viernes, 29 de junio de 2012
Mi propio reino (VII)
Voy al galope hacia donde estaba Erael.
-¿Le has convencido?-me dice, sin mirarme, mientras mira su bolsa, rebuscando algo y haciendo alguna de sus potingues. Levanta la mirada y le hago una mueca. Sonríe-Eso es un sí.-le sonrío yo también. Me siento a su lado.
-¿Qué estás haciendo?-pregunto yo, mientras vienen Ventisca y Nevada.
-Ah, ya lo verás.-se levanta para saludar a Nevada y a Ventisca. Erael se acerca y le estrecha la mano a Ventisca.-Encantado de conocerte, Ventisca.-luego se dirige hacia Nevada-Nevada, tan encantadora como siempre.-coge una de sus manos, y la besa. Se vuelve a sentar a mi lado.
Veo como Ventisca me está mirando, así que le sostengo dicha mirada. No seré la primera que la aparte.
Se cansa de mirarme y sonrío para mi misma.
-Bueno, ¿nos vas a explicar por qué quieres reunir al ''equipo''?-pregunta Nevada, que sabe tanto como yo de esta situación.
-Pues bien... Para que me cortéis el pelo.
-Algunas veces me gustaría chamuscártelo-le digo yo, para que vaya a el grano.
-Está bien, parece que a alguien le ha venido la menstruación...-dice, inmediatamente después le doy una colleja.-¡Ay!
-Venga, que no tenemos todo el día.-replica Ventisca.
-Está bien-empieza Erael-Nuestro problema es... Un libro de cuentos.
Nos lo quedamos mirando fijamente.
-Creo que vuelvo a Rehá.-le contesto, levantándome.
-No, espera.-dice él, para cogerme de la mano.-Creo que no he sido específico-me obliga a sentarme.
-La verdad, no-suspira Nevada.-No sé que tiene que ver un libro de cuentos para niños con todo esto.
-Porque este libro es especial...-dice Erael.- Todo lo que pasa dentro del libro, se convierte en realidad.
-O sea, estás diciendo... ¿que, por ejemplo, Blancanieves, se puede hacer realidad?-pregunta Ventisca- Qué peligroso....-parece decir algo, pero Nevada le dirige una mirada fulminante.
-Pues lo es más de lo que parece, porque puede alterar la realidad y con eso, destruir el mundo-responde Erael, serio. Al parecer no se ha dado cuenta de que todavía me tenía cogida del a mano, así que me suelta.-Por eso, el siguiente paso, es ir a por Collix.
-Le echo de menos-suspiro yo, poniéndome de pie.
-Era muy divertido-sonríe entonces Nevada, al recordarlo.
-¿Perdón?-Erael me mira-Pero si le quemabas constantemente el trasero...
-Ya, pero me caía bien.
-¿Quién es ese?-pregunta Ventisca a Nevada.
-Un controlador de luz-explica Nevada.-Quiere decir que controla la luz, y además, con la gracia de Apolo, puede ver el futuro.
-Sí, pero enciérralo en un cuarto oscuro y lo verás salir pitando, echando abajo la puerta.-recuerdo yo, riéndome de cuando le hice la trastada, por meter mano donde no debería.
-Eso fue un gran experimento-coincide Erael conmigo.
-Fuisteis malos con él-dice Nevada, pero sé que está conteniendo la risa.
-No entiendo nada...-dice Ventisca, mirándonos a los tres.
-Pongámonos en camino, antes de que la luz del sol se acabe-dice Erael, elevándose en el aire.
-¿Estás seguro de que no quieres ir conmigo a caballo?-pregunto.
-Si me subo en ese bicho, vomitaré el desayuno de hoy, de ayer y de mañana.
Me subo encima de Incendiado y Nevada y Ventisca a lomos de su caballo con silla de hielo. No sé como no acaban con el trasero adormecido.
Voy hacia el oriente, yendo a un galope rápido, seguida de Nevada y Ventisca.
Veo como Erael está a gusto entre las nubes.
Entonces, recuerdo lo que le pasa con los medios de transporte y entiendo. Erael no puede subirse a un carruaje si quiera, porque siempre se marea. Así que ya no os digo en un caballo.
-Chicos, iré más rápido, transportándome por el fuego, como una llama-digo en voz alta.-Tú deberías hacer lo mismo con Erael y Ventisca, Nevada.-Veo que asiente por el rabillo del ojo.
¿No os lo he dicho? Vaya... Nevada también es capaz de manejar el fuego, al ser mestiza, puede controlar las cosas, pero no es tan avanzada como yo. También yo sé algunos trucos sobre el hielo, pero claro, ella más que yo.
Aparezco en una llamara con Incendiado delante de un apuesto muchacho de ojos castaños y con una botella de un licor que no sé ahora diferenciar.
Me bajo del caballo para saludarle.
Corro a abrazarle.
-¡Collix!-exclamo, encantada de verle.
-Hola, Verena-Siento sus manos sobre mis glúteos- Hmmm... Sigues igual de menudita...
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