-No sé cuanto llevo sentada mirando al cielo.
¿Horas, minutos, días? No lo sé, a ciencia cierta eso de contemplar tu propia alma mirando al cielo, haciendo que tus ojos sufran por la luz del sol, autocastigándote, pasa muchísimo más rápido de lo que uno cree.
Siempre que he orado me ha escuchado. De un forma u otra, me ha escuchado. Le pregunté si lo que hacía estaba mal. Me envió a una persona como señal (no voy a decir su nombre, pero creo que se sabe, y si lo lees, perdona que sea tan cursi...) y le pedí consejo y me dijo que no, que no era malo, que nunca estuvo mal. Creo que ha sido la que más puntos ha conseguido para que una parte de mi yo gane.
Pero, no sé si realmente quieres esto Tú. Nunca me has dado una señal como si fuera esto que me pesa en la conciencia esté mal. Creo que puedo decir de eso, que no crees que lo que esté haciendo está mal, me doy cuenta de que esto que está pasándome algunas veces es contradictorio a Ti, en muchos casos.
Pero yo no quiero renunciar a Ti. Me has acogido cuando estaba sola, me has escuchado, me has respondido y muchas veces me has dado lo que te he pedido.
Aún así, el amor también me ha hecho que me despierte esa parte dentro de mí, una parte que desconocía (muchos dirán que un un monstruo, pero no creo que lo sea) y que pensé que esa parte no existía.
No puedo Renunciarte. Pero tampoco puedo renunciar a lo que soy...
Tú eres el Único que tiene las respuestas de las preguntas que me hago, o quizá el otro también.
De todas formas, gracias por escucharme.
Sonrío y miro al cielo, dejando que la luz del sol me acaricie suavemente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario