domingo, 31 de enero de 2016
-
Me gustaría que fuera ya miércoles para poder abrazarte.
Querido amigo [5]
Querido amigo,
Sé que hace días que no te escribo, no es porque duerma mejor o que no tenga nada que contarte, porque la verdad es que no es así. No sé qué es lo que me está pasando. Pero no sé a quién más contárselo a parte de a ti y bueno, Juli, porque leerá esta carta lo más seguro.
Cristina, mi psicóloga, dice que me guardo demasiado las cosas y que nunca revelo mucho de mí. Puede que tenga razón y puede que sea insano. También dice que quizás sea la razón de por qué casi nadie cree ya en mí. No lo sé. A veces ni yo misma sé si me conozco realmente. Creo que sólo conocen de mí Juli y ella misma un noventa por ciento, el otro diez por ciento restante son mis demonios y bueno... lo que no quiero contarle a nadie.
Creo que si supieras lo que pasa por mi cabeza no me verías de igual manera. Pero es una de las razones por las que me pregunto qué hubiera pasado si yo nunca hubiese existido. Y no tengo ninguna intención de hacer que deje de existir, pero a veces no sé por qué, lo pienso, aunque aprecio mi vida por muy complicada que sea, aunque tenga un caos por mente. Pero nunca lloro cuando pienso eso, nunca reacciono más de la cuenta. Nunca. Lo único que hago es sentarme, sola, en silencio y mirar fijamente a un punto de mi habitación. A veces mi madre me pregunta que qué me pasa y yo le contesto que nada. Por lo que sí lloro a veces es por la idea de que no confíen en mí. Quizás te parezca algo melodramática, pero me da igual No sé si soy realmente así, pero no me importa pasar horas mirando a una pared sin hacer nada realmente. Quizá mi madre tenga un motivo razonable cuando dice que le asusto a veces. No quiero asustar a nadie. Pero no quiero dejar de hacerlo tampoco, porque a veces yo soy la única dispuesta a escucharme, aunque me haga daño. Intenté decirle a mi padre que antes de ponerme en serio con los estudios debía arreglar algunas cosas en mi caberza, pero se puso a la defensiva. Y no lo entiendo. Quiero a mi padre, pero a parte de cariño y preocupación, le guardo un resentimiento profundoy por eso nunca le cuento las cosas. Y por eso no me conoce. Y por eso, o al menos por ahora, nunca verá mi blog.
Escribí algo en la entrada en la que desnudaba mi alma, pues bien; sigo sin saber cómo lidiar con sentirme triste y feliz a la vez.
Podría seguirte hablando del mismo tema que te hablé el otro día en las otras cartas, pero ya me resulta cansino, no paran de expresar su odio hacia mí con indirectas. A veces pienso que no me odian realmente, sino que están enamorados de mí. Bromeo. Yo también bromeo de vez en cuando, aunque no tenga ninguna gracia. Pues eso, que parece que soy más significante para ellos de lo que realmente dicen. Pero en fin. me da igual. Respecto a ese tema, me da igual todo, mientras no se vuelvan a meter en mi blog...
¿Sabes? A Juli le están pasando cosas malas y todas muy seguidas. Y me siento mal por no estar ahí cuando me necesita, no poder abrazarle y besarle en la mejilla para que sepa que todo irá bien y no es cursi, le quiero y me preocupa. Es sencillo. Y sé que está mal, peor de lo que me dice. Pero prefiero que esas cosas me las diga por él mismo.
Por cierto, ¿te acuerdas del chico que te conté con el que Juli hablaba? Pues bien, me sigue poniendo nerviosa y creo que cada vez más, sobretodo cuando Juli dijo por llamada hace unas horas que hablaba de ''cosas'' con él. Quise preguntarle que qué cosas, cuáles, pero me callé. He de admitir que me puse molesta y muy alerta. También quise decirle que el chico en cuestión, se podía meter sus cosas por el... Bueno, me has entendido perfectamente. No hace falta que sea más explícita. Todo esto que te estoy contando y ese montón de pensamientos oscuros que te mencioné, se encuentran en mi cabeza. Se están amontonando.
A veces no diferencio de lo que es real y lo que no lo es. A veces no sé en quién puedo confiar y no sé si puedo tocar a esas personas que caminan por la calle, o si estoy en un sueño. A veces me gusta observar a las personas y preguntarme en cómo serán sus vidas. Es emocionante imaginarlo para poder evadirte del resto.
En fin, estoy muy cansada. Son las 4:30 ahora mismo (no te acostumbres a que te diga la hora). Me iré a dormir. Sueña con cosas bonitas.
Con mucho cariño,
Vir.
Sé que hace días que no te escribo, no es porque duerma mejor o que no tenga nada que contarte, porque la verdad es que no es así. No sé qué es lo que me está pasando. Pero no sé a quién más contárselo a parte de a ti y bueno, Juli, porque leerá esta carta lo más seguro.
Cristina, mi psicóloga, dice que me guardo demasiado las cosas y que nunca revelo mucho de mí. Puede que tenga razón y puede que sea insano. También dice que quizás sea la razón de por qué casi nadie cree ya en mí. No lo sé. A veces ni yo misma sé si me conozco realmente. Creo que sólo conocen de mí Juli y ella misma un noventa por ciento, el otro diez por ciento restante son mis demonios y bueno... lo que no quiero contarle a nadie.
Creo que si supieras lo que pasa por mi cabeza no me verías de igual manera. Pero es una de las razones por las que me pregunto qué hubiera pasado si yo nunca hubiese existido. Y no tengo ninguna intención de hacer que deje de existir, pero a veces no sé por qué, lo pienso, aunque aprecio mi vida por muy complicada que sea, aunque tenga un caos por mente. Pero nunca lloro cuando pienso eso, nunca reacciono más de la cuenta. Nunca. Lo único que hago es sentarme, sola, en silencio y mirar fijamente a un punto de mi habitación. A veces mi madre me pregunta que qué me pasa y yo le contesto que nada. Por lo que sí lloro a veces es por la idea de que no confíen en mí. Quizás te parezca algo melodramática, pero me da igual No sé si soy realmente así, pero no me importa pasar horas mirando a una pared sin hacer nada realmente. Quizá mi madre tenga un motivo razonable cuando dice que le asusto a veces. No quiero asustar a nadie. Pero no quiero dejar de hacerlo tampoco, porque a veces yo soy la única dispuesta a escucharme, aunque me haga daño. Intenté decirle a mi padre que antes de ponerme en serio con los estudios debía arreglar algunas cosas en mi caberza, pero se puso a la defensiva. Y no lo entiendo. Quiero a mi padre, pero a parte de cariño y preocupación, le guardo un resentimiento profundoy por eso nunca le cuento las cosas. Y por eso no me conoce. Y por eso, o al menos por ahora, nunca verá mi blog.
Escribí algo en la entrada en la que desnudaba mi alma, pues bien; sigo sin saber cómo lidiar con sentirme triste y feliz a la vez.
Podría seguirte hablando del mismo tema que te hablé el otro día en las otras cartas, pero ya me resulta cansino, no paran de expresar su odio hacia mí con indirectas. A veces pienso que no me odian realmente, sino que están enamorados de mí. Bromeo. Yo también bromeo de vez en cuando, aunque no tenga ninguna gracia. Pues eso, que parece que soy más significante para ellos de lo que realmente dicen. Pero en fin. me da igual. Respecto a ese tema, me da igual todo, mientras no se vuelvan a meter en mi blog...
¿Sabes? A Juli le están pasando cosas malas y todas muy seguidas. Y me siento mal por no estar ahí cuando me necesita, no poder abrazarle y besarle en la mejilla para que sepa que todo irá bien y no es cursi, le quiero y me preocupa. Es sencillo. Y sé que está mal, peor de lo que me dice. Pero prefiero que esas cosas me las diga por él mismo.
Por cierto, ¿te acuerdas del chico que te conté con el que Juli hablaba? Pues bien, me sigue poniendo nerviosa y creo que cada vez más, sobretodo cuando Juli dijo por llamada hace unas horas que hablaba de ''cosas'' con él. Quise preguntarle que qué cosas, cuáles, pero me callé. He de admitir que me puse molesta y muy alerta. También quise decirle que el chico en cuestión, se podía meter sus cosas por el... Bueno, me has entendido perfectamente. No hace falta que sea más explícita. Todo esto que te estoy contando y ese montón de pensamientos oscuros que te mencioné, se encuentran en mi cabeza. Se están amontonando.
A veces no diferencio de lo que es real y lo que no lo es. A veces no sé en quién puedo confiar y no sé si puedo tocar a esas personas que caminan por la calle, o si estoy en un sueño. A veces me gusta observar a las personas y preguntarme en cómo serán sus vidas. Es emocionante imaginarlo para poder evadirte del resto.
En fin, estoy muy cansada. Son las 4:30 ahora mismo (no te acostumbres a que te diga la hora). Me iré a dormir. Sueña con cosas bonitas.
Con mucho cariño,
Vir.
sábado, 30 de enero de 2016
-
Tú eres lo único que me alegra. Gracias por llegar a mi vida, pero ahora no te vayas de ella.
Te quiero.
Te quiero.
-
-¿Estás bien?-preguntó él. Sonreí un poco. Era adorable. Su preocupación por mí incluso estando tan lejos, incluso no siendo nada en ese momento para él. Me contuve las ganas de decirle lo que importaba para mí.
-Nunca estoy bien.-contesté, poniendo la cabeza sobre el teclado.
-Nunca estoy bien.-contesté, poniendo la cabeza sobre el teclado.
-
Te quiero. Por favor, no te encierres en ti mismo y háblame.
viernes, 29 de enero de 2016
-
Definitivamente sí, eres un auténtico idiota.
-
Están los idiotas y luego estás tú.
-
Y pese a todos los golpes que recibo, mi fe no ha muerto, sino que me mantiene con vida en mi camino.
-
Estoy asustada, porque estás distante y no quiero ninguna distancia entre tú y yo. Bastante tengo con la de la tus labios y brazos.
Estoy muy asustada. Sé que tienes tus días malos, pero dime que me equivoco, por favor.
Estoy muy asustada. Sé que tienes tus días malos, pero dime que me equivoco, por favor.
miércoles, 27 de enero de 2016
Querido amigo [4]
27/01/2016 – Madrugada, hora indefinida. Sótano, con
insomnio y con miedo a soñar. Esta vez sí hay café y tengo una taza calentita a
mi lado. Aunque sigo sin poder dormir.
Querido amigo,
Sé que es una carta seguida de otra, pero es que no puedo
dormir. Y te dije que mis noches de insomnio te escribiría.
Han pasado muchas cosas hoy y no sé, estoy nerviosa,
enfadada, frustrada, y vuelvo a estar enfadada. Y la verdad, la sucesión de los
hechos no ayuda nada. Primero me desperté con un frío de cojones, después gritos de mi padre y que además de todo me estoy
poniendo mala. Bien. Me puse borde total y lo pagué con mi madre, aunque ella
no pareció advertir la diferencia, porque de todas formas soy arisca la mayor
parte del tiempo, y cuando me enfado, todo eso se multiplica por cien. Después
el saber que Juli estaba enfadado me deprimió en parte, aunque lo hice feliz un
ratito. Después ver todas las indirectas de una estúpida red social de la que
soy miembro, otra vez que Juli estuviese enfadado y después de un rato que se
me pasase todo y a él también, el proponerle llamada que se olvidase, se
hiciese el tonto o lo que sea y que estuviese en llamada con un amigo. Pero no
es un amigo cualquiera, porque si fuera Saevin o cualquiera de esos me daría
igual. Pero no es igual, lo siento. El amigo es gay, y qué quieres que te diga,
pero no me hace ninguna gracia, será que soy muy territorial, pero soy así.
Punto pelota. De hecho, he estado esperando un buen rato para ver si contestaba
o algo, que tampoco me ha leído hoy ningún cuento, sé que no tiene por qué,
pero me gusta oírle antes de irme a dormir, no es mucho pedir.
Simplemente hoy no es un buen día (o ayer no era un buen
día). En realidad, no es una buena semana. Y parece que mi saco de boxeo cada
vez es incluso más público, mi saco de boxeo, mi mente, mi alma, mi blog, por
eso mismo he tenido que cambiar hasta de dominio, que no, que no me apetece que
desconocidos tan conocidos lean mi blog. Que lean esto, es como tener sexo sin
protección y con mucha gente a la vez. Ser un vivalavirgen, básicamente. Y no, paso de no tener protección y
correr el riesgo de que me peguen cualquier enfermedad venérea, porque aunque
sea la comparación extraña, es así como yo lo veo. Una enfermedad venérea el
ser demasiado público esto que se pueda contagiar. No me gusta. No me apetece.
