Post nubila, Phoebus.
lunes, 30 de septiembre de 2013
Los frutos mentales.
»-Cierra los ojos. Respira hondo.
Repite mi nombre hasta que parezca un mantra en tu cabeza.
Recuerda que eres una llama.
Recuerda que TÚ eres aquella chispa que arde con total libertad.
No mires atrás, no mires, no mires...
¡Corre, antes de que te pille el monstruo!
Porque es la noche de los monstruos y tú podrías ser devorada. Debes luchar por tu vida. Debes ser...
Una asesina.
Algo... Así...
¡Gírate!
Chica, llamas salen de ti. Porque la noche es tuya. Visualiza tu fruta favorita, esa va a ser la fuente de tu poder, tu fruto mental.
Miras al monstruo a los ojos y tu guadaña se manifiesta en tus manos.
Eso es...
¡ESO ES, VIR!..
-¿Por qué estáis tan concentrados?-entró Samuel aclarándose la voz a posta.-Mira que he visto ligar de forma rara, pero esto..
Raúl fijó los ojos en Samuel, mientras Vir abría los ojos.
-Eres muy molesto y lo de interrumpir realmente creo que lo haces a posta.-apuntó Raúl.-Bueno, no es que lo crea, lo sé.-dijo, señalándose las sienes.
Samuel gruñó por lo bajo.
-Al final acabaré metiéndote un tiro si vuelves a hurgar en mi mente.
-Y yo a ti otro si te atreves-dijo Lynn, que apareció aparentemente de la nada, tan silenciosa como una pantera.
-Admite que si no tuviéramos que protegerlos, problamente le habrías disparado.-dijo Samuel, con una media sonrisa.
-Puede-admitió Lynn-Pero me interesa más cuidarlo. Además, aunque es un poco tonto le he cogido cariño.-dijo mirando a Raúl,con el rostro totalmente neutro.
-¡Eh!-protestó este, enfurruñado.
-La mía es un poquito lenta-repuso Samuel.
-Parecéis que habláis de perros y no de personas-murmuró Vir.
Agarró su bolsa y se encaminó hacia la puerta. Algo percibía y no le gustaba nada.
No fue consciente de ello, pero su marca estaba brillando con una intensidad sobrenatural. Recordó lo que le dijo Raúl. <Frutos mentales>, sonrió para sí. Se sentía más fuerte, eso era cierto.
Aquel chico tenía algo especial que le hacía sentirse especial a su vez. Pero... no era tiempo de pensar en eso.
Le embotaba hasta los sentidos. Apretó los labios. Quizás debería hablarlo con él.
Suspiró, concenctrándose en el lugar de donde provenía el aura.
Cerró los ojos y percibió colores de almas ajenos.
Cuando los abrió, algo explotó echándola hacia atrás.
~
Como si no supiera lo que intentas.
domingo, 22 de septiembre de 2013
Gracias...
Te quiero y sigue siendo precioso.
viernes, 20 de septiembre de 2013
~
Siempre me gustó y no sé por qué ya que no es lo normal, ni una preferencia en un canon de belleza masculino ni femenino. Que a decir verdad me resulta excitante...
La curvatura de la espalda, he rocado unas cuantas, pero no es lo mismo, no lo ansío tanto como tocar tu carretera, y hacer turismo por todo tu cuerpo...
Buscar aquél oásis que son tus labios y beber de él hasta que no tenga nada que beber de ellos.
Observarte con una media sonrisa y quedarme dormida a tu lado.
¿Cómo se puede soñar despierto así, diréis?
Fácil.
Estando enamorado.
martes, 17 de septiembre de 2013
~
Dios...
Ya te echo tanto de menos que te veo hasta en las esquinas. Tengo celos de esos ojos que te miran, de tu espejo, del aire que respiras.
De quien te toca, de quien te habla, a quien sonries al cabo del día y a quien abrazas.
Dios...
Ya te echo tanto de menos...
sábado, 7 de septiembre de 2013
~
Toco madera. Te seré sincera. Nunca busqué enamorarme y me ha costado más de lo que creía.
No busco que te quedes conmigo exclusivamente, sólo que me abraces, me acaricies el pelo y me beses, de forma intensa y deliciosa.
Que me susurres que estarás conmigo siempre que te necesite, que más bien te necesito siempre, que me hagas ver que soy única, como siempre haces y que no tenga ganas de matar a nadie por mis estúpidos celos (los cuales estoy controlando por ti y por mí).
¿Es mucho pedir? ¿Suplicar que te quedes de forma eterna conmigo lo es? Quédate, abrázame fuerte y busca mis labios siempre que los necesites, porque te van a recibir sedientos y ávidos de ti.
Buaf.
Faltan pocos días para que cumpla los diecinueve, y cumplir años sigue aterrándome demasiado. No digo que sea por hacerme vieja, pero sin embargo, estaría mucho más cómoda si tuviera quince años.
Antes me aferraba y me gustaba al mismo tiempo correr para cumplir los dieciocho. Pero una vez los cumples, creedme que no tiene nada de especial. Sigues siendo la misma persona que cuando tenías diecisiete.
No estoy segura querer que me salgan canas, de estudiar una carrera, de casarme y tener hijos. Los años pasan demasiado rápido y cada vez me gusta más la idea de quedarme estancada en los dieciocho y dejar que me alcances.
Quizás se me pase con el tiempo, o no, vaya en aumento y cada vez sea más terrible mi fobia a mi edad.
El caso es que voy a cumplir los diecinueve el veintidos de septiembre. Deseadme feliz año más cercano de morir.
Rawr.
~
Hear me roar, because I'm a champion, I'm the eye of the tiger. And you are gonna hear me roar!
Vale, tenía que ponerlo. Sorry.
jueves, 5 de septiembre de 2013
Tú lo has querido...
Deseos, deseos.
Los siento, pero no los veo.
Aspirar el olor que emana tu cuerpo,
siento el calor, recorriendo cada
fibra de mi ser y llegando a mis
mejillas, creando un leve rubor.
Deseé tenerte aquí.
Tocarte, sentirte...
Amarte.
Te seré sincera,
muy sincera, tanto que querrás
que no lo haya sido nunca
pero me cuesta hacerlo,
cada vez que lo intento,
lo borro y escondo.
Odio a mi corazón y a lo
que quiere de ti.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Dead and flames.
-¡Me cago en todo!-exclamó Virginia, que no era la primera vez que le ocurría.
Observó con sus ojos castaños las llamas que emanaban de ella. Agarró la especie de guadaña que siempre llevaba con ella.
Estaba exponiéndose demasiado, y en mitad de la calle. Salió corriendo como si le persiguiese el mismo infierno, mientras chisporroteaba fuego por sus rizos.
Se escondió en un callejón, cerrando los ojos y conteniendo el aliento.
Apretó los labios, controlando su respiración, mientras absorbía como podía sus llamas.
Furiosa, clavó la guadaña en el suelo, creando una grieta que llegaba hasta el otro extremo del callejón, mientras que la marca de la estrella de seis picos brillaba en su frente.
-Bú-susurró una voz masculina a su oído.
Virginia se giró, alzando la guadaña, y casi cercena el cuello del muchacho moreno que tenía delante.
-¿Quién demonios eres tú?-gruñó ella, mirándolo de arriba a abajo.
-Me llamo Samuel.-contestó, enarcando una ceja.-Y he venido a salvarte el culo, así que por favor, quítame esa mierda del cuello.
-¿Cómo me puedo fiar de ti?
-Sólo hazlo-replicó él.-No es tan difícil.
-Se ve que no estás en mi piel-dijo, mientras bajaba su guadaña.-Soy Virginia, aunque para el resto del mundo soy Vir.-se presentó ella.-Y exactamente... ¿De qué me vas a salvar?
-Eso mismo digo yo.-Una chica rubia apareció en escena, apuntando a Samuel con la pistola. Detrás de ella había un chico moreno, que parecía tan perplejo como Vir.
-Está bien... Si vamos a jugar...-A Vir no le dió tiempo a pestañear, cuando Samuel desenfundó la pistola apuntando a la rubia.-Dime quién eres.
-Tú primero.-replicó la rubia.-Y qué quieres de ella. Habla.
-Me han contratado para protegerla.-repuso el chico.
-Y a mí.-repuso la chica.
-Lynn, dice la verdad.-dijo el otro chico-Baja el arma.
Desconfiada, bajó el arma guardándola en su bota derecha.
Samuel la guardó en el cinto que llevaba de armas.
-Soy Samuel y...
-Ya te conozco-replicó la tal Lynn.-Eres famoso en el oficio. No sabía de que bando estabas.
-Del de cualquier chica guapa en apuros.-esbozó Samuel una sonrisa.
Vir puso los ojos en blanco.
-Qué lástima que yo no lo sea.-dijo Lynn, de forma sarcástica.
-¿El qué? ¿Guapa?-enarcó una ceja Samuel.
-No seas idiota. Soy preciosa. Pero no estoy en apuros.-dijo ella, pero no de forma egocéntrica, sino que sonaba como si constase una realidad.
-¿Hola? ¿Podéis dejar de coquetear de una puñetera vez y decirme ya, hostia, qué pasa aquí?-exclamó Vir, ya cabreada.
El otro chico que hasta ese momento, estaba callado, se rió.
-Una chica de armas tomar. A todo esto, me llamo Raúl.-observó la marca de la frente de Vir.-Bonito tatuaje.
Ella se llevó una mano a la frente, como queriendo ocultarla.
-Ah... Gracias.-resopló Vir.
-¿Cómo te llamas?-repuso Raúl, dejando a Samuel discutiendo con Lynn.
-Me llamo Virginia, pero me dicen Vir.-contestó ella.
-Te llamaré Virginia. Me gusta más.-dijo Raúl, esbozando una sonrisa.
-Bueno.-murmuró ella.-Vale...-se echó el pelo hacia delante, ocultándose gran parte del rostro.
-Estás confusa.-afirmó Raúl.
-También. Llevo huyendo días. No he corrido tanto en mi vida, ni siquiera en gimnasia-respiró hondo Vir. Raúl ahogó una carcajada. Ella sonrió, pero después se volvió a poner seria.-Mataron a mis padres y dejé a mi hermano con mi familia.
-Siento tu pérdida...-murmuró Raúl.
-Los veo todos los días. No los he perdido del todo.-miró a su guadaña que tenía sujeta.
-Hablas con los muertos y controlas el fuego. Guay-dijo él.
-¿Y tú cómo lo sabes?-inquirió Vir, sorprendida.
-Porque yo leo el pensamiento, entre otras cosas.-esbozó Raúl una sonrisa.
-Y estos dos ¿qué hacen?-preguntó Vir señalando a los otros que discutían apartados.
-Protegernos.
-¿De qué?
-De la gente que nos tiene miedo.
Raúl.
Caminó a paso rápido, que a decir verdad tampoco estaba muy seguro de a dónde iba.
Raúl se revolvió su pelo negro, moviendo la mirada hacia el cine abandonado que había al final de esa calle.
A decir verdad, casi que lo habían echado de casa. Prácticamente su padre le había dado cincuenta euros y lo había empujado a la calle. Y claro, cuando te daban cincuenta euros y te decían que dieras una vuelta, o pensabas mal, o simplemente hacías caso.
Raúl optó por la segunda. No podía juzgar los actos de su padre y menos pensar así de ellos. Era su padre. Seguramente si hubiera sido cualquier otro hombre, no habría nada más que haberlo visto con una mueca asqueada.
Aunque su padre era un hombre reservado y misterioso, siempre decía que Raúl había heredado el optimismo y las buenas formas de su madre. Quizás por eso no soportaba a su padre a veces. Su madre se había ido cuando él era sólo un bebé y él no sabía que pensar.
De todas formas, tenía a su padre y lo quería, a pesar de sus múltiples disputas, siempre se reconciliaban. Eran demasiado parecidos y a la vez diferentes para soportarse con normalidad.
Pero aún no sabía por qué iba al cine abandonado. Ese barrio le daba mala espina, y lo único que le dijo su padre era que esperase y sabría por qué iba ahí.
Cuando llegó se apoyó en la pared fijando sus ojos negros en un coche blanco.
Suspiró. No sabía muy bien para qué estaba ahí, hasta que apareció una chica con moviendo el cabello rubio platino, como si fuera un halo. Era guapa, tuvo que reconocer Raúl. Pero no le llamó la atención, ni siquiera se sintió atraído. Era guapa, pero de aquellas chicas guapas que saben que lo son y lo usan como arma.
Respiró hondo, mirando el coche de nuevo, pero para su sopresa, la chica rubia de negro se puso ante él.
-¿Raúl?-preguntó ella.
-Sí.-parpadeó extrañado Raúl, pues no tenía la constumbre de que la gente desconocida supiera su nombre.
-Mi nombre es L.-repuso L, aunque Raúl sabía que se llamaba Lynn, por lo que... percibía en sus pensamientos. Nunca se hacía el chulito con sus habilidades, pero a decir verdad tenía un poder a la vez que extraño, asombroso.
Tenía una especie de telepatía que podía leer pensamientos y comunicarse con las máquinas a la vez que manejarlas.
Además, podía elevar cosas con la mente. Lo curioso de todo es que algo tan asombroso como su poder no podía compartirlo. A veces pensaba que era injusto, porque con ello sabía que le era posible ayudar a la gente.
-Y tú debes ser Raúl-añadió Lynn después- Tu padre me ha contratado para...
-¿Para protegerme de qué, Lynn?-repuso él, frunciendo el entrecejo.
Ella, si parecía sorprendida, no aparentó la mínima emoción. Daba escalofríos.
-Hay gente especial en este mundo. Y al parecer tengo que ir por trabajo salvándoles el culo.-replicó ella.-Menos mal que me pagan el suficiente dinero, no cuido niños, soy mercenaria.
-¿Mercenaria?
-Sí, ¿algún problema?-le espetó, con un genio pertinente.
-Ninguno...-<Más me vale no meterme con ella>, pensó Raúl, intimidado-¿Protegerme de qué exactamente?
-Iremos a mi piso y te lo explico. Las paredes ven y oyen.-dijo Lynn, echando a caminar rápido.
A Raúl le costó pillarle el ritmo, pero la curiosidad puso alas a sus pies para seguir a la rubia.