sábado, 23 de enero de 2016

Querido amigo [2]



23/01/2016 – Madrugada, hora indefinida. Sótano, con una taza de humeante café a mi lado, galletas de canela y una constante vocecita en mi interior que no deja de hablar y es terriblemente molesta. Pero alerta por si me descubren escribiendo.

Querido amigo,
Hoy no es de esas noches que no es que no pueda dormir, que tampoco (he descubierto que uno de los superpoderes de Juli es que puede leerme cuentos y yo caer rendida a la cama, de sueño, digo), es que no me apetece dormir. No porque me vaya el masoquismo, es porque a veces me dan ataques de ira extraños ¿sabes? Y siento la necesidad de dejarlo fluir de alguna manera y esto es lo más sencillo que encuentro, escribir y autocastigarme. Sí, necesito infligirme algún tipo de castigo para, sencillamente, sufrir un poquito por mí y un poco menos por el resto.
Como te habrás dado cuenta, a estas horas no tengo internet (qué novedad…) porque el genio de mi padre se piensa que es una adicción y la verdad es que no lo es. Es una forma que tengo para esconder esa bestia que devora mis entrañas y quiere soltar por esa boquita lo que piensa de todo y de todos. Incluso mis padres. Incluso de ellos. Que no es que no les quiera, es que me tienen muy cansada. Les quiero mucho, sí, y no es cosa de adolescente, creo que ya soy más madura de lo que ellos creen, de hecho. Pero… ¿les cuesta tanto darme esa libertad que podría necesitar? ¿Preguntarme abiertamente sobre qué pasa por esa cabeza que creen que tengo llena de serrín sin juzgarme antes? Que no te digo yo que no sea un poco cabeza hueca, puede que más de la cuenta. Puede. Sólo puede. Pero a lo que iba ¿qué les cuesta? Sé que mi madre quería saber más de mí. Pero así no son las formas. Cada vez que abro la boca para decir algo mi padre tiene una réplica preparada. Y mi madre también, para qué voy a mentirte, querido amigo y eso hace, que cuente lo justo de mí. De mí y de lo que me pasa por mi cabeza. Porque son muchas cosas y tooodas a la vez. Já. Bonito y cómodo ¿verdad? (alerta de sarcasmo activada). Qué más da. Si hay quién se cree que lo hago porque me da la gana, por victimismo. Bien. Léete entero mi blog, alguien. A ver si en estos casi cuatro años me he estado victimizando o algo así.

Otro punto; ¿sabes? Estoy preocupada por un amiga, Andrea, más concretamente. La conocí en una red social en la que hay juegos de rol y parece estar decidida a marcharse sin más, a abandonar a los amigos que conoció por internet y que creo que estamos tremendamente preocupados por ella. Yo no quiero que se vaya, no sé cómo dárselo a entender. A veces soy un desastre hablando abiertamente, aunque te parezca raro y me callo muchas más cosas de las que me gustaría decir. Y sí, ya le he preguntado por qué se va. Pero no quiere contarlo. Estoy asustada ¿Y si le pasa algo serio?, ¿tengo que resignarme a que no puedo ayudarla mirando cómo se atormenta por dentro? No sé cómo hacerle ver que no está sola y que puede contar conmigo. No lo sé. No sé qué harías tú en mi lugar. Quizá no te veas envuelto o envuelta en este tipo de situaciones, porque tu don de gentes sea maravilloso o porque simplemente te de igual. Pero a mí no se me da bien ninguna de las dos cosas. No tengo un maravilloso don de gentes y Andrea no me da igual. Para qué mentirte, es una de mis mejores amigas y no es que me sobren amigos, precisamente. Qué triste suena eso… Pero no deja de ser cierto. No sé qué hacer. ¿Qué puedo hacer para ayudarla? Sí, soy un coñazo, pero es un tema que me tiene muy preocupada ¿qué harías tú? ¿La dejo estar y le digo que le apoyo o intento que se quede y que probablemente le haga infeliz porque no quiere estar o simplemente escucho su problema (si es que se deja) y expongo mi opinión para ver si puedo ayudarla en algo? ¿Qué harías tú, querido amigo?

Me estoy dejando algo. Ah, sí. Ayer hablé con Katy y Juli se nos unió a la conversación. Me puse muy contenta, porque Katy para mí es más que mi mejor amiga, es una hermana. Y ella me dio su sensata y sincera opinión. Dijo que yo tenía un alma bonita y que lograr un equilibrio estaba bien, pero que no me diera por pensar en mí misma solamente porque eso no pegaba conmigo, básicamente y sería como si me estuviera cortando un brazo. No quiero eso. Sólo quiero armonía. También me dijo que hiciera algo que llevo… ¿dos años sin hacer? Sí, dos años; volver a las reuniones de jóvenes. También me aconsejó que podría hacer labores de voluntariado para evitar estar pensando todo el rato en estas cosas. Lo pensaré. La verdad es que Blackjack (mi bajo) lleva tiempo acumulando telarañas. En cierta forma, añoro el sonido grave de sus cuerdas y el agradable dolor que me producía el tocarlas. Quizá retome ese hábito. Quizá, quizá.
Creo que es todo lo que tengo que decirte esta noche.

Un abrazo y que pases una feliz noche, querido amigo;

Vir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario