lunes, 4 de diciembre de 2017

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Para estar vivo hacen falta
algo más que suspiros,
para estar vivo necesitas
paciencia y muy altas
convicciones.
Habito un cuerpo dormido,
el de una mujer que no sabe
lo que quiere ni cuando lo
quiere, el de una que ha sufrido.
¿De qué me sirve hacerlo,
si lo que yo siendo lo es vida,
sino un conjunto de circunstancias
que me hacen estar muerta por
dentro?
¿Qué vida es esta que ya no vivo?
¿Qué sentido es haber sido, si ya no
se es?
De la carencia sale mi experiencia y
de ahí, mi pérdida de inocencia.

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