Algo en lo que debo tener un plan.
Verena.
Me levanto, porque acabo de tener un extraño sueño. Me llevo la palma de la mano a la frente, mientras levanto la mirada un poco.
Me sobresalto cuando descubro que los preciosos ojos violeta de Leo me observan. Le acaricio el rostro para asegurarme de que es real, mientras le doy un pellizco en la mejilla.
-¡Ay!-protesta Leo- ¿Por qué haces eso?-me pregunta, cogiéndome de la mano, con ternura.
-He tenido un sueño muy real y quería saber si eras real o seguía soñando, porque eres a veces como un sueño.-explico, con una media sonrisa.
-Ya sé en lo que has soñado-me mira, mientras lo murmura, sonriendo-Y no te preocupes. Tenemos que idear un plan, pero eso ya será mañana.
-¡Es verdad!-exclamo, aún susurrando-¡El examen! Me debo disculpar al señor Sha…
Antes de que pueda decir nada, Leo me besa para cortarme, y me empuja a la cama. Se recuesta a mi lado, sin pedir invitación alguna (aunque mentiría si digiese que me molesta…).
-Vers-susurra a mi oído-Deberías dejar de pensar tanto.
-No puedo evitarlo-respondo, aún atontada por el beso-Me preocupa Shakespeare.
-Está muerto ¿qué puede ocurrirle de malo?-inquiere Leo, con una mueca sardónica.
Le miro seriamente.
-Hay cosas peores que la muerte-explico-Y ni los fantasmas estan a salvo con eso.
-¿Ah, sí?-ahora sí que es cuando se interesa-¿Me lo explicas?
-Claro, de todos modos no tengo sueño-me encojo de hombros.- A menos que tú sí que tengas sueño, Leo.
Leo mete la cabeza en mi pelo.
-Hmpf… No, ahora mismo no-dice, mientras que me susurra en el oído y un escalofrío me recorre la nuca.
-Bueno, todas las almas tienen colores que representan el estado de ánimo de la persona, aunque también tienen un color fijo.-explico, mientras me giro para mirarle, tengo la frente a unos centímetros de la suya.-Aunque, eso puede cambiar, cuando reciben la Llamada.
-¿Qué es eso?-me pregunta Leo.
-Todos los muertos reciben esa Llamada, tarde o temprano (quizás tarde un poco, pero acaban recibiéndola), a menos que tengan un asunto pendiente en la Knik Gael.-digo, mientras me quedo pensativa.-Los Llaman el Mal o el Bien. Hasta que no los llaman, se quedan en una especie de estado neutro.-explico.
-¿Se puede resucitar a los muertos?-pregunta Leo.
Asiento con la cabeza.
-¿Cómo?-me pregunta con los ojos muy abiertos.
-¿Sabes esos cachibaches, los ordenadores?-sigo explicando.-Bueno, tengo una clase que se llama Informática, y tengo que admitir que es muy útil.-sonrío.-El otro día, nos enseñaron a hacer copias de seguridad. Bueno, el método no es tan sencillo como parece-parpadeo varias veces.-Pero si solo quieres una horda de muertos vivientes, no hace falta-añado.
-¿Y lo has hecho alguna vez?-me pregunta.
Asiento.
-Una parte de mi alma está en mi reino, que gobierna este.-digo, sonriendo-Si yo muero, puedo optar a reencarnarme en su cuerpo o morir.
-¿Y cómo se hace?-inquiere, curioso.
-Ahora mismo, no me acuerdo.-explico, parpadeando un poco.
-¿Y qué es tan malo que pueda afectar a los muertos?-me pregunta de nuevo. Esta noche está curioso.
-Puede afectarles si siguen en la Knik Gael (significa, Lugar de los Vivos) la plata, les causa un dolor terrible. Y si estan muertos, pero en el Infierno, el que posea su cuerpo, porque eso lo encadena a él, mientras que no pueden hacer nada por controlarlo. También les produce dolor… -después, le miro.-¿Por qué te interesa?-le pregunto.
-Por si muero algún día, poder quedarme contigo y nunca abandonarte.-murmura, atrayéndome contra él.
-Eso es mejor ni pensarlo.-le espeto en voz baja, con el ceño fruncido.
-Está bien, chica ardiente.-me dice, con una mueca graciosa.
Me río por lo bajo.
-Idiota.-le susurro, cariñosamente.-¿Me cuentas lo que ha pasado?-le pregunto yo. Ahora me toca a mí ser la la curiosa.
Empieza hablarme del dios luminoso ese, a medida que habla cada vez más, empiezo a atenderle, porque, esto debe interesarme a la fuerza, ya que estoy más que involucrada.
-Y Collix se ha quedado despierto para ver si le llega alguna información o visión más-concluye Leo.
-Entiendo, así que... ¿Mañana lo vais a decidir todo?-inquiero.
-Lo vamos a decidir todo los dos. Te voy a dar una cosa, Vers-dice, susurrándome. Se quita un anillo de la mano. Lleva un curioso semicírculo y al lado, lo que parece ser una estrella de nueve puntas. Me lo pone delicadamente en la mano.-Con esto, siempre estaremos conectados.-explica.
-Vaya...-susurro, tocando el anillo.-Es precioso, pero no tengo nada que ofrecerte.
-Tu presencia, ya es sólo un regalo para mí. Nunca permitiré que te hagan daño...-dice, concluyendo con un apasionado beso, al que tengo que ponerle sus límites.
-Aún no estoy preparada-le susurro.-Cuando lo esté, te lo diré. Lo prometo.
-Tranquila...-me susurra-Nada más disfruto de ti.
Cierro los ojos, y cuando me quiero dar cuenta, ya estoy en el mundo de mis sueños...
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