lunes, 9 de julio de 2012

Mi propio reino (XXI)

El mayor miedo de la reina de fuego.

Verena.



-Verena-dice la voz neutra. Ya me estaba hartando de tanto esperar, pero según dicen, lo bueno se hace esperar. Veo como Erael, Nevada y Leo me miran. Niego con la cabeza, como para quitarle importancia. En fin, Karya me hace un gesto de buena suerte. Collix me recuerda algo que tiene que ver con mi ropa interior, pero lo considero irrelevante, así que lo ignoro. Ventisca, que está para mi sorpresa últimamente de lo más cortés y amable conmigo, me da un abrazo al puro estilo de los caballeros de hielo. Y Sheanne es el que más lo hace, normalito. Me da la buena suerte de la forma típica en todos lados. Hasta en tu mundo imaginario, fíjate, tan práctico él. 


Agarro el colgante que está en mi cuello, y desprende la escalofriante punzada eléctrica que da siempre que lo toco. Tiemblo un poco, porque aunque sé que está para protegerme y para defenderme, me sigue dando miedo usarla. Es demasiado peligrosa, y más en mis manos, pero ahí está.


Doy unos pasos al frente, esperando que la dichosa brecha se abra debajo de mí. Y cuando lo hace, no hago más que caer ¿para qué chillar, por el amor de todos los Dioses? Todo el mundo es consciente de que te estás cayendo, como si fueras algún desecho, un desperdicio de la sociedad.


Bueno, no me voy a poner filosófica y voy a concentrarme para ver dónde estoy cayendo. Me muerdo mis labios, que están resecos, y poso mi mano derecha sobre en la empuñadura de Nefrëak


Estoy en una isla desierta, aparentemente normal, pero ya sé por la experiencia que de lo que no me tengo que fiar nunca es de las cosas normales, porque suelen ser las más traicioneras. Bueno, comienzo a caminar por la isla, deseando saber que es lo que me espera en ella, porque, por ahora es de lo más aburrido. Hace tiempo que no corre mi vida en riesgo ni ningún peligro.

Noto un aliento frío, como si fuera un el aliento de un gigante, a mis espaldas. Me pregunto si se habrá lavado los dientes....

-Cosechadora de almas, vence a tu peor miedo.-doy un respingo cuando la voz neutra dice eso- reina del fuego y de los infiernos, salva sólo a uno de ellos, usando tu fuego.

Cuando la voz se apaga, frunzo el ceño un poco. Me encojo de hombros entonces, y prosigo caminando.  Bueno, aquí no hay nada interesante por ver. Sigo subiendo, para ver más a fondo la isla, y encontrar qué es lo que la voz neutra me ha mandado hacer. Por ahora es todo corriente, y no me sigue gustando las cosas corrientes. No sé, es que lo es demasiado y tengo por costumbre no fiarme de las cosas corrientes a primera vista.

Hmmm... 

Ahora sí que voy a divertirme...

Desenfundo a Nefrëak cuando veo como aparecen unos séis esqueletos frente a mí. Tarea fácil. Están armados con lo que parece ser una... ¿katana? No sé, pero soy rápida y paro los golpes de uno de ellos, mientras Nefrëak chamusca con mi fuego a uno de los esqueletos que estaba a mi izquierda. Así sucesivamente, hasta que no queda ninguno.

Sigo avanzando, sin enfundar todavía a Nefrëak, por si me encuentro por algo más... ''peligroso'' o lo que la voz neutra considera que es peligroso y mi miedo para que yo me supere cada vez más. En fin... Las voces neutras de hoy en día están muy malcriadas, y no atienden en clase.

Voy mirando al frente y veo una cosa que me pone el vello de punta, desde mi cabello, hasta el último lugar íntimo que existe un mínimo vello en mi cuerpo. Sé que suena mal, pero es así.

Es una versión mía, cubierta de sombras y vestida puramente de negro, como yo, pero con una armadura negra brillante y una falda negra. Sonríe de una forma siniestra y tiene ésa cosa en la mano. Me llevo deprisa mi mano izquierda a mi cuello y tanteo, noto como está ahí y suspiro. Entonces ¿por qué ella tiene una réplica exacta de ésa cosa?

-¿Quién eres?-logro preguntar yo, con un tono de voz quebradizo. Noto como estoy temblando por el miedo.

-Soy una versión de ti mejorada.-me contesta ella, con mi voz. Porque no es una cualquiera es mi voz, que es lo más espeluznante de todo...

-No lo eres-mascullo yo-Estás cubierta de sombras y tu alma está sucia.

Me sonríe y se acerca a mí.

-Descubrí mi poder y lo saqué a la luz, por eso soy mejor que tú.-se mofa ella.-Sólo puede quedar una en pie ¿estás preparada para luchar contra mí, hermana?

-No soy tu hermana.-digo, preparándome para su ataque. Tiene los mismos puntos débiles que yo, así que supongo que estaremos en igualdad de condiciones.

Procede a atacarme no con Nëfreak, si no con ésa cosa. Paro los golpes de la cosa con Nefrëak. Pero es demasiado fuerte para Nëfreak, noto como mi espada sufre. Pero tiene que aguantar un poco más, sólo un poco...

-No me gustaría resquebrajar a tu bonita espada-me dice-¿Por qué no sacas a Zar....

-¡No!-la corto entonces, con un grito de guerra  y cargo contra ella. Pero por el bien de mi espada me estoy planteando sacar a ésa cosa. Así que, rápidamente la guardo, y con un gesto rápido, me arranco del cuello el colgante y lo giro en la palma de la mano: Zar'äecka. Ésa es la primera palabra que me viene a la mente, cuando mi mano agarra mi arma más terrorífica y mortífera, la mano de muerte. Agarro como puedo a Zar'aëcka. Hace tiempo que no la tenía en mis manos, al menos no transformaba, y olvidaba como me sentía de verdad cuando tocaba a Zar'äecka. Es una sensación de lo más aterradora, ya que tengo el poder para elegir entre la vida y la muerte en mis manos. Y no sé, pero es sentirse rara con ella en las manos... Es una guadaña, plateada, hermosa y resplandeciente, como la que tiene la muerte...

-¿Ves?-me dice ella, cruzando un golpe con mi Zar'äecka y la suya.-No somos tan distintas, después de todo, yo soy la parte oculta de ti.

-¡Tú no eres ninguna parte de mí!-exclamo, enfurecida. Hago un movimiento que la distrae y clavo mi Zar'äecka al suelo. Con un fuego infernal, se abre una brecha sobre nuestros pies.

-¡No!-grita ella, como leyéndome la mente.

-¡Akä êta neka Rá Verena, infer south ate ma!-grito yo, haciendo caso omiso de sus súplicas- ¡¡Akä êta neka Rá Verena, infer south ate ma!!-unas manos negras y muertas la cogen de los pies, tirándola hacia el interior de la brecha, a pesar de sus súplicas y gritos...- Të, infers south...-mascullo yo por lo bajo, recuperando el aliento. Me apoyo en Zar'äecka como puedo, recuperando el aliento. Dime que ha terminado todo, voz neutra, por favor, dímelo... 


No me queda más remedio que avanzar apoyada en mi guadaña mágica, porque estoy demasiado cansada. Voy subiendo por la ladera que hay cerca y oigo como un rugido que viene de lo más profundo de la tierra, así que voy subiendo lo más rápido que puedo, que mis fuerzas me permiten. Encuentro una especie de lago y me mojo un poco la cara. Me miro a los ojos y suelto un gran suspiro. Tengo los ojos mitad rojos, mitad castaños. Mierda. Está pasando otra vez, como siempre que uso a Zar'äecka mis ojos mutan temporalmente, como si en ellos tuviera sangre de lo más concentrada. Supongo que viene en el lote lo de parecer aterradora. Suspiro un poco.


Minutos después, llego a la cima de una montaña, en la que hay un volcán a punto de erupcionar... Pero en lo que me fijo es en que...

¡Erael, Leo y Nevada están colgados se una cuerda con las bocas tapadas con un pañuelo! Espera... Hay alguien más colgando...


Un momento, es... ¿mi padre? Sí, reconocible en todos lados. Calvicie incipiente, cabello color castaño rojizo, como el mío y ojos castaño verdosos. Inconfundible. Pero está muerto, ¡no puede ser!

No tengo tiempo para pensar si esto es posible o no, ¡debo sacarlos de ahí!

<<...reina del fuego y de los infiernos, salva sólo a uno de ellos, usando tu fuego.>>


O sea, ¿que debo elegir entre uno de los cuatro? ¿Y el resto se matará? Tiene que haber algo más...


Un momento, tengo más poder que el de mi fuego, ya está...

Giro a Zar'äecka en mis manos, y me ocurre una idea. Clavo a Zar'äecka en el suelo, creando una brecha en el suelo.


-Alëk succione letta.-murmuro, todavía sin fuerzas. Después, aparto a Zar'äecka de el suelo, y apunto con ella a la lava. Lanzo una llamara a la cuerda de mi padre, y unos carámbanos de hielo cortantes hacia el resto de las cuerdas, mientras la lava es absorbida por la brecha.
Suspiro un poco y abro la boca para decir algo,a mi padre, pero no me da tiempo y veo como él gesticula un ''Te quiero'' o lo que creo que es eso...


Aterrizo de un movimiento limpio delante de mis amigos, cuando noto que todavía tengo a Zar'äecka en forma de guadaña en mis manos. Todos la miran sin saber que decir.


-Tus ojos...-susurra Nevada.


-Están...-articula Ventisca.


-...¿rojos?-asiento con la cabeza-Lo sé.-hago un gesto con soltura, girándola con un movimiento hábil en mis manos y se va transformando en el colgante en forma de guadaña negra y gris con alas que tengo.


-Dijiste que te lo regaló tu padre-gime Nevada.


-Mentí-le corto.-No es algo que me gusta contar.


-¿Por qué?-pregunta Erael.


-Porque no.-mascullo yo.-Vámonos, ya hemos terminado aquí.


Echo a caminar, sin saber muy bien a dónde voy. Aprieto los labios un poco, y de pronto me acuerdo que tengo que reparar a Nëfreak. Creo que esta experiencia me ha servido de algo... Me siento invencible, por tanto soy invencible, pero, lo que es peor...
Me siento como un monstruo, por tanto, soy un monstruo...


Noto un escalofrío en mi nuca, lo que me hace pensar que me están espiando. Miro hacia atrás, pero no veo nada. Supongo que serán imaginaciones mías, estoy demasiado nerviosa para pensar con claridad...

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