu corazón lo suficientemente grande para que entren dos personas?
-Hay gente que lo ve con otros ojos-le digo yo.-Además, si decido casarme ¿qué haré?
-¿A ti que más te da lo que lo que piensen de ti?-me pregunta Ventisca-Déjale de darle vueltas a eso. Porque, como se ve, amas tanto a Leo que vas a arriesgarte por él. Y amas tanto a Erael que seguirás luchando por él incluso hasta que te mueras.-dice Ventisca-Y respecto a lo del matrimonio, no sé, ya se verá. No te preocupes.
-No sé si ellos lo verán igual.-le digo, sonriendo.-Ventisca, ¿no os atacaron ni nada cuando me intentaron raptar?
-No, nosotros no éramos el objetivo. Además, nos impidió salir con una pared oscura, el muy cobarde-dice, frunciendo el ceño y noto un deje de ira en su voz.-Pero te estuvimos buscando un buen rato, cuando logré deshacer la pared de oscuridad. Menos mal que Erael y Leo tienen un radar para saber cuando estás en peligro.
-¿Cómo lograste deshacer la pared oscura?
-Bueno, usé lo que me enseñaste. Golpe certero y varios proyectiles de hielo-contesta Ventisca, mirando al frente.
-Estás mejorando un montón. Estoy orgullosa de ti.-le sonrío.
Él también sonríe.
-Gracias. ¿Quién iba a jurar hace unos meses que estaría hablando contigo tan ricamente sin lanzarme a tu nuca para matarte?-se ríe, como si nada.
-Nadie, sinceramente.-me río también con él.
-Pero ahora somos amigos ¿no?
-Los mejores-contesto yo, aún sonriendo.
Notamos una nube de personas viniendo corriendo en nuestra dirección, una nube en la que viene una Nevada mosqueada, un Erael preocupado y un Leo aún pensativo. Bueno, Karya parece estar apunto de pegarme con el látigo, Collix dejarme ciega y Sheanne torturarme de unas distintas formas.
-Estábais aquí…-dice Nevada, mirándonos atentamente.-¿Qué hacíais?.. Estaba preocupada por vosotros.
-Hablar-responde Ventisca.-Y no deberías preocuparte, somos fuertes. Además-añade-Siempre estaré yo, el más sensato de los dos.
-¿En medio de plena tormenta?-pregunta Erael, poniéndome su chaqueta por encima. -Necesitaba pensar y se me ha ocurrido algo…-murmuro yo.
-¿El qué?-pregunta Karya. Leo me mira fijamente y suspiro, pasando la mirada de Erael a Leo. Ventisca tiene razón ¿qué más da lo que piense la gente?
-He decidido...-les miro, carraspeando.
-¿El qué?-dice Collix, mirándome expectante.
Todo el mundo queda en silencio, incluida yo, a sabiendas de que a ninguno le va a gustar mi respuesta ni mi plan. Tienen razón. Pero no me pienso quedar de brazos cruzados. Lo veo venir, Erael subiéndose por las paredes, Leo diciéndome que no lo haga, Nevada diciéndome que estoy loca, Karya diciéndome que debería pensármelo, tan sensata ella. La sensatez no es mi fuerte. Ventisca ya lo sabe, y no me ha dicho nada que no creyese de verdad. Parece entenderlo. Sheanne pensando en meterme en una urna para que no salga de ahí y Collix preguntándome si las mujeres del infierno son atractivas.
Así que pum, bomba va. Y no pienso recoger los pedazos de la gente tirada en el suelo. Respiro hondo y...
-Voy a volver al infierno. Sola.
Mi propio reino (XXXVI)
Erael.
-¿Habéis notado éso?-digo yo, en tensión, en pleno entrenamiento.
-No ¿Qué pasa?-pregunta Collix.
-Yo sí-dice Leo, mirándome.
Entonces es cuando lo comprendemos y decimos al unísono:
-¡Verena!
Sin decir nada, salto desde el apartamento y quedo suspendido en el aire. Empiezo a volar a toda velocidad hacia donde siento que le está ocurriendo algo grave a Verena. Cuando finalmente aterrizo, Leo está parado a mi lado.
-¡No la veo!-explota Leo.
-¡¿Dónde está?!-empiezo a correr sin saber muy bien a donde.
Entonces, lo veo. Un movimiento entre las sombras. Pero comete un desliz. Tiene a Verena desmayada y en brazos, es un chico, es alto y larguirucho, pero no hay tiempo de contemplaciones, así que corremos hacia él los dos juntos. Cuando vemos que desaparece en sombras, Leo me coge de la manga.
-¿Preparado?-dice Leo.
-No hay tiempo de estar preparado ¡tiene a Verena! -le grito yo, para llamarle la atención. Así que, tras gritarle, desaparecemos los dos entre las sombras. Hasta que llegamos a una especie de limbo.
Verena esta elevada en el aire, mientras un chico esta dibujando un círculo en el suelo y dentro varios círculos más.
-Está creando un portal-me susurra Leo. Estoy entre fascinado y aterrado al mismo tiempo.
-Muy bonito todo-gruño por lo bajo.-¿Ahora qué?
-Ve a por Verena-me dice Leo, con el ceño fruncido.-Yo me encargo del oscuro…
Corro hacia Verena, y gracias a los Dioses que no me ve el tipo agazapado en el suelo. Un momento…
Ese tipo se parece a Leo… ¡Es el chico que intentó atacar a Verena en sus sueños.
Agarro a Verena en brazos delicadamente cuando cae.
La dejo a un lado de esta nada oscura, pero curiosamente iluminada y veo como esta vez sí que el chico gemelo de Leo repara en mí. Me mira sonriendo de una forma un tanto extraña y procedo a invocar mi báculo.
Voy a atacarle, pero no sé de dónde ha salido Leo, que cae sobre él, derribándolo al suelo.
-Un momento…-se sorprende Leo al ver con detenimiento a el otro chico.
Todo parece como si se parase, como si una fuerza mayor parase el tiempo tan rápido que no se ve cómo ni por qué.
Tan rápido porque somos conscientes de la verdadera respuesta, de la verdadera verdad que se escapaba de nuestro entendimiento.
Y es cuando ocurre, cuando explotan los hechos y la realidad nos explota en la cara de forma cruel y violenta, hiriéndonos momentáneamente…
-¿Quién eres?-pregunta Leo, con voz entrecortada.
-Hola… Hermano-sonríe el otro.
-Pero… No es posible-susurro yo.-Dijiste que tú eras el único heredero…-le digo, mirando a un Leo que se ha quedado de piedra.
-No me extraña.-se ríe el de pelo lila-En realidad, nuestra madre guarda más de un secreto.
Leo se ha quedado de pie, sin decir nada. Veo como Verena se despierta, poniéndose en pie.
Y se lanza contra el del pelo lila. Intento pararla, pero no atiende a ninguno de mis signos.
El otro se queda de pie, sonriendo.
-Sí, querida… Mátame-dice-Pero si me matas, también matarás a tu querido Leo.
»Somos opuestos absolutos ¿no lo ves? Uno no puede vivir sin el otro.-dice, mirando directamente a Verena-Lo mismo que te pasa con esa chica helada, Nevada.
Me quedo callado observando de hito en hito al tipejo.
»Pero yo no tengo ningún tipo de interés romántico en mi queridísimo hermano.-se ríe, de una forma horrible-Nuestra madre hizo un pacto. Sangre de su sangre somos los dos. Leo siempre fue dulce y atento. No le servía. Yo he sido siempre sanguinario y cruel. Tampoco le servía. Él y yo, somos un experimento fallido. Un intento de juntarnos a él y a mí en una sola persona hizo que yo no pudiera vivir sin él y él sin mí. Basta de cháchara-dice ya, de mal humor-Recuerda mi nombre, Verena Draco, porque voy a hacer que te haga daño cada vez que pienses en matarme sin matar a Leo… Karev, el Oscuro.
Y con un silencioso gesto y una carcajada, desaparece, dejándonos a los tres aterrados…
-¿Cómo sabíais que estaba aquí?-nos pregunta Verena, rompiendo la tensión del ambiente.
-Lo percibimos…-susurro yo.
-Sólo grita y voy a por ti-contesta Leo, sacándonos de este abismo oscuro…
-
Me contradices e irritas.
Me enfermas y me evitas.
Te odio tanto hasta decir
basta, ¿estás transtornado
y finges estar de mí
enamorado o es que
sólo eres un desequilibrado?
Y… Si te odio tanto…
¿Por qué no puedo dejar
de amarte otro tanto?
lunes, 13 de agosto de 2012
Mi propio reino (XXXV)
Ventisca.
Hoy es sábado. Significa día de entrenamiento. Genial, tenía unas ganas locas de un buen combate desde toda la semana, y por fin... Bueno, aunque esta semana ha sido más bien rara, porque combates hemos tenido unos cuantos, monstruos, zombies, etc. ¡Incluso Verena cantando una canción para hacer bailar a los monstruos! Monsters, creo que se llama... Sí, eso Monsters. Es de un chico que se llama Rush Smith, y la verdad es que no canta mal. Me gusta. A Verena también le gusta, porque no deja de cantar sus canciones últimamente. Ayer pillé a Erael salir de su habitación y no sé si quiero saber lo que pasó o no ahí. De todas formas, creo que lo voy a averiguar en tres, dos...
Uno.
-Bueno, ayer-empieza contar Leo- Como sabéis, Kate, Verena y yo-se queda mirando al techo del apartamento, que parece que está a mil años luz de nosotros.- Bueno-dice, carraspeando, mientras se sonroja-Pues hablamos con Kate, y llegamos a la conclusión de que Verena deberá entrenar a Kate junto a Ventisca hasta que aprenda a usar y controlar sus poderes-de pronto Leo me mira.-Así que, ya sabes, tienes compañera.
-También-añade Verena-Ayer me atacaron y amenazaron.-después señala a Leo con la nariz.-Pero gracias a él, sigo sana y salva.
-Bueno, no es nada, yo...-Es la primera vez que veo a Leo sonrojarse tanto. Erael, que está en una nube también, no parece darse cuenta.
-No, de verdad, gracias-sonríe Verena y hace un gesto que no logro ver, que después de eso ella aparta la mirada también. Después nos mira al resto.-Vale, hoy Nevada va a venir al entrenamiento con nosotros, porque quiero que ella también entrene algo que he estado pensando. Y vamos a ir a recoger a Kate.
-¿A Kate?-pregunta Nevada-Si vas a estar ahí tú, dudo que preste mucha atención al entrenamiento.
Verena la ignora.
-Vale, y quiero que Sheanne, Erael, Leo, Karya y Collix, entrenen juntos-dice, mientras los mira atentamente.-Collix y Erael se encargarán de llevar el entrenamiento por separado.
Cuando salimos del apartamento, caminamos a un barrio que francamente me da mala espina, está lleno de gente que nos mira como si estuvieran hambrientos. Son capaces de ir a por nosotros simplemente porque tenemos algo de carne en incrustrada en los huesos. Me dan algo de pena, pero vamos avanzando cada vez más hacia dónde vive ésa tal Kate (que aún no sé quién diablos es) y parece que ya estamos apuntito de llegar. Así que me alegro, porque puedo irme de este lugar lo antes posible. Cuando llegamos es una casa no muy grande, que más bien parece estar más que deshabitada y que se cae a pedazos, pero está decorado como si fuera una casa alegre. Fachadas pintadas de un azul cielo, y una ventanas blancas, con rosas rojas en los alféizares.
-¿Ves a esa chica?-me susurra Nevada, cuando sale una chica rubia algo más alta que Verena. Desprende alegría por cada poro de su piel, sobre todo cuando mira a Verena.
Asiento con la cabeza.
-Bueno, pues está colada por Verena-me susurra de nuevo.
-¿Y quién no lo está?-le pregunto, alzando una ceja.
Me echa una de sus miradas asesinas de las que es mejor quedarse callado, pero no puedo evitar reírme, lo siento, pero tiene gracia. Tiene gracia ver la cara que pone tras haberle dicho eso, porque sé la respuesta... Bueno, bien pensado, tampoco me hace tanta gracia.
Cuando se acerca Kate, la saludo como se debe saludar a las mujeres en mi reino.
-¡Anda! ¿Eres militar?-dice, mientras me mira con una sonrisa y ladeando la cabeza.
Parpadeo varias veces.
-¿Perdón?
Kate abre la boca para hablar, pero Verena ya ha empezado a caminar.
-¡Venga! No tenemos todo el día-dice ella, instándonos.
Kate se pega a nosotros, mientras Verena camina con pasos rápidos. Lo único que veo moverse bien es su coleta a lo lejos y el ruido de su colgante, y me doy cuenta de que si no le cogemos a tiempo, nos perderemos.
-Oye...-se dirige Kate a Nevada-¿es así siempre?, de chica mala, me refiero.
-¿Chica mala?-pregunta Nevada, sin entender-Verena no es mala.
-No me refería a eso...-contesta ella.
-Entonces…-digo yo, mirándola-¿A qué te refieres?
-Pues…
-¡Venga, hombre!-nos grita Verena.-¿Os pesa el culo?
-¡Que sí Verena!-dice Nevada, poniéndose al lado de Verena rápidamente. Ambas empiezan a hablar, de algo que se me escapa. Todavía tienen ese rasgo cariñoso que tienen las parejas, se sonríen y hablan con confianza, pero prefiero no molestarme por eso. Yo también empiezo a caminar rápidamente para ponerme a el lado de Verena.
-…y pasó eso-dice, terminando la conversación, justo cuando yo me pongo al lado de Nevada, rodeándola de la cintura.
-¿Qué pasa?-le pregunto a Nevada.
-Cosas de chicas.-me contesta ella, aunque Verena sigue mirando las nubes, abstraída en su propio mundo.
-Oye, yo soy una chica-protesta Kate mientras las mira.-¡Podría enterarme!
-Quizás otro día-contesta Nevada, mientras que Verena camina cada vez más rápidamente en dirección a una especie de descampado.
-Ya estamos aquí-dice Verena.-Esto nos servirá para entrenar, además he estado observando y por aquí no pasa casi nadie a estas horas. Ademas-añade.-Siempre podemos entrenar en el Infierno.
-Ni hablar-dice Nevada.-Como se te haya pasado tan sólo por tu castaña cabellera, prometo congelarte, Very.-le riñe Nevada.
-Como si pudieras hacerlo-le dice, retándole con una ceja a lo sarcástica.-¡Hace tres años que no me llamas Very!-exclama Verena. Nevada la mira de una forma extraña y Verena mira hacia otro lado-Bueno, ahora vayamos a entrenar. Empezaremos contigo, Kate. Kate mira a Verena atentamente.
-Ya te he dicho que no tengo ningún poder…
-Sí, sí que lo tienes.-explica Verena-Te he visto correr a la velocidad de un rayo.
-Sí, yo también te he visto correr tan rápido como eso.-comento yo.
-Por eso-dice Verena, asintiendo.-Te voy a ayudar a manejarlos.
-¿Cómo?-pregunta Kate, mirando a Verena.
-En su reino, Verena es famosa por ser una buena entrenadora-exclamo yo.-Además de una luchadora expléndida.-Kate y Verena se me quedan mirando sorprendidas.-No es que haya investigado ni nada de eso, no…
-Te admira mucho, Verena-comenta Nevada, observándome con cariño.
Me sonrojo.
-¡No es verdad!-protesto yo-Solamente, la investigaba un poco, nada más…
-Vale-empieza Verena.-Soy famosa, sí, por entrenar en persona a jóvenes guerreros y a príncipes.-dice con una media sonrisa.
-Pero si tendrás mi edad…-dice Kate, estupefacta.
-Ya he visto más de lo que crees-contesta Verena, cortándola de golpe.-Bien, no tenemos todo el día ¿lista?
-¡Sí!-dice Kate, con sus ojos verdes llenos de energía.
-Ahora quiero que te concentres en mí-dice Verena, poniéndose en tensión.
-No le va a ser muy difícil-me susurra Nevada al oído. Suelto una risita por lo bajo. -Vale.-dice Kate, poniendo cara de esfuerzo mirando a Verena.
-¿Y qué más?..
-Piensa en algo que te haga muy y feliz.-dice Verena-Después, imagínate que te lo quito y no te lo devuelvo nunca más. Concentra todas tus energías en mi, todas.-dice, mientras mira a Kate atentamente.-Pero no te muevas del sitio.
-Pero si le lanza unos rayos va a desintegrar a Verena…-le digo a Nevada, que me calla con un gesto.
-Sh. Quiero verlo.
Kate cierra los ojos fuertemente, mientras unas chispas la rodean.
-¡Sigue así Kate, venga!-la anima Verena. Cada vez concentra más energía Kate, y cuando quiero darme cuenta ¡un rayo ha salido de su pecho y va directo a Verena!
-¡Verena!-grito yo.
