domingo, 21 de octubre de 2012

Sueño.

Cuando el príncipe Ordis entró a la sala, un ejército de cortesanos lo seguía.

Sus ojos castaños refulgían y en cada movimiento que tenia, su cabello se movía. Sonreía de una forma altiva, como si no tuviera nadie más importante que hacer que observar a su persona.

La sala de palacio era hermosa, cortinas de terciopelo rojo y en llamas, pero éstas no hacían ningún tipo de daño a las personas de la sala, porque estaban dominadas por la princesa Fire, que descansaba sobre un trono, con actitud alicaída. La rodeaba un séquito de cortesanas, a cada cuál más bella, pero no superaban la belleza de Fire.

Fire tenía una larga melena castaña rojiza que le llegaba por encima de la cintura. Su cabello era lo que cuidaba con más esmero.

Pero no era eso lo que llamaba la atención en ella, sino sus castaño-rojizos ojos, que ardían con una llama constante.

Era pálida, con una piel como la porcelana y tan hermosa como una tarde otoñal, y con tan solo 16 años que contaba, habían demandado su mano demasiados príncipes y caballeros.

Pero tenía el corazón roto. Miró a la ventana de su derecha, suspirando y volvió su mirada al joven príncipe.

-¿En qué puedo serviros, príncipe Ordis?-preguntó ella, aunque tenía más que supuesta la respuesta.

-Vengo a pediros vuestra mano-respondió éste, poniéndose de rodillas.

Es cierto que había algo en ese chico que el resto no tenía, pero no podía entregarle su corazón así como así. Además, no necesitaba a ningún varón gobernando con ella.

Era apolíneo, de eso no cabía duda. Rubio, ojos castaños y vivaces y quizás con un algún que otro toque pícaro en su mirada.

Portaba una armadura color cobre con un cito dorado, en el cual descansaba la empuñadura de su espada, dorada, y su hoja de un color plateado. Fire tuvo que admitir, que le hacía mucho más apuesto.

-¿Y por qué debería entregaros mi mano?-preguntó Fire.

Él se demoró unos instantes en responder.

-Porque tengo un remedio para curaros, Fire-contestó él, con una media sonrisa.

-¿Para curarme?-preguntó ésta. Ordis se quedó observando su bello y melancólico semblante.

-Sí.-contestó-Para curar vuestro corazón roto.

Fire no dijo nada ¿cómo sabía él que..?

-Lo noto en vuestros ojos-respondió él, como leyendo el pensamiento de Fire.-Estáis semirota. Y yo puedo ayudaros.

-¿Qué remedio me ofreces, caballero?-inquirió Fire.

-Amor.-contestó éste. Fire abrió la boca para replicar, pero Ordis la cortó antes de tiempo-No me rechacéis tan rápido y dejadme conoceros y que me conozcáis, para sólo demostrarlo.

Fire suspiró. No entendía el afán del muchacho.

-Está bien-accedió ella.-Concedo que seamos amigos. Por ahora.

-Bien-sonrió Ordis, orgulloso de si mismo…

No hay comentarios:

Publicar un comentario