-Entonces... ¿Estás conmigo o contra mí?-me dice la Princesa Helada.
No respondo enseguida, pero le sigo mirando a los ojos. Ella no retira la mirada, es tan terca como yo.
-Bien... Te lo voy a explicar. Dejaste escarcha en corazón en llamas, princesa.-contesto yo, sin parpadear-Pero, yo he avanzado, por suerte o por desgracia, ahora mismo soy otra persona... Ahora mismo no sé quién soy, princesa. Vuelve todos los espejos rotos, ya ni puedo mirarme a mí misma. Pero, no creo que entiendas lo que es eso.
-La verdad, no.-replica.
-Bien, no he dicho que te quiera ¿te ha quedado claro eso al menos?-pregunto yo. Asiente.-Hace mucho tiempo estuve anclada a ti, demasiado. Y una parte de mí sigue ahí, anclada. Y eso genera confusión en mi interior. Mucha confusión. Y no me gusta no saber las cosas, sobre todo viniendo de mí ¿sabes?
-Puedo entender eso.
-Bien, el caso es... Que tengo que buscarme de nuevo, para encontrarme. Para abrir los ojos. Para saber qué es lo que de verdad quiero ser.
-¿Y qué harás?
Sonrío, pícaramente y con algo de malicia.
-Ser... mala.-digo yo, girándome por donde he venido.
-Sigo sin entenderlo...-dice ella, alzando un poco la voz para que la oiga más fácilmente.
-¿No? Bien, pienso quemar todos los cimientos que dejaste de tu corazón helado. Y no sé a quién encontraré para que me ayude. Pero... Te buscaré, y cuando lo haga... Sabré que he recaído de nuevo. Porque es así. Tú y yo... Somos las dos caras de una misma moneda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario