El rey de los vientos.
Erael
-Erael-me nombra aquella voz neutra, y noto como me mira Verena. Parece asustada como si la hubiera llamado a ella misma. Ella es mi debilidad, y he visto que su cara de preocupación es verdadera. Ahora veo a Leo como la mira y me dan ganas de mandarlo lejos. No voy a permitir que me pise el terreno, no, aún no he perdido, ese estúpido oscurito no sabe quien soy realmente, además, hay algo en él que no me gusta nada...
Doy un paso al frente, esperando que se abra esa brecha que he visto como cuando le tocó a Ventisca. Está muy cambiado, como si la prueba le hubiera hecho cambiar de repente. Sonríe y se lleva bien con Verena, lo impensable, vamos.
-Ten cuidado o me quedaré sin saco de boxeo-me dice Collix, a lo que le respondo, sin poder evitarlo, con una sonrisa.
-Es curioso que tú me llames saco de boxeo, cuando el único que recibe los golpes eres tú.-le contesto, sonriendo de una forma casi imperceptible. Entonces, me despido de ellos con un gesto.
Se abre la brecha debajo de mis pies y observo como voy cayendo. Me dejo caer, y veo como poco a poco comienza a haber luz.
Observo dónde estoy, parpadeando. Es una especie de desierto. Cactus, un calor insoportable, que sólo un cálido podría haber soportado. Yo tampoco lo habría soportado, si no es por algunos trucos que me enseñó Verena, además, que puedo absorber perfectamente el calor si lo quisiera.
Cuando escucho la voz neutra, un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Tan impersonal y sin alma es algo que pone los pelos de punta a cualquiera con sangre en las venas. Siento un gélido aliento cuando lo dice.
-El rey será coronado.-dice la voz-no te fíes de tus miedos, no confíes en el enemigo, ni en el ser más querido.
No sé a que se refiere, pero tampoco puedo entretenerme mucho, porque quiero salir de aquí lo antes posible, así que despego, elevándome entre las nubes con mi viento, para dirigirme rápidamente hacia otro lugar, viendo desde arriba el lugar donde estoy.
Me quedo mudo de asombro cuando veo que no tiene fin este maldito desierto. Veo como se van levantando los vientos.
-Me parece que alguien se le ha escapado una ventosidad...-murmuro. Me río de mi propio comentario por lo bajo, pero dura poco mi risa, porque me acuerdo inmediatamente de cuál es mi situación
Un huracán se dirige hacia a mí de forma que todo lo que hay en el suelo vuela, y con lo cual, también viene en dirección. Estoy apunto de ser engullido por esa masa de aire tan poderosa, pero me concentro.
Me cuesta concentrarme porque la fuerza del huracán es devastadora, pero al fin puedo... Estoy cansado y no sé cuando aguantaré, pero seguiré intentándolo antes de ser tragado por el huracán. El huracán va perdiendo fuerza, así que, cuando no es más que un remolino, lo absorbo, para recuperar energías.
-Soy...-murmuro mientras voy cayendo al suelo, como una pluma mecida por el viento- ¡Soy el nuevo rey de los vientos!-grito a toda voz, riéndome a carcajadas. Cuando estoy ya en el suelo miro y no hay nada a mi alrededor-¿Nada? ¿Ya está? ¿Eso es lo mejor que puedes hacer?-le espeto en voz alta a la voz.
Noto algo a mis espaldas, y cuando me giro y lo veo, trago saliva y me dan ganas de volver atrás en el tiempo y cortarme mi propia lengua. Esto me pasa por hacerme el listo.
-Oh, oh...
Una masa oscura y asquerosa con forma monstruosa y sólo dos esferas como supuestos ojos, una dorada y una oscura, se hallaba ante mí. No puedo hacer nada cuando me engulle.
Me encuentro encima de un barco. Veo a un ser amorfo y oscuro que hace ademán de atacarme, pero le lanzo una onda aérea que lo deja KO, o eso me parece a mí...
-Jodido bastardo..-susurro yo, dirigido a la voz, antes de vomitar por la borda. Aun con sabor a bilis en el paladar, me giro para saber como salir barco.
Me encuentro cara a cara con Leo.
-Ya sabía que era una trampa.-mascullo yo en voz baja. Cojo aire, me elevo en el cielo y le dirijo unas cuantas ráfagas de aire.
El se ríe a carcajadas.
-Tendrás que esforzarte para vencerme, hechicero-me espeta él, así que le lanzo una bola de energía con todas mis fuerzas, que lo derriba al suelo-Porque yo... Haré lo que sea por arrebatarte a Verena...
-¡Jamás me rendiré tan fácilmente!-le digo, gritando de puro odio, y éste se va desintegrando, no sin oír una de sus carcajadas malévolas.
La masa oscura va reformándose de nuevo y veo como va tomando la forma de Verena.
-¡Ven! ¡Sé la forma de escapar de aquí!-me dice ella- ¡Sólo debes mantenerte en el barco!-se acerca a mi y me besa. No sé por qué, algo en el organismo me dice que no es ella, me produce repulsión esta Verena, me asquea, como si estuviera llena de algo que fuese solo odio. Así que la empujo con todas mis fuerzas.
Recuerdo su forma de pegarme cuando la enfado,como sonríe cuando se enfurruña como una niña pequeña, sin poder evitarlo y lo victorioso que me siento cuando se ríe por mis bromas.
-Tú no eres mi enana.-digo yo, con una expresión lúgubre y absorbiendo toda su energía.-Adiós, monada...
Cierro los ojos, y con el viento, consigo cargarme el barco fácilmente, algo que jamás hubiera podido hacer. Libero un huracán que se lleva todos los trozos.
Una luz me ilumina solamente a mí y noto que soy succionado, hacia mi verdadero mundo. Toda esta experiencia me ha dado que pensar... Tengo que investigar a Leo, y no pienso rendirme tan fácilmente con Verena.
Nada más aparecer delante de mis amigos, noto como un objeto volador no identificado, también llamado Verena, se abalanza sobre mí, de un modo que hasta me derriba y caemos los dos al suelo. Me río y ella también, para las caras perplejas de mis amigos. Observo como me mira Leo, con celos y desprecio infinito, y con una mirada pretendo decirle que no pienso rendirme, y que no me fío de él.
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