-¡Me cago en todo!-exclamó Virginia, que no era la primera vez que le ocurría.
Observó con sus ojos castaños las llamas que emanaban de ella. Agarró la especie de guadaña que siempre llevaba con ella.
Estaba exponiéndose demasiado, y en mitad de la calle. Salió corriendo como si le persiguiese el mismo infierno, mientras chisporroteaba fuego por sus rizos.
Se escondió en un callejón, cerrando los ojos y conteniendo el aliento.
Apretó los labios, controlando su respiración, mientras absorbía como podía sus llamas.
Furiosa, clavó la guadaña en el suelo, creando una grieta que llegaba hasta el otro extremo del callejón, mientras que la marca de la estrella de seis picos brillaba en su frente.
-Bú-susurró una voz masculina a su oído.
Virginia se giró, alzando la guadaña, y casi cercena el cuello del muchacho moreno que tenía delante.
-¿Quién demonios eres tú?-gruñó ella, mirándolo de arriba a abajo.
-Me llamo Samuel.-contestó, enarcando una ceja.-Y he venido a salvarte el culo, así que por favor, quítame esa mierda del cuello.
-¿Cómo me puedo fiar de ti?
-Sólo hazlo-replicó él.-No es tan difícil.
-Se ve que no estás en mi piel-dijo, mientras bajaba su guadaña.-Soy Virginia, aunque para el resto del mundo soy Vir.-se presentó ella.-Y exactamente... ¿De qué me vas a salvar?
-Eso mismo digo yo.-Una chica rubia apareció en escena, apuntando a Samuel con la pistola. Detrás de ella había un chico moreno, que parecía tan perplejo como Vir.
-Está bien... Si vamos a jugar...-A Vir no le dió tiempo a pestañear, cuando Samuel desenfundó la pistola apuntando a la rubia.-Dime quién eres.
-Tú primero.-replicó la rubia.-Y qué quieres de ella. Habla.
-Me han contratado para protegerla.-repuso el chico.
-Y a mí.-repuso la chica.
-Lynn, dice la verdad.-dijo el otro chico-Baja el arma.
Desconfiada, bajó el arma guardándola en su bota derecha.
Samuel la guardó en el cinto que llevaba de armas.
-Soy Samuel y...
-Ya te conozco-replicó la tal Lynn.-Eres famoso en el oficio. No sabía de que bando estabas.
-Del de cualquier chica guapa en apuros.-esbozó Samuel una sonrisa.
Vir puso los ojos en blanco.
-Qué lástima que yo no lo sea.-dijo Lynn, de forma sarcástica.
-¿El qué? ¿Guapa?-enarcó una ceja Samuel.
-No seas idiota. Soy preciosa. Pero no estoy en apuros.-dijo ella, pero no de forma egocéntrica, sino que sonaba como si constase una realidad.
-¿Hola? ¿Podéis dejar de coquetear de una puñetera vez y decirme ya, hostia, qué pasa aquí?-exclamó Vir, ya cabreada.
El otro chico que hasta ese momento, estaba callado, se rió.
-Una chica de armas tomar. A todo esto, me llamo Raúl.-observó la marca de la frente de Vir.-Bonito tatuaje.
Ella se llevó una mano a la frente, como queriendo ocultarla.
-Ah... Gracias.-resopló Vir.
-¿Cómo te llamas?-repuso Raúl, dejando a Samuel discutiendo con Lynn.
-Me llamo Virginia, pero me dicen Vir.-contestó ella.
-Te llamaré Virginia. Me gusta más.-dijo Raúl, esbozando una sonrisa.
-Bueno.-murmuró ella.-Vale...-se echó el pelo hacia delante, ocultándose gran parte del rostro.
-Estás confusa.-afirmó Raúl.
-También. Llevo huyendo días. No he corrido tanto en mi vida, ni siquiera en gimnasia-respiró hondo Vir. Raúl ahogó una carcajada. Ella sonrió, pero después se volvió a poner seria.-Mataron a mis padres y dejé a mi hermano con mi familia.
-Siento tu pérdida...-murmuró Raúl.
-Los veo todos los días. No los he perdido del todo.-miró a su guadaña que tenía sujeta.
-Hablas con los muertos y controlas el fuego. Guay-dijo él.
-¿Y tú cómo lo sabes?-inquirió Vir, sorprendida.
-Porque yo leo el pensamiento, entre otras cosas.-esbozó Raúl una sonrisa.
-Y estos dos ¿qué hacen?-preguntó Vir señalando a los otros que discutían apartados.
-Protegernos.
-¿De qué?
-De la gente que nos tiene miedo.
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