Pero… Dioses… Ha… Ha… Verena acaba de parar el rayo… ¡¿con la espada de fuego?! Pero si ni si quiera la he visto invocarla. Verena tiene cara de concentración, cuando veo que de cada poro de su piel empieza a manar fuego y lo lanza contra el rayo de Kate, no me lo puedo creer… Es lo más sorprendentemente peligroso que he visto en mi vida. Todo termina con una pequeña explosión de chispas y todo desaparece.
-¿Ves?-dice Verena, mientras camina sonriendo a una exhausta Kate.-Tienes mucho poder, sólo hay que aprender a sacarlo.
-Guau… Verena… Estás… Que ardes…-dice Kate, mirándola de arriba a abajo.
-¿Por controlar el fuego?-pregunta Verena.
-Bueno… También-contesta Kate.
-¡Bien! Sigue practicando con Nevada-le dice Verena, aparentemente sin pillar el comentario de Kate. Nevada y Kate empiezan a hablar, y empiezan a concentrar en un punto fijo hielo y hacer aparecer rayos.
-Ahora vamos tú y yo-dice, dirigiéndose a mí.
-¡Sí!-respondo, quedándome muy rígido.
-Vale, vas a aprender a controlar el agua.-me dice ella.
-Si yo solo congelo cosas…
-Si yo puedo hacerlo y soy medio fría, tú también-me dice. Saca un recipiente de plástico con agua y me lo tiende.-Saca el agua sin abrir el recipiente.
Concentro mis energías en la botella de agua, haciendo que el tapón salga disparado.
-¡Bien!-dice Verena-Y con esto, se me ha ocurrido una idea, tú y Kate vais a pensar un ataque conjunto porque el agua es buen conductor de la electricidad. Asiento con la cabeza. -Y quiero, que me lo demostréis dentro de dos días.-me dice, seria.-Por ahora, eso es todo. Vete a entrenar con ellas. Yo tengo que ir a ver algo…
Así que me voy a entrenar con Nevada y Kate, mientras veo como se aleja, pero un grito nos llama la atención…
Una vez más...
-
Pues eso, disfruta :l
domingo, 12 de agosto de 2012
Mi propio reino (XXXIV)
En el mundo de los sueños de Verena.
Erael.
-¿De dónde venís?-pregunto yo, cuando Verena y Leo entran por la puerta. Soy el único que se ha quedado despierto para esperarles, los demás estaban demasiado cansados, así que aquí estoy mirando a estos dos atentamente, para ver si sueltan prenda. A Verena se le ve más pensativa que otra cosa, y Leo cada dos por tres esboza una media sonrisa mirando a Verena. Me pone enfermo…
-Estábamos acompañando a Kate a su casa-responde Verena.
-Sí, pero nos hemos encontrado con algunos… "imprevistos"-dice Leo, marcando las comillas con los dedos.
-¿Qué clase de imprevistos?-pregunto, ya preocupado.
-Han atacado otra vez a Verena-dice Leo.
-Espera ¿qué?-exclamo yo. Camino hacia Verena levantándole los brazos y buscándole algún tipo de herida.
-¡Ah!-protesta ella, entre risas-Estoy entera ¿ves?-dice con voz dulce y apartándome los brazos con delicadeza.
-Más le vale al pelirrojo-siseo yo.
Leo se encara conmigo. Puede que él sea más alto, pero yo soy más fuerte…
-¡Eh! ¡Basta ya!-nos espeta Verena, poniéndose en medio. Se levanta la camisa un poco.-¿Ves? No me ha pasado nada ¡estoy bien!
Me la quedo mirando, tanto Leo como yo. Pero ella no se da cuenta en absoluto. Se va refunfuñando a su habitación y nos deja a nosotros dos solos.
-¿Qué ha pasado?-le pregunto, olvidándome el hecho de que le odio momentáneamente.
-La han amenazado-contesta Leo. Para un poco para ir a la cocina y desde ahí añade:-Dice el tipo al que no logré ver que le acompañará en sueños para hacerle daño.
-¿Y qué vamos a hacer?-le pregunto.
-¿Tú y yo?-se ríe un poco.-Protegerla, como hemos hecho siempre.
-¿Cómo, si la ataca mientras duerme?
-He pensado, que esta noche puedes cuidarla tú-me contesta, dando un sorbo a su vaso de agua.- Es lo justo.
-¿Justo? ¿Por qué es lo justo?-le digo yo.