Lo siento. Y no me malinterpretes, no me importa que me lean desconocidos. Pero
es que a estos desconocidos sé que de basurero provienen, sé qué cosas han
hecho antes y sé que cosas harán si se les cruza una neurona con otra y no es
una idea que suene tentadora, precisamente. Suena de todo menos eso. Pensé en
hacer hasta el blog privado, y por unas horas fue privado, pero luego pensé que
no me puedo dejar pisotear por nadie, ni tampoco obedecer a gente que no quiere
mi bien, sólo todo lo contrario. ¿Qué hay de malo en expresar lo que pienso?
¿Qué hay de malo en eso? Explícamelo tú, porque no lo entiendo. Que en teoría
tampoco debería importarles, porque no soy nada para sus vidas, sólo un
juguetito con el que entretenerse más. No voy a dejar de decir lo que pienso en
el único lugar en el que puedo ser yo misma sin que nadie me juzgue por esta
basura de personas. Buscaré la forma de desvincular el blog a esta cuenta y
hacerlo en otra cuenta de Google+. Y yo que pensaba que mi ex era la peor
persona con la que me había encontrado… En fin… Dios los cría y ellos se juntan, como dice el dicho. El mundo se va
a la mierda, amigo mío.
Después de todo, pensándolo con más calma, ni si quiera me
acuerdo por qué estaba cabreada con Juli. Ah, sí… ya lo recuerdo. Da igual. Da
igual, da igual, da igual. No importa. Corramos un estúpido velo (sé que es tupido, pero así lo dice mi padre y me
hace mucha gracia). Yo sé que quizás estoy siendo paranoica, quizás tenga una
razón perfectamente lógica como para no haberme contestado después de mis
ataques de divismo. Pero tengo miedo de perderle. Tengo miedo de perderte,
Juli. Mucho miedo y no sé cómo evitar perderte, porque me da la sensación de
que pierdo a gente demasiado rápido últimamente y quizás sea culpa mía. Pero no
quiero perderte a ti. A ti, no. Porque tienes algo que necesito en este mundo
en el que parece que todos quieren matarme.
Seguro que mi madre cuando lea todo esto estará muy
sorprendida. Bueno, la verdad es, mamá, que la gente por la que he cambiado la
url del blog eran amigos míos y pensaron cosas que no eran de mí, así que
decidieron borrarme de sus vidas, pero eso sí, llevándose secretos consigo para
hacerme daño. Pero… Si de verdad lo quieren así…
Van a ver una parte de mí que nadie ha visto.
Pasa una feliz noche, y sueña con cosas bonitas,
Vir.
Por qué.
¿Por qué es tan dañino decir lo que pienso en el único lugar dónde no voy a ser juzgada?
¿Por qué si no os importa mi vida os metisteis en mi santuario para corromperlo?
¿Por qué? ¿Por no intervenir? ¿Tan malo es eso? ¿Tan terrible es?
¿Por qué tanto odio? ¿Qué tiene de malo ser yo misma?
-
La única forma de enfrentarte a tus demonios es empezar por admitir que están ahí. Después, empieza la guerra.
martes, 26 de enero de 2016
-
Preocúpate. Porque me he ido a la cama enfadada y ni siquiera te has dado cuenta.
Buenas noches, Julián. Te quiero y todo eso.
-
Me he portado mal... Merezco ser castigada, merezco ser castigada...
-
No sabía que tuviera admiradores.
-
En lo más profundo de mi alma, en el abismo
de mis labios,
En la tortura que es la calma, en un mundo
lleno de cambios,
Tú, tú, con tus manías, tus sueños y tus
sarcasmos, tú, que
Pareces una luciérnaga que brilla, revelas
tus sentimientos
De una forma muy poco común, pero que es
como una melodía
Para mis oídos, una melodía perfecta,
acompañada de tu voz.
Riega mi alma de tus deseos más oscuros,
duerme conmigo y
Despiértame al mediodía o a la hora que tú
quieras, pero despiértame
Con ese brillo que desprendes, con esa luz
que parece guiarme fuera
De este sentimiento de culpa y autoengaño.
Miénteme, dime que todo irá bien.
El secreto mejor guardado.
Esto no es un hecho como otro cualquiera. No es una historia
inventada. No es una leyenda y mucho menos un cuento de hadas. Pasó tan cierto
como es que respiras y tan cierto como es que exhalas. Y esta es la verdadera
historia de cómo se conocieron, de cómo se enfrentaron hielo y fuego en una
mirada y lo entendieron todo, sin necesidad de intercambiar palabras.
Verena era muy joven por ese entonces. Tenía quince años,
era valiente, callada, inteligente que rechazaba conflictos y prefería
resolverlos hablando. Estaba hecha para reinar, pero sin embargo, tenía un
problema; No era un hombre y su hermano sí, un caballero noble y amable,
inteligente, pero que no quería el trono. Dorian Drako no se veía capaz de
cargar con la corona de su padre en la cabeza y apenas había cumplido los
dieciséis años cuando murió su padre. No estaba preparado para reinar. Pero no
vamos a hablar de eso, vamos a hablar de algo que aconteció meses antes de que
Verena fuera coronada.
Verena estaba histérica encerrada sin poder hacer nada.
Sabía que luchaba mejor que cualquier otro hombre y que era capaz de hacer
cosas que no eran capaces muchos de los soldados de su padre, pero aún así
estaba encerrada en el castillo que tantas veces había maldecido. Es triste,
pero una servidora debe admitir que estamos en una sociedad de hombres y que
todavía eso no se ha arraigado. Pero en la época de Verena era aún más
complicado ser mujer, aún más difícil. Así que casi que suplicó a su padre que
le diera una oportunidad de demostrar su valía. Pero él era terco como una
mula, como Verena, aunque tuviese buen corazón y se negó. Verena no daba
crédito a lo que oía. La consideraba débil sólo por su condición como fémina,
así que apretó el puño y decidió pasar una prueba que hacía siglos que nadie
había pasado; Zara’ecka, la guadaña que convertía al guardián en aquel que
controlase al mismísimo infierno y a las criaturas que moraban en él. No se
despidió ni siquiera de Erael, se ajustó su armadura (una versión femenina a la
de los caballeros de su reino), cogió su espada que se prendió en llamas nada
más tocarla y la envainó. Se colgó el cinto y montó, encapuchada, en su caballo
sin vacilar ni dirigir la vista hacia atrás.
Galopó y galopó hasta llegar a su destino; la entrada al
mismísimo Infierno. Procuró que su caballo estuviera bien cuidado y alimentado
a su regreso, tendiéndole dinero suficiente a un granjero como para comprar su
granja y gran parte de los animales que cuidaba. El granjero, agradecido,
prometió que el caballo estaba sano y salvo a su regreso.
Verena caminó sola a la hendidura que había en el terreno, y
sin vacilar, se dejó caer. Su melena castaño rojiza se movió mientras se dejaba
caer. Nuestra princesa había accedido al mismísimo infierno, pero no parecía
demasiado preocupada por ello. Tenía la Voluntad de Son, el Elegido y el más
noble y cabezota de la dinastía Drako.
- -Pequeña Verena…-susurró una voz a sus espaldas.
Verena se giró en redondo y fijó la vista en un ser rojo con cuernos y una cola
de toro de una estatura de no más de un niño de ocho años. Un demonio. Tenía
los ojos negros como un abismo, sin pupila y un cabello blanco y largo, que
llegaba hasta al suelo. La señaló con uno de sus dedos huesudos-Tengo tu
corazón… Y tu destino a la palma de mi mano-dijo el demonio con una sonrisa en
la cara.
- -Lo dudo-replicó ella, con ciertos aires de
grandeza, pues no olvidemos que la princesa Verena era aún muy joven.- Lo único
que tienes es un serio problema de mal aliento, pero no es nada que no se pueda
solucionar, te recomiendo consumir la planta de menta. Pero no tengo tiempo
para charlar, el tiempo apremia, así que apártate de mi camino, demonio.-chocó
su hombro contra el del demonio.
Este, ni corto ni perezoso, se lanzó sobre
ella intentando rebanarle el cuello con sus largas uñas. Forcejearon, pero
Verena consiguió atravesarle el corazón con su espada, que hizo que el demonio
se prendiera como una cerilla,
quemándose de este modo y muriendo en el acto, rodó logrando ponerse de pie. Se
apartó la sangre del labio y se volvió a encapuchar, reemprendiendo la marcha.
