Acabo de coger mi espada del cinto. Miro al hombre que tengo de rodillas pidiendo clemencia. Acerco mi espada a su cuello aun a sabiendas que a los frios no les gusta el fuego. Precisamente a este principe en concreto le tengo celos, y lo he ganado, casi sin mover un dedo, aunque no estoy orgullosa de ello.
Me llamo Verena, y mi nombre significa fuego, algo que se ajusta bien a mi. He vencido a esta alimaña limpiamente y lo justo seria que lo decapitase para librarle de que yo, la Reina del Fuego y deshonra, al ser mujer, le haya vencido. -¿Por que no me matas ya?-le sigo evaluando con la mirada. No parece gran cosa, pero he de admitir que es bastante diestro, no aparenta lo que realmente es. Parece deseoso de que acabe con su vida, pero se me ocure una idea mejor.
-Tu castigo sera vivir, principe Ventisca-digo yo, alzando la voz para que mis caballeros puedan oirme.- Por osar enfrentarte a mi, reina de las reinas guerreras.-despues bajo la voz, para que solo me oiga el-Admiro tu valia y te digo que yo hubiera hecho lo mismo, asi que tienes mi respeto...-Ahora levantate-ordeno, alzando la voz de nuevo.- Y vete, me cansas.-Veo como pone pies en polvorosa y sonrio para mi misma, cuando le veo, mal herido y con quemaduras de tercer grado, irse al galope en un caballo de hielo.
-Has estado magnifica Verena-gritan al unisono mi primero, mi segundo y mi tercero.
-Gracias, nadie ofende ni a mi, ni a mi reino-les guiño un ojo.
Como te decia, soy Verena y tengo 17 años