Hoy se me declaró don Quijote,
con Sancho Panza vino, y su
Dulcinea me llamó.
Pero una treta artificié, le pedí
el burro de Sancho a cambio
de irme yo con él.
Escapé, y me encontré a Romeo
y Julieta, dándose el lote, mientras
Capuleto y Montesco hacían una
orgía de reconciliación pasional.
Me alejé de esa locura desinhibida,
y corrí a refugiarme entre los brazos de Celestina, pero ¡puta vieja! Quería venderme, a Calisto
porque su Melibea no le daba amor.
Al final decidí salir de la fantasía,
porque al final, no hay nada más
seguro que la realidad.
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