martes, 10 de julio de 2012

Mi propio reino (XXII)

Partiendo en dirección del portal.

Erael.

Estamos caminando detrás de Leo, que no sé a dónde nos lleva. Todavía no estoy muy convencido de este chico, me cae mal y quiero cortarle a cachos, empezando a arrancarle cada pelo de su pelirroja y estúpida cabeza, me encantaría arrancarle los ojos y dejarlo a oscuras para hacer que esté como en casa y meterle una onda aérea por el...

En fin, dejemos esos sádicos pensamientos a un lado. Sigo pensando que puede que nos esté llevado a una trampa, apareciendo así tan de improviso en nuestras vidas y acercándose cada vez más a Verena, cosa que me sigue pareciendo un poco sospechoso. 

Veo a Verena lejos de todo el mundo, fría como el hielo y nunca la he visto así, así de callada y no corriendo como una chispa de fuego que se propaga... Es como si alguien la hubiera apagado, hubiera soplado en su corazón y hubiera apagado su corazón de fuego. Desde que tiene los ojos rojos y vino con esa guadaña de su misión la noto muy cambiada. No tiene expresión en su cara, nula, cuando siempre tenía el ceño fruncido por sus pensamientos o con una sonrisa que se le escapa a veces. Pero no, incluso Nevada ha intentando hablar con ella y ha dicho que no quiere decir nada, que había bloqueado su mente con un escudo de hielo.


Bueno, pues puede que a Nevada no le diga nada, pero como me llamo Erael que a mí sí. Veo como Leo mira haca atrás y me observa, frunciendo el ceño. Después mira hacia su derecha y observa a Verena, suspira. Yo también, creo que pensamos en lo mismo. En fin, que le den.

Me voy acercando a ella entonces, para hablarle y saber qué le pasa.

-Verena.-digo yo, para que me mire.-¿Qué te ha pasado en los ojos?

-No quiero hablar de eso-sigue mirando al frente.

-Es que parece peor que una conjuntivitis ¿con qué te has drogado?-digo yo, sonriendo. Veo como alarga la mano para darme un manotazo. Pero soy más rápido y la paro en el aire. Le cojo la mano y hago que me mire.-Cuéntame qué te pasa.-hago que pare de caminar, para atraela hacia mí.

-No quiero hablar de eso-repite, en el mismo tono de voz frío. Es cuando la atraigo más hacia mí y le levanto el mentón.

-Cuéntalo.-casi le ordeno. La miro un momento a los ojos y se separa, sonrojada. Yo dirijo mi vista al cielo.-Dilo, así te sentirás más liberada.

-Pues verás...-me mira con esos ojos mitad castaños, mitad rubí.-Esto pasa cuando uso a Zar'äecka-dice, mientras se los señala.-Ya sé que pareceré un monstruo... Pero son los efectos secundarios de usarla.

-¿Dónde la encontraste?-le pregunto yo.

-No la encontré-explica ella-Zar'äecka me encontró a mí.

-Parece muy poderosa-murmuro yo, mirando su colgante.

-Lo es...-contesta Verena.-Por eso le tengo tanto miedo. No sabes lo que se puede hacer con ella.-suspira- Soy el puente entre la vida y la muerte, Erael...

-¿Qué significa eso?-le pregunto.

-Que puedo controlar a los muertos, puedo... devolverlos a la vida, si a eso se le puede llamar vida-sonríe, con amargura.-Invocar a los muertos, y no sé, algo más.

-¿No sabes?-exclamo yo-¿Cómo no debes saberlo, si es tu poder?.
Me mira de forma que sé que es mejor no indagar en ese tema.

-Porque me gusta usarla.-susurra, y sé que no debo preguntarle más.

-¡Ya hemos llegado!-grita Leo, delante de lo que parece un agujero negro. Cojo la mano de Verena, y la conduzco hasta él. Somos los últimos en entrar. Vamos de dos en dos y cuando llego a la otra dimensión...

Sólo diré que he visto caballerizas abandonadas con mejor olor que esto...

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