lunes, 25 de enero de 2016

Querida mamá.

Sé que vas a leer esto, porque he escuchado muchas veces las canciones de mi blog en tu ordenador.

Yo no he hecho lo de pasarte mi blog por cuenta propia. Por mí se habría quedado en el más secreto absoluto. Pero es lo que me dijo Cristina; debía de decirte lo que me pasaba, y no encontré ninguna forma de hacerlo como esta. Ninguna que me abriera a ti tal y cómo soy, ninguna, salvo esta.
Y como regla, no quiero que nada de lo que leas lo hables conmigo. Puedes seguir leyendo mi blog. Puedes leer casi los cuatro años de mi vida que le he dedicado a este sitio, puedes llorar como lloré, reír como reí y sorprenderte de algunas cosas que hice. Pero nunca, jamás, me preguntes por nada de lo que he escrito.

Sé que piensas que soy inmadura y que hago cosas que te asustan. Bueno, no soy tan inmadura como crees. Y respecto a las cosas que te asustan... Son cosas que me asustan a mí también. Seamos sinceras, llega un punto de mi vida que dejaste de verme como era realmente porque dejé de contarte las cosas. Pero es que no confiaba en vosotros; si abría la boca, me esperaba una réplica sarcástica de papá o cualquier tipo de cosas. No hago las cosas que hago porque yo quiera, no sé que me pasa, pero tengo que ordenar mi mente para poder ordenar mi vida diaria y ahí entran los estudios. Hay veces que ni siquiera abro la mochila con Cristina, porque le cuento todo lo que pienso y todo lo que me pasa.

¿Sabes? Empecé el blog con diecisiete años. Una cabra loca. Menuda chica. Me río hasta de mis propias faltas ortográficas y de como me expresaba. Pero lo empecé por una razón; estaba desquiciada. Y sigo estándolo, pero no por el mismo tema, no te equivoques. Me enamoré de la persona que no debía, de alguien que me hizo daño y ahora está más que olvidado. Pero aún así recordarlo hace que a veces me estremezca, porque fueron años oscuros que os oculté a ti y a papá. No creía que lo comprendieráis... Pensaríais que era algo típico adolescente. Pero fueron los peores dos años de mi vida, intensos y seguidos.

Poco a poco, esas heridas fueron cerrando. Apareció Raúl, que sí conoces y que es un amor de persona y hoy en día es uno de mis mejores amigos. Él me ayudó a cerrar esas heridas que estaban abiertas. Pero tuve que dejarle, porque él ya no me amaba. Ya no me pedía las mismas cosas que antes y tampoco me daba las mismas cosas.

Apareció José, un chico venezolano, luego Javi y finalmente Juli, por quien finalmente me decidí. Hubo más chicos por mí, como Manolo, pero a Manolo nunca me lo tomé en serio y más cuando quiso quitarme algo que no estaba para él; mi virginidad. Así no funcionan las cosas. Así no funciona el mundo. Y sobretodo, así no funciono yo.

Con Juli estoy muy bien, llevamos poco tiempo pero nunca había sentido un lazo tan intenso por nadie, me lleva las nubes y luego me deja caer para cogerme a tiempo. Nunca deja que me estrelle, por mucho daño que me haga o que le haga (sin querer, pero sé que se lo hago). Realmente pensarás que estoy como una cabra, pero creo que lo mejor se hace esperar. Y creo que Juli es lo mejor.

Te quiere,

Virginia, aunque aquí soy Vir.

PD: Te dedico esta canción. Y recuerda, nunca hables conmigo de lo que leas aquí, de mientras puedes seguir leyendo.


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