»-Cierra los ojos. Respira hondo.
Repite mi nombre hasta que parezca un mantra en tu cabeza.
Recuerda que eres una llama.
Recuerda que TÚ eres aquella chispa que arde con total libertad.
No mires atrás, no mires, no mires...
¡Corre, antes de que te pille el monstruo!
Porque es la noche de los monstruos y tú podrías ser devorada. Debes luchar por tu vida. Debes ser...
Una asesina.
Algo... Así...
¡Gírate!
Chica, llamas salen de ti. Porque la noche es tuya. Visualiza tu fruta favorita, esa va a ser la fuente de tu poder, tu fruto mental.
Miras al monstruo a los ojos y tu guadaña se manifiesta en tus manos.
Eso es...
¡ESO ES, VIR!..
-¿Por qué estáis tan concentrados?-entró Samuel aclarándose la voz a posta.-Mira que he visto ligar de forma rara, pero esto..
Raúl fijó los ojos en Samuel, mientras Vir abría los ojos.
-Eres muy molesto y lo de interrumpir realmente creo que lo haces a posta.-apuntó Raúl.-Bueno, no es que lo crea, lo sé.-dijo, señalándose las sienes.
Samuel gruñó por lo bajo.
-Al final acabaré metiéndote un tiro si vuelves a hurgar en mi mente.
-Y yo a ti otro si te atreves-dijo Lynn, que apareció aparentemente de la nada, tan silenciosa como una pantera.
-Admite que si no tuviéramos que protegerlos, problamente le habrías disparado.-dijo Samuel, con una media sonrisa.
-Puede-admitió Lynn-Pero me interesa más cuidarlo. Además, aunque es un poco tonto le he cogido cariño.-dijo mirando a Raúl,con el rostro totalmente neutro.
-¡Eh!-protestó este, enfurruñado.
-La mía es un poquito lenta-repuso Samuel.
-Parecéis que habláis de perros y no de personas-murmuró Vir.
Agarró su bolsa y se encaminó hacia la puerta. Algo percibía y no le gustaba nada.
No fue consciente de ello, pero su marca estaba brillando con una intensidad sobrenatural. Recordó lo que le dijo Raúl. <Frutos mentales>, sonrió para sí. Se sentía más fuerte, eso era cierto.
Aquel chico tenía algo especial que le hacía sentirse especial a su vez. Pero... no era tiempo de pensar en eso.
Le embotaba hasta los sentidos. Apretó los labios. Quizás debería hablarlo con él.
Suspiró, concenctrándose en el lugar de donde provenía el aura.
Cerró los ojos y percibió colores de almas ajenos.
Cuando los abrió, algo explotó echándola hacia atrás.
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