lunes, 20 de agosto de 2012

Mi propio reino (XLI)

Relato de Anteona.

Siempre fui la sensata, pero algo insegura, la incondicionalmente con los pies en la Tierra. ¡Para que yo pudiera perder la paciencia el mismísimo mal personificado debía posarse en la tierra! Pero era una joven alocada, después de todo, sólo tenía quince años.

Yo estudiaba junto a Akriel en la Academia para Brujos de Bohá cerca del reino de Verena. A mí siempre se me dio mejor la teoría que la práctica. Podría decirte el ABC del knurlaní, pero sería incapaz de hacer daño a una mosca. No me separaba de mi mejor amigo, Leth, que era de quien estaba enamorada desde que tenía uso de razón.

Y creo que por eso acabé atrayendo la atención de Akriel; por mis malas notas. Ella por entonces era lista y encantadora, atrayente y una experta oradora y siempre parecía… parecía querer ayudar. Además de que era bellísima, y algunos hombres se quedaban embobados de sus bonitos ojos castaños.

Yo adoraba a Akriel, porque me había salvado, me había dado voz y voto, podía hablar con el resto, sin tener que cohibirme gracias a ella. Por otro lado, Leth negaba y negaba que no quería saber nada de ella. No le gustaba. No le caía bien…

No entendía por qué me gustaba tanto su compañía (y creo que Leo estaría de acuerdo con él). Leth, era un celestial. No sabría como explicaroslo, pero son como seres humanos que les salen alas de plumas cuando ellos quieren y que son capaces de dominar tormentas y crear rayos.

 Ángeles, sí, ésa es la palabra. Su sola presencia irradia amor y dulzura. Con una mirada podía leerte el alma, ver lo que te atormentaba y tratar de repararte esa herida, esa parte de ti rota. Por eso debía llevar especial cuidado respecto a lo que sentía hacia él.
Decía que notaba algo en ella que no sabía decir muy bien qué es lo que era. Yo le replicaba que cómo lo sabía, si estaba dispuesto a querer alejarse cada vez más y más de Akriel.

 -Simple intuición-me decía, mientras se señalaba las sienes. Yo me quedaba observando sus bonitos ojos plateados pensando si era simplemente por celos porque pasaba demasiado tiempo junto a Akriel que junto a él.
 Después apareció un extraño muchacho de ojos violeta y el pelo rojo como la sange. Tenía una sonrisa encantadoramente perfecta y desprendía seguridad en si mismo. Veo por vuestras caras que os suena familiar ¿verdad, chicos?

Las chicas se volvían locas por él, porque además de ser un chico apuesto, era un egocéntrico y un sinvergüenza y eso, a las mujeres les atrae ¿verdad, Verena? Bueno, a lo que iba; a él no le interesaba ninguna de las que estaba cerca. El chico se llamaba Inial. Se fijó en una, que no debería haberse fijado. Quizás la eligiera porque era una de las chicas de las que se tiraban encima, no lo sé. A veces la mente masculina pasa de simple a compleja en cuestión de segundos. ¿En quién se fijó? Pues lo creais o no; en mí.

Yo adoraba a Leth en un silencioso lamento, algo que podría ser poético, pero lo que a mí me parecía algo doloroso. Suspiraba de amor por el a todas horas y francamente, nunca imaginé que otro chico se fijaría en mí, pero, era más interesante de lo que parecía… Inial tenía mucho más fondo de lo que yo creía, era de corazón dulce y de mente abierta.


 Pero yo seguía enamorada de Leth, aunque empezaba a sentir cosas inquietantemente fuertes por Inial… Ahí, formamos todos, lo que se llamaría y lo que nos perseguría durante todos los tiempo; Ankers. Soñábamos en acabar con el mal y lo hicimos más de una vez, siempre con el anonimato. Significa; Oscuridad. Vale, no es exclusivo ni muy original, pero algo es algo ¿no? Akriel era la líder, por supuesto.


Aunque estaba planeando algo sumamente lejos de nuestro grupo de estudio… A veces pienso lo que habríamos podido hacer, pero estábamos tan borrachos de poder, porque algo cambió nuestras vidas para siempre. Os tengo que ser sincera, yo no soy humana y Akriel tampoco. ¿De verdad os sorprendéis al saber mi edad?

