lunes, 2 de julio de 2012

Mi propio reino (XIII)

Leo, el Oscuro.


Nos hemos encontrado cara a cara con un chico no mucho mayor que yo, que me mira con una sonrisa, mientras observo sus extraños ojos violeta. Se retira el pelo rojo con un gesto, y se queda apoyado en su bastón oscuro, lleva un traje de cuero y una bufanda roja. Su sonrisa es encandiladora, perfecta, tanto que me cuesta resistirme a dejar de mirarlo...

-¿Quién narices eres tú?-espera sin compasión Erael, al ver como me mira.
-La pregunta es... ¿Quién no soy yo?-se ríe el chico pelirrojo. Yo sigo mirándole, mientras giro la cabeza.
-Eres uno de los personajes del libro... ¡Más bien varios personajes!-exclamo yo.
Me hace una reverencia.
-Sois muy lista, reina Verena-me sonríe.-Os reconocí al instante.-me hace una reverencia, sin dejar de sonreír.

-Eres... eres... ¡Tú!-exclama Collix al verle, y su cara refleja una expresión de odio suprema. Nunca lo he visto así. Carga una bola de luz en sus manos, y Sheanne y Erael lo tienen que sujetar para que no se lance contra él-¡No lo entendéis! Es...

-Eso me gustaría saber, ¿quién eres?-pregunta Sheanne.

 El  chico pelirrojo sigue manteniendo el contacto visual conmigo.

-Es...-empieza Collix, mientras le sigue mirando.

-Leo, el Oscuro-murmuro yo, sin saber muy bien de donde proviene su nombre, pero  que lo tenía grabado en la mente.

-¿Cómo sabes quién es?-pregunta Nevada, mirándome sorprendida.

-No lo sé-susurro.

Leo camina hacia nosotros, los chicos se abren paso, pero le siguen mirando. Leo se acerca a mí y me mira a los ojos. Yo miro sus ojos violeta, como absorta.Hace ademán de tocarme y... Erael se coloca entre nosotros.
-Ni se te ocurra tocarla.-dice con tono desafiante.

-No era mi intención, chico.-contesta con el mismo tono. Se quedan los dos serios, como gallitos de pelea a punto de luchar entre ellos.

-Bueno ¡basta ya!-digo, para separarlos.-No nos conocemos ¿no, Leo?-le pregunto.

-Aún no.-dice Collix para responderme.-Pero lo harás.

-Oh...-exclama Nevada, tapándose la boca con la mano.-¿Estás seguro, Collix?

-Totalmente-dice Collix, serio.-Lo he visto.


-Yo sigo sin entender nada-dice Karya.

-A mí tampoco me gusta no saber las cosas-protesta Ventisca.

-Yo soy el motivo de que hayáis venido-contesta Leo, a todos.-Porque yo fui quien abrió el libro, y me quedé atrapado en él.-se gira sobre sí mismo.-No tenía modo de salir. Así que, me ha tocado interpretar los personajes ''secundarios''-dice, marcando las comillas con los dedos.-Pero no es lugar de hablar de esto aquí mismo, nunca sabes quién te puede escuchar desde las sombras...

Mueve su bastón con un gesto, y nos envuelve un manto de sombras, que pone nervioso a Collix, así que lo agarro de la mano. Pero me suelta rápidamente.
-No necesito protección-me dice-Soy todo un machote...

Ahogo una risita, cuando llegamos a una especie de refugio oscuro. Leo nos abre la puerta y me dice:
-Las damas primero-susurra, con voz suave.

-Gracias.-le digo yo.

-Después, el resto.-dice, haciendo una mueca en dirección a Erael.

Noto como una corriente de aire se levanta en la sala.
-Erael, cálmate.-le dice Collix, dándole unas palmaditas en el hombro.

-Podéis sentaros donde queráis.-señala unos sillones, de cuero.

Así que tomamos asiento, y lo miramos largamente.
-¿Nos vas a decir quién eres ya?-es el Sheanne el que se atreve a preguntar primero.

-Soy Leo. Príncipe y heredero de los oscuros-explica él.

-¿Y por qué estás aquí?-pregunta Nevada.

-Porque escapé del reino de mi madre. Era malvada, y quería que yo también lo fuera-explica él.

-Así que... un príncipe oscurito ¿eh?-dice Collix, mientras lo sigue mirando, desconfiado.

-Así es.

-Permite que desconfíe de ti-le dice Erael, mientras lo sigue mirando.

-No me importa viniendo de ti-replica Leo. Parece que esto es odio a primera vista.

-¿Y puedes explicarnos tu situación?-pregunta Ventisca.

-Entiende que queremos saber más de ti-añade Karya.

-Está bien-responde Leo.-Así que, queréis saber mi historia.-Carraspea y comienza a narrar:

>>Soy del país de los Oscuros. Soy la excepción entre mi raza y siempre lo he sido, desde que era pequeño  siempre tuve enemigos, pero mi peor enemigo lo tenía en casa, qué duda cabe.
Mi madre, me instruyó en la magia y en la lucha, desde pequeño. Me enseñó cosas como protocolo también, puesto que sería el futuro rey, además de que me necesitaba para su propio beneficio.

Desde los cinco años he sido una marioneta de mi madre, porque, aprovechándose de mi poder y fortaleciéndolo, era capaz de intimidar a el enemigo. Ya cuando cumplí los diez años, era un soldado obediente, perspicaz e incluso superaba con creces a los soldados mayores que yo, mucho mayores...

Mi madre hizo que... Bueno, asesinara mucha gente inocente, gente que no había hecho nada y gente que sí... Tengo un poder... Bueno, sólo con una mirada puedo hacer que alguien se rinda ante mí, es decir, le puedo infundir tanto dolor con una mirada de mis ojos violeta -se toca los párpados- y verá, todas las tinieblas de mi corazón, pueden incluso que mueran por el dolor que esto hace. Con esto, mi madre siempre me utilizó para conseguir lo que quería, era su arma más eficaz, más terrorífica.

Pero un día... Escapé. Debido a una conversación que oí entre el consejero real y mi madre:

-¿Qué hará, mylady, cuando el muchacho crezca y sea totalmente consciente de sus actos y pueda tener total libertad? ¿De verdad piensa arriesgarse a que le traicione?

Me sorprendió como le respondió mi madre, a la que pensaba que me quería, que me había criado porque me amaba y me había enseñado todo lo que sabía por puro amor.

-Yo lo cree.-respondió ella, con una sonrisa siniestra-Así que, estoy en total derecho para poder destruirle.

Cuando huía, decidí emendar todos mis errores, empezando por el libro -dice, señalando el libro de cuentos que descansa sobre el regazo de Erael- porque, fui yo quién lo abrió y encantó, así que debía ser yo quién lo cerrara.
Pero estaba solo, así que no puede hacer nada y me quedé atrapado en él, no sé cuanto tiempo, quizá días ,meses, años. No soy consciente del tiempo que pasé en ese libro.

Y ahora, me dirijo a mi próxima misión. Cerrar el portal que abrí a otra dimensión.

Pero no puedo hacerlo solo.


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