sábado, 30 de junio de 2012

Mi propio reino (X)

Beso de vida.
(Primer cuento)
Acabamos de llegar a un bosque que no tiene nada de anormal, pero según Erael es dónde debemos abrir el libro mágico para sellarlo para siempre, logrando que todo tipo de cuentos acaben con final feliz, según está escrito en ellos.
Erael trae un libro que no tiene nada de especial, aparentemente, de un atril que estaba junto a unos arbustos.
-Bien, os voy a explicar-empieza a explicar Erael.- En este libro, todo lo que está escrito, es decir, los cuentos, si no se tiene cuidado puede que todo lo que pase en el libro se convierta en realidad.
-Vale ¿y qué tenemos que hacer?-pregunta Collix.
-Todo lo que ponga en el libro, cumpliendo palabra a palabra el cuento. Hasta un cabeza hueca como tú puede cumplirlo-contesta Erael- Los personajes no lo decidimos nosotros. Según he oído, lo elige el libro, leyendo el corazón de cada uno de los presentes.
-O sea, que nos lee los deseos ocultos de cada uno-dice Ventisca en voz alta.
-Exactamente.-asiente con la cabeza Erael.
-Y si no cumplimos lo que pone en el libro...-digo yo.
-...nos quedaremos atrapados ahí para siempre-completa Erael.
-¿Cómo sabremos qué personajes somos?-pregunta Karya
-Hasta que no estemos dentro del libro, no lo sabremos ¿no?-dice Sheanne mirando a Erael.
-No.-contesta Erael
Nevada, que no ha dicho nada, está mirando el libro con el ceño fruncido.
-No me fío para nada de esa cosa-murmura ella, señalando el libro.-Desprende malas vibraciones.-dice, señalándose la sien.
-Precisamente para eso estamos aquí, querida-dice Erael, serio-Para acabar con esas malas vibraciones.-luego nos mira a todos.-¿Estáis preparados?
-¡Sí!-decimos al unísono.
-Nací preparada-añado yo, en voz baja.
-Entonces... Primer cuento ¡allá vamos!-Erael abre el libro, y yo ahogo un grito, porque siento como si me succionase.
Aparecemos frente a un palacio muy vistoso.
-Espera... ¿y Nevada?-pregunto yo. Oh, mierda... ¡Estoy desapareciendo! Y ellos, ellos... Ventisca tiene una armadura completamente nueva, como yo. El resto mengua, haciendo parecerse a enanitos. Contengo la risa.
Aparezco yo, en el patio trasero de un palacio.
-Espejo, espejito ¿quién es en la Tierra la más bella de todas?-dice una voz de mujer.
-Reina, estás llena de belleza, es cierto, pero Blancanieves es más bella que tú.-dice la voz neutra del espejo. Veo que la mujer golpea el espejo, para luego mirar por la ventana, en mi dirección, así que subo al caballo más cercano y me voy al galope.
<<¿Quién será Blancanieves?>> Me quedo pensativa, mientras llego al claro de un bosque.
Me siento frente al río, mientras que oigo venir a otro caballo, y por instinto, tal vez, llevo mi mano al  mango de mi espada.
Se oye un grito, y otra vez, el extraño caballero sale de nuevo al galope.
<<¿Será el príncipe?..>> Bueno, pronto lo descubriré, así que no importa. 
Me paseo por este claro de un bosque cercano, y la verdad, es que es hermoso. Aquí me siento muy tranquila...
Escucho unas voces graves cantar una curiosa canción y, rápidamente, me escondo detrás de un árbol, para mirar desde ahí lo que ocurre.
-¡Príncipe!-dice una voz de un chico a mis espaldas.

Bueno, será por el príncipe, así que no miro hacia atrás.
-¡Príncipe!-repite la voz cada vez más cerca de mí, hasta que me golpea la espalda-¡Le estaba buscando! ¿Dónde se ha metido?
Me giro entonces, pasmada.
-¿Te refieres a mí, chico?-le pregunto, mirándole atentamente, por si no me está tomando el pelo. Los ojos violáceos de él, tienen una chispa picaresca y una de sus cejas pelirrojas alzadas.
-¿A quién iba a referirme, mi señor?-contesta él. ¿Señor? ¿perdón?. Decido no interferir en el libro y me dirijo al pequeño río que hay en el claro.
-Oh, no...-murmuro, al verme reflejada o más bien reflejado-Soy un hombre... Mi versión masculina-susurro yo, y no deja de ser cierto. Soy un hombre de un metro setenta y con el pelo rojo cobre, además de unos grandes ojos pardos. Creo que me casaría conmigo misma.
-¿Dónde estábais? Me ha dejado muy preocupado, príncipe.-me espeta el chico.
-Pues... Eh... Me he perdido-le intento explicar yo.
-Como siempre.-sonríe-para eso me tiene a mí, príncipe.

¿Quién será Blancanieves? Rezo que sea Erael con un vestido, así no me costará tanto besarle. Es más, creo que me reiré un rato.
-¿Nos vamos, príncipe?-me pregunta, así que asiento con la cabeza.

Pero me llama la atención un ataúd, que es cargado por 7 enanitos, que cuatro de ellos, no logro identificar. Lo dejan cerca del río, y me acerco, para saber a quien debo besar, a quien debo despertar para que este cuento acabe de una vez.
...

...
Se ve que la suerte no está de mi parte.
-No puedo hacerlo-digo en voz alta- No puedo... No puedo pasar por esto otra vez...
Frente a mí, está una inconsciente Nevada.
-Vamos-susurra la voz de Erael- Es necesario, confía en mí, entiendo cómo te sientes...
Asiento con la cabeza,  todavía dándole la espalda a los ''enanitos''.
Vacilo un poco, antes de abrir el ataúd.
<<...pelo negro como el ébano...
labios rojos color carmesí...>> Recuerdo lo que ponía en el libro...
Y sin más, agarro de la cintura a Nevada , alzándola un poco y poso mis labios sobre los suyos, un beso casto. Me separo de ella, para ver que ha abierto los ojos. Y murmura un ''Oh...''
Así que el resto del cuento sigue como  según ponía en el cuento...
Yo me caso con Nevada, y hago que su madrastra baile con unos zapatos de hierro ardiendo, hasta que cae muerta...
Salimos del libro y yo corro para adentrarme en el bosque, para intentar refugiarme, olvidarme, de esta situación que me corroe...
Alguien se sienta al lado de mí, y me rodea con el brazo. Veo a Erael, con el rostro serio.
-¿Estás bien?-me susurra.
-Sí...-digo yo, intentando no derramar ninguna lágrima.-Sólo lamento... No haberme casado con mi versión hombre.
Soltamos una carcajada entonces.
-No podemos permitirnos que uno de nosotros se derrumbe, ¿vale?-me dice.
-Está bien... Estoy lista para seguir.-le contesto yo, limpiándome con la manga de mi armadura-vestido.



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