 Mi madre y su madre son las mismas, la misma hada. Supongo que podríamos llamarnos hermanastras, aunque hace años que no me siento nada cercano a ella. Leth tampoco era humano, ni Inial. Por eso fuimos especiales, una rareza entre nuestras razas. Mi padre era un elbo de fuego (algo así parecido a Verena, porque ella también es una elba) Vaya, niña ¿no lo sabías? Me temo que debo dar más explicaciones de las que esperaba…

 Ahora mismo sólo hay siete jóvenes elbos de pura raza. El destino está en vuestras manos, pero hay tres de vosotros de los que se espera más. Bueno, sigo. Akriel se enamoró de Inial, pero él la rechazó más de una vez. Eso la enfureció, quizás demasiado. Y puso en marcha sus maquiavélicos planes. Yo la ayudaba, porque tenía una deuda con ella. Pero algo no encajaba, no iba bien…

 Pensé que quizás eran imaginaciones mías. Leth cada vez estaba más inquieto, porque parecía percibir ciertos cambios. Akriel se estaba volviendo loca. Quería por todos los medios una misteriosa guadaña, y finalmente,un día desapareció.

La busqué, pero no logré encontrarla. Cuando vino, estaba totalmente cambiada. Más hermosa, más… más maligna. Mucho más todo… Notaba algo raro en ella. Y un día decidí espiarla. La seguí. Vi como desaparecía y creo que una de las cosas más horripilantes y misteriosas que he visto nunca… Estaba haciendo un sacrificio pero no uno normal ¡Dioses alados! Estaba despellejando un cadáver humano, y lo echaba a un cazo de agua hirviente.

 Logré robarle un extraño libro sin que ella se diera cuenta. Estuve horas leyendo el libro, quizá días seguidos. Pero lo comprendí todo; Akriel, ahora era una diosa. No cualquier diosa, Clere, la diosa del mal y la oscuridad. Clere siempre ha huído de los demás dioses para no ser destruída. Y era muy bella… La atracción de los hombres, el imán. La encarnación del deseo y la lujuria. Quizá fue esa la perdición de Inial. Le supliqué que se mantuviera a mi lado, pero no escuchaba… estaba como embobado. Lo intenté todo, mantenerlo encerrado, besarle, abrazarle.

 Pero cambió totalmente y no pude hacer nada para evitarlo. Akriel se lo llevó de mi lado y lo cambió, cada ápice de su personalidad. Akriel estaba cada vez más y más enfadada. Intentó acercarse a mi Leth, pero Leth era puro de espíritu, y no le atraían sus sombras… Akriel, ideó un plan. Me secuestró y le digo a Leth que si no le daba una de sus plumas y un poco de su sangre me mataría. Pero no fue lo suficientemente lista… Deshice en llamas la jaula. No estaba a prueba para mi fuego. Já. Cuando conseguimos escapar, Leth se acercó y me besó.

 -Gracias…-me dijo, mientras yo estaba como en una nube.

 Todo fue muy rápido;


 -¡¿No quieres darme lo que te pido justamente?!-oí detrás de mí.-¡Entonces la mantendré encerrada por TODA LA ETERNIDAD en el Limbo Oscuro!-gritó Akriel, a nuestras espaldas. Me lanzó un rayo violeta, pero Leth se interpuso entre el rayo y yo… Desapareció. 

Me eché a llorar, llamándolo a gritos. Hasta que miré a Akriel a los ojos y una sonrisa de satisfacción adornaba su bonito rostro.

 -Zorra. -Saqué un puñal del bolsillo y me rajé la palma de la mano.-Juro con mi sangre que no descansaré hasta matarte y hasta sacar a Leth del Limbo Oscuro. Mi sangre hirvió nada más caer y quemó el suelo. La herida de la palma de mi mano se cerró, haciendo aparecer en su lugar una llama, como una promesa. Cuando procedí a atacarla ya no percibía sus pensamientos…

 -Siempre fuiste demasiado lenta-me susurró ella al oído y con una risa inquietante desapareció de golpe. Tampoco había rastro de Inial. No sé que pasó con él, pero si Akriel se cansó de él, nada bueno, seguro. Desde entonces, busco portales y planeo bien mi venganza…

 Pero allí donde fuera siempre me espiaba un siervo de Akriel. Y no le di importancia, porque francamente soy muy superior a cualquier jovencito con poderes e inexperto. Hasta que perdí a mi hija, no logré concienciarme. Agarré a mi nieta y supe que Nevada estaría bien, pues nunca tocaría un miembro de la realeza si tener que declarar una guerra antes. Creo que ya he contado lo suficiente sobre mi historia.

 Y dime Verena… ¿Qué es eso que llevas en el cuello..?

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