No se dio cuenta, pero una mancha de sangre del demonio quedó en su capa. Eso
le permitió pasar desapercibida entre el resto de los demonios del infierno.
Algo le decía que estaba cada vez más cerca de su destino.
Oyó un grito a la lejanía, un grito humano,
que le heló el alma. Corrió a su encuentro y no logró distinguir la figura que
tenían acorralada una manada de aquellos malditos demonios, aquellos cuya raza
pertenecía al que le había atacado hacía apenas unas horas. Cargó una llamarada
en su mano y la lanzó hacia los demonios, que se giraron para lanzarse contra
ella. Eran unos diez y aún no sabía Verena si aquella persona a la que había
rescatado estaba a salvo o no, pero lo que le importaba en ese momento era
quitárselos de en medio. Casi acaban con ella, pero con un par de heridas en la
cara y el hombro dislocado, logró salir mejor de lo que se habría esperado de
otra persona.
Cerró los ojos haciendo una mueca por el
dolor y envainó su espada. Pensó en algo que podían hacer los demonios que era
anatómicamente imposible, enfadada, y cuando abrió los ojos, le vio.
Era el chico más guapo que había visto
nunca. Tenía la piel tersa y blanca y unos rasgos delicados, portaba una
armadura típica de un frío, tenía el
pelo corto y negro como el azabache y se encontraba inconsciente. Le tocó el
cuello y comprobó que su pulso era regular. Suspiró de alivio.
Ella no sabía que ese chico no se trataba
de un chico; era Nevada, la princesa de la nación de los fríos. Pero en ese
momento, poco importaba, se dijo que sacaría de ahí a aquel misterioso
muchacho, cuando miró la vitrina donde descansaba Zara’ecka, en forma de
colgante, observó vacilante a Nevada y un muro de fuego cubrió a esta, que
permanecía inconsciente.
A duras penas, se acercó a la vitrina, pues
Verena aún estaba herida del anterior combate, cuando otra horda de demonios
apareció en escena, Verena suspiró y no supo si iba a salir de esa. Pero tenía
que intentarlo, no podía dejarse morir tan fácilmente y darle la razón a su
padre y a casi todos los miembros del reino que pensaban como él. Con la
Voluntad de Son y una determinación jamás vista en una chica de quince años,
derribó a los demonios de una oleada de fuego con su espada, como habría hecho
su antepasado el día que se descubrió que era el verdadero rey. Sorprendida,
exhausta y orgullosa de sí misma y no sabiendo de dónde sacaba tanto poder,
sintiendo todo eso a la vez, se acercó a la vitrina que no necesitó tocar, y
apreció, sorprendida y en su real forma en la mano derecha de Verena. No
advirtió que un símbolo de dos cruces pequeñas se formaban en su frente. Al
tocar la guadaña, las heridas de Verena desaparecieron y Zara’ecka finalmente
quedó en forma de colgante en el cuello de la chica. Sentía que el colgante
vibraba y latía, pero era una sensación cálida y agradable, que la invadía por
dentro, una sensación de que estaba acompañada por una fuerza mayor durante
toda su vida y la sensación de que había despertado un dragón dormido dentro de
ella.
Deshizo el muro de fuego igual que lo había
creado y rodeó la cintura del chico con uno de sus brazos, sintiéndose más
fuerte y capaz de cargar, al menos, más fácilmente con él.
Algo la guió hasta la salida. No supo si
era la situación o simplemente que era una de las habilidades del colgante,
fuera lo que fuese, se sentía orgullosa de sí misma por tal hazaña que acababa
de lograr. Consiguió salir y acampó con el chico (que seguía siendo la princesa
Nevada), en una parte apartada del bosque y no le quitó ojo de encima,
aguardando a que se despertase con suma paciencia que no había sido antes vista
en ella.
Cuando Nevada abrió los ojos lo primero que
vio fue una sonriente Verena:
- -¿Quién eres?-murmuró ella ruborizándose de
improviso. No esperaba que la hubieran salvado, pues ella también se había
escapado para demostrar su valía, pero ella no tenía tantas esperanzas de
volver a casa sana y salva, es más, sabía que su destino era peor si su padre
se enteraba y llegaba antes de tiempo-¿Dónde estoy?
- -Mi nombre es Verena. Verena Drako.-dijo Verena
sonriendo más abiertamente.-Estás en el bosque, tuve que sacarte de ahí porque
habrías muerto. Fuiste muy valiente. Pero te superaban en número.
Drako…
pensó Nevada. Así que esa valiente chica pertenecía a la familia real cálida, nunca había visto a ninguno en
persona, pero si eran tan locos como ella, se dijo que su vida sería corta.
Contuvo una risa.
- - Tampoco es que tú estuvieras más allá que
yo-observó el colgante de Verena y la miró.-Así que lo has conseguido…-Si
Nevada se sentía sorprendida, no lo expresó.
- -Sí…-dijo ella simplemente, impasible de
repente.-Aún no sé tu nombre.-susurró Verena por lo bajo.
- -Mi nombre es…-Nevada aguardó. No sabía si era
sensato decir su verdadero nombre, así que decidió mentir al respecto-Mi nombre
es Tempestad.
- -Tempestad…-murmuró Verena para sí misma. Qué
apropiado para un frío.-Encantada.
Y así fue como ocurrió. Así fue como
empezaron a conversar y cómo surgió aquel chispazo entre las dos. Cuando Verena
se enteró de quién era realmente, estuvo dolida, pero no pudo evitar lo que
sentía y no le importó.
Pero esto no es una historia feliz. Nunca
se supo que pasó, pero sólo se supo que de esa fatídica y turbulenta unión, la
única que salió realmente herida fue Verena. Algunos piensan que lo que
Verena no pudo soportar fue la verdad,
otros que Nevada le traicionó en innumerables ocasiones. Nunca se supo y nunca
se sabrá.
Aunque, lo cierto es que mejor así, porque
eso le dio a Verena la fuerza y la confianza para conocer al verdadero amor, o
verdaderos amores, en caso de Verena. No todas las historias tienen un final
feliz, algunas acaban con uno amargo, pero sólo para que otras puedan empezar.
-
Extracto
de ‘’Leyendas de Bohá’’, por Amedrys Ryunn.
Querido amigo [3]
26/01/2016 – Madrugada, hora indefinida. Sótano, con
insomnio y con miedo a soñar. Se ha acabado el café y debo ir a comprar más.
Pero, recalco: No puedo dormir.
Querido amigo,
Estoy sorprendida de mí misma, la verdad. Nunca pensé que le
pasaría a uno de mis progenitores mi blog, a mi madre, para ser más exactos. Ya
lo de pasárselo a mi padre es demasiado para mi cuerpo, lo siento, aún es
demasiado pronto. Quizá siempre sea demasiado pronto para pasarle mi blog a mi
padre, persona que no deja de juzgarme por lo que digo/hago y que si leería
esto probablemente se reiría. Nada, que no, que no se lo paso aún. Por lo menos
mi madre es algo más comprensiva.
¿Te acuerdas lo que te conté de que me peleé recientemente
con unas amigas? Bueno, para más inri, el otro día, una de ellas me dijo que si
era una falsa, una amiga, etcétera, etcétera. Lo mejor de todo esto y lo más
gracioso es que se metió en un terreno peligroso del que ella no era consciente;
mi vida. Lo único que hizo fue ir a hacer daño y llamarme fracasada. No me
esperaba eso de ella, realmente. De las otras dos podría esperarme cualquier
cosa… pero ¿ella? No sé, me pilló
todo demasiado por sorpresa, demasiado desprevenida. Demasiado… con la guardia
baja. Pero no me esperaba que me hiciera tan poco daño. Tan poco daño los
golpes, las indirectas, los insultos. No me importó. Después de todo, sólo es
una niña. Una niña de dieciséis años. Hasta yo que tardé en madurar era más
lista a esa edad y más buena persona, si me permites añadir. Pero no me extraña
que actuara así, sólo es una burda sombra de lo que son ellas dos. En fin,
Elisa, si alguna vez leyeses esto por un casual, creo que de las dos la que
tiene menos personalidad eres tú. No necesito imitar a ningún amigo para que me
acepte, ni mucho menos caer bien a nadie.
