Estoy aprendiendo una canción.
No es una canción cualquiera, y valga la redundancia (casi todas las canciones tratan de eso), tampoco trata de la vida de mierda que tengo (que no es así).
Estoy aprendiendo una canción. Cada vez que toco las cuerdas del bajo, la melodía, aunque el instrumento sea rítmico, no deja de sonar en mi cabeza, y no puedo evitar moverme a su son.
La canción es complicada, mas, ¿qué más dará? Si no nos arriesgamos a hacer cosas complicadas, puede que nunca avancemos, y si lo hacemos, sea a paso de tortuga.
A veces la canción puede ser pesada, pero hermosa. Siento como si me invadiera las entrañas, aunque al menos sé que tocarla merece la pena.
Cuando la toco, el flujo de la música me quema por dentro, y me duele, me duele porque puedo escuchar también música totalmente contradictoria y embote mis sentidos.
Puede que por culpa de esta canción pierda la noción del tiempo (a veces el ayer me parece hoy y el hoy ayer), y mi Yo vs Superyo, sale al exterior, haciendo una pelea rítmica y milenaria, cruzando aceros.
A veces, cuando creo que ha ganado uno, dejo de tocarla. Pero a veces sólo sirve para que vuelva la canción con más fuerza y por ende, también la lucha milenaria.
Por eso a veces me escondo, y tengo miedo, miedo de que alguien descubra mis canciones y miedo de no acabar nunca con la lucha.
Pero no puedo dejar de tocarla…
Creencia suena en mis tímpanos y Amor surge en mis dedos…
Puede que sea valiente, pero hasta el más valiente guerrero, tiene miedo de sus sueños y de qué podrá ocurrir tarde o temprano.
Puede ser que más temprano que tarde…
Porque, esto es autodestruirme y la Guerra vs yo, comienza ahora.
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