martes, 9 de octubre de 2012

Teatro: El mejor momento para dejar de ser yo por un ratito

-Joder, Borja ¡qué alto eres!-exclamé estando frente con frente con mi guapisimo y nuevo compañero de teatro.  No penséis mal, no es que nos estuviéramos besando ni nada parecido. Era un ejercicio de contacto con el compañero, para "conocernos mejor". Nadie podía separarse del compañero, ni tampoco tocarlo, sólo estar frente con frente-¡AAH, NOS VAMOS A CHOCAR!

Él se rió y me dijo (con su bonito acento gallego):

-Tranquila, yo te aviso-susurró después de reírse.

Creo que le parezco graciosa o que le caigo bien (al menos eso creo). Os explico. Es un chico muy simpático y gracioso. Tiene el pelo negro y los ojos claros (no sabría decir exactamente de que color), y 19 años y como ya he mencionado antes, es muy alto. Con este chico me han tocado dos veces hacer el ejercicio, y no ha estado mal, es entretenido hablar cuando estas sintiendo algo que te presiona la frente.

Total, que he ido a teatro de nuevo. Mi sorpresa ha sido mayor al descubrir que haríamos más el ridículo que el año pasado. He tenido que hacer de muerte (debo añadir que era una muerte con prisas y con ganas de matar al Papa) y de naúfrago, hacer expresión corporal con poemas (que casualidad QUE SIEMPRE me daba el libro para leer Borja, será @#*!_- ¡¿no hay nadie más para hacer el ridículo?!…) y hacer una improvisación sobre una pinza.

Sí, sí. Las de toda la vida, las de tender la ropa. He culpado a una compañera de que me ha tirado una pinza en la cabeza. He estado a punto de denunciarla, sí. Estaba echándole las culpas al gato. Madre mía…

Eso sí; la que me ha gustado más ha sido la de unos compañeros, que no sé como ha acabado uno amenazando a la otra con ponerle una pinza en el pecho (la compañera tiene 60 años…)
Total, teatro, el mejor sitio para dejar de ser yo por dos horas.

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