Pues bien, te sigo contando, que para eso te escribo estas
cartas, para eso estás. Para hacerme ver cómo soy y si alguna vez te apetece
manifestarte y darme tu punto de vista, eres más que bienvenido. También
pasaron cosas entre dos de mis mejores amigos ¿te acuerdas de Andrea? Al final
no se fue, sólo tiene problemas con Samu. Me frustra no poder ayudar a ninguno
de los dos, pero supongo que es algo que tienen que resolver entre ellos y no
puedo hacer otra cosa que no sea esa, esperar. Pero mi pobre Pablo se vio
envuelto y le afectó muchísimo. Dijo que era una superchica al haberme
enfrentado a sus problemas y los míos. No soy una superchica, sólo que ya sé
cómo manejar este tipo de situaciones y no me importa hacerlo por alguien al
que aprecio.
Pero la noche en la que pasó todo, me temo que descuidé a
Juli por llamada. Le he pedido perdón mil veces, espero que me haya perdonado,
pese a que se haya enfadado conmigo pero que ahora estemos bien. Pero no puedo
enfrentarme a tantas cosas a la vez. Debí haber cerrado la pestañita de
whatsapp cuando terminé de hablar con Katy. Debí hacerlo, me arrepiento de no
haberlo hecho. En serio. Debí haberlo mandado a la mierda todo en su momento.
Pero lo hecho, hecho está y lo que hice no se puede remediar ya, de todas
formas, repito que lo siento, porque Juli va a leer esto segurísimo. Tanto como
que el cielo es azul.
Hoy me ha hecho unas bromas que no hacen gracia. Pero menos
mal para él que yo me río cuando dice que es broma. De ser otra le habría
mandado a hacer algo anatómicamente imposible con la silla que tiene del
ordenador que tanto chirria. Me ha preguntado qué debe hacer para que le deje
(cosa que me ha asustado bastante, me ha dado la sensación de que quiere que le
deje). También me ha sorprendido que estuviese celoso de uno de sus mejores
amigos y de Javi. No me interesa Saevin, no le veo nada más como un desquiciado
amigo que tiene y que me cae bien, pero que me juego la vida a que me
arrancaría la cabeza por acaparar a su Juli (pausa para risas, porque no es
suyo. Más quisiera él…), y Javi… Bueno, es un amigo. Dice Juli que donde hubo
fuego cenizas quedan, pero yo le he dicho que mi chimenea está bien limpia, que
no se preocupe y que el único fuego que me importa avivar es el de él. Y de todas formas no sé
qué pensar de Javi. No sé si confía en mí, si no confía en mí y no sé si
considerarlo un amigo. De las únicas palabras que me fío son de la mía propia y
de la de Juli. Ahora no me queda a casi nadie a quien darle mi confianza, se
cuentan con los dedos de una mano, los de ahí dentro y los de aquí fuera otra.
Y la mayoría de los de ahí dentro me odian sólo por algo que le han ido
contando por ahí. Eso hace que me crezca, que me suba el ego. Gracias por darme
tanta importancia, amigos, es mi sueño; ser recordada. No me importa lo que
penséis de mí, siempre y cuando penséis en mí. No me quita el sueño que me
odiéis, no me quita el sueño que os moleste mi presencia, porque no me voy a ir
por ninguno de vosotros, así que iros acostumbrando.
Y también me han dicho que la imagen que tenían de mí se ha
ido a tomar por saco. Pero otra cosa que me da lo mismo. Nadie me preguntó por
mi versión de los hechos, así que me la trae al pairo ahora mismo todo. No los
necesito. No os necesito. Sólo necesito a Juli cerca. Con eso y mis amigos de
aquí fuera y aquí dentro, estoy feliz. Pero de necesitar a algo, sería a Juli
por encima de todas las cosas. Y si me van a poner a elegir los que me odian
entre ellos o yo, está claro que elegiré por mí. Me quiero demasiado como para
no hacerlo. A medida que me he hecho mayor, lo he podido comprender al fin; no
hay a nadie a quien le deba importar más mi bienestar que yo misma, y si acaso,
mis seres queridos. Si soy una mala noticia para vosotros, lo siento.
Y por cierto, creo que la voz de Juli es demasiado adictiva.
No me ha contado mi cuento para dormir y ahora estoy como una ardilla
hiperactiva con sobredosis de azúcar, así que me voy a poner a escribir lo que
se me ocurra para ver si consigo caer en los brazos de Morfeo, que Dios, espero
que sí.
Creo que no tengo nada más que decir por hoy.
Con mis mejores deseos y esperando que hayas pasado una
feliz noche,
Vir.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)