-Nada, tonterías mías-me dice.- Ya sabes, no le quites el ojo de encima o si no…
-Me cortarás el cuello con tus sombritas-me mofo yo-Descuida, que eso no va a pasar.
Dando por terminada la conversación y asintiendo, Leo se gira en dirección a su habitación.
Me paseo, intranquilo, a lo largo y ancho de la habitación de Verena.
-Oye-me dice Verena, medio dormida medio despierta-¿Sabes que es de mala educación entrar en los aposentos de una dama y ponerse a caminar de un lado a otro en medio de la noche?.
Me río un poco por lo bajo.
-¿Y dónde pone eso?-le pregunto.
-No hace falta ponerlo en ningún sitio ¡es sentido común!-me replica Verena susurrando.
Sonrío.
-Tengo que vigilarte, lo sabes ¿no?-le digo.
-Me lo imaginaba.-me contesta.-Anda, ven a dormir.-dice, dando unas palmadas a la parte libre de su cama.
-¿Segura que quieres que duerma contigo?-le digo, alzando las cejas.
-Dormir-marca ella la palabra.-Sí-dice, con una risita. -Dormir-sonrío de nuevo, asintiendo. Me meto en la cama junto a ella, para abrazarla después. Meto mi cara en su pelo y cierro los ojos, apretándola contra mí. -Hace tiempo que no dormía contigo-me susurra. -Mucho-contesto, dándole un beso en la nuca.-Vete a dormir, yo estaré contigo. -Vale…-bosteza, y en poco tiempo se queda dormida. Lo cual me extraña un poco, puesto que nunca ha tenido facilidad para coinciliar el sueño. Deberá estar agotada. Creo que duro despierto unas cuantas horas, aunque no sabría decir cuanto, pues el tiempo se me pasa demasiado lento. Al final, me quedo dormido yo también. Entonces es cuando noto una presión sobre mi cuerpo y caigo a un extraño lugar de mis sueños que se parece mucho a el reino de Verena. Veo que Verena está rodeada por muchos Leos con el pelo violeta a la vez y con los ojos rojos, todo lo contrario a la apariencia de Leo. Intento reunir fuerzas, energías, pero es inútil, porque mis poderes no van. Qué extraño. No, no es tan extraño ¡estoy soñando! Pero este no es mi sueño, porque podría tener todo lo que yo quisiera, incluídos mis poderes. Un momento… ¡Estas son las pesadillas de Verena. Debo protegerla… Corro hacia ella, evadiendo el chorro de ataques que me dirige el extraño Leo. Realmente, no creo que sea Leo. Creo que si fuera Leo haría lo que fuese para protegerle, como yo, no para hacerle daño. -¡Verena!-le llamo, agarrándola de la cintura. Se remueve, nerviosa.-Tranquila… Soy yo… Concéntrate sólo en mí, no hay nada más real, salvo tú y yo.-le susurro, al oído, para que se vaya tranquilizando. -Erael-empieza a respirar entrecortadamente.-Erael… -¿Qué?-pregunto, sorprendido. -Yo…-susurra ella, mirando al frente. Pero no puedo saber qué iba a decir, porque el falso Leo ataca de nuevo, y cubro a Verena con mi cuerpo. -Eres un cobarde…-le espeto yo-Encima, haciéndote pasar por Leo y atacándola cuando está más vulnerable-apreto los dientes y el cuerpo de Vers más cerca de mí. -¿Haciéndome pasar por Leo?-pregunta, sorprendido.-Esa no es mi intención, aunque claro, no puedo culparte de que me confundas con él, puesto que él tampoco sabe que existo-se ríe, mientras le miro, perplejo. Decido que lo odio más que a Leo. -Entonces… ¿Quién eres?-murmuro yo. Él sonríe de una forma siniestra. -Ya lo descubrirás…-dice, riéndose, mientras que la imagen se va volviendo borrosa poco a poco. Estoy despierto, y Verena también. Le atrapo de la cintura rápidamente, para girarla para que me mire. -¿Estás bien?-pregunto, mientras le beso el cuello. -Sí-me contesta, parándome.-Ahora que sé que tú eres real y lo otro no, sí.-me besa un momento, dulcemente, para luego volver a cerrar los ojos. Me quedo paralizado un momento por lo que ha dicho. Pero yo no estoy tan seguro de que sea irreal.