21/01/2016 – Madrugada, hora indefinida. Sótano, escuchando
música y sin una gota de café en mis venas. Jurado.
Querido amigo,
La ahora a la que te estoy escribiendo esta carta es
irrelevante. Supongo que cuando escriba estas cartas, serán días que no pueda
dormir. O que no quiera dormir.
No sé quién eres, pero me dio la necesidad de empezar a
escribirte. No sé cómo llamarte, así que permíteme que me atreva a llamarte
‘’amigo’’ aunque no seamos amigos aún. Ni sé si eres hombre o mujer, aunque eso
qué más da. No espero una respuesta por tu parte.
¿Sabes? El polvo es piel muerta de las personas. Considero
que somos como polvo buscando ser propagados, que lleguen más allá. Últimamente
estoy muy reflexiva por las noches. Pero no se lo cuentes al chico que amo, o
nos matará a ti y a mí, por partida doble. Y aprecio mi vida. Y la tuya
también, para qué mentirnos. Eres de los pocos que me escucha (o me lee) sin
regañarme.
Como te decía, piel muerta. Polvo. Personas. Sí… Creo que
somos como polvo que busca su lugar en el mundo. Algo que nos haga sentirnos
recordados, realizados. Yo también busco eso. Quiero ser recordada, por mis
aciertos más que por mis errores, claro, pero quiero ser recordada. Últimamente
mi ‘’problema’’ se ha agravado y hoy me han hecho entender que si quiero
conseguir mis metas, que si quiero un futuro profesional, o un futuro en
general, debería dejar todo lo que me reconcome. Porque no tiene sentido que
piense más en el resto que en mí misma. Según mi psicóloga, a la única que debo
complacer es a mí misma. Ni a mis padres ni a cualquier otro. En la teoría, eso
es muy fácil de decir… La práctica es lo complejo. Porque no tengo ni la más
remota idea de cómo hacerlo. También me ha mandado como ejercicio hablar de
esto con mi madre, pero no me atrevo, ni tampoco quiero. Sé que la mujer se
preocupa por mí, pero también duda de mí y eso hace que yo dude de su criterio.
Aunque ya tanta discusión y tanta regañina por parte de mi padre me produce un
profundo hastío. Pero profundo. Bueno, más que profundo, abismal. No entienden
que no es que no quiera estudiar, porque yo quiero estudiar, es que en mi
cabeza hay más que eso, más cosas y hasta que no le ponga remedio, no podré
dedicarme a los estudios. Tampoco me apetece estar escuchando a mi padre. Insultando
(repite la palabra ‘’puto’’ y cualquier tipo de insulto) y dándome aún más
ganas de arrancarme las orejas por no escucharlo. Me enerva. Demasiado.
Sobretodo cuando cree que quitándome el internet o el móvil es la solución. No,
papá, no es la solución. Pero qué te voy a contar a ti, querido amigo, si debes
tener una vida estupenda, libre de todo esto. Seguro que hasta eres buen
estudiante. Cómo me gustaría saber algo más de ti…
Y oye, que no quiero aburrirte sólo con esto. Que he
descubierto que me interesan otras cosas, territorios desconocidos para mí; el
conjunto de hierbas envueltas en papel que la mayoría de los adolescentes han
probado, qué es una fiesta con borrachos, qué es eso de dormir a la hora que me
apetezca y sobretodo; el sexo. El sexo. No es que no haya tenido la oportunidad
de experimentarlo, que la he tenido, pero creo que el destino quería que no
fuera en ese momento, a lo mejor Dios intervino. Quién sabe. Pero sí, es una de
las cosas que quiero experimentar y que sé que debo experimentar. Lo de fumar
porros no estoy tan segura, más que nada porque sé que me matarían después.
Pero tengo ventiún años, quiero experimentar cosas que debí haber experimentado
hace mucho y por x razones aún no lo he hecho. No es tan raro. No es tan
egoísta. Creo, vaya. Además, mi triste primera experiencia sexual fue a los
diecinueve, y ni siquiera hubo acto. Y como siempre, me dediqué a complacer en
vez de ser complacida. Podría haber sido mutuo. Digo yo. En ese momento decidí
que estaba preparada para tener sexo por primera vez, después la cosa se fue
distanciando y al final rompí con él. Y hasta que no conocí a Juli, no pude
sentirme sexualmente atraída por nadie. Y no es que no hubieran candidatos de
aquí, que los había, pero no me apetece entregar algo tan valioso a alguien que
ni si quiera me gusta de esa forma. Tengo que tener un lazo sentimental con esa
persona para que me atraiga sexualmente, dando igual su aspecto o incluso su
sexo. Eso sí, promesa que voy a cumplir. No más mujeres. Me basto y me sobro con
aguantarme a mí misma. Además, que lo que tengo (mi corazón, mi virginidad,
etc), se lo quiero entregar a un chico y es con el que estoy. Pero seguro que
tú también has experimentado todo esto, querido amigo. Quizá te pida algún
consejo, aunque no me los des o contestes a mis preguntas.
Bueno. Creo que eso es todo por hoy.
Un abrazo y espero que pases una buena noche, querido amigo.
Sinceramente tuya;
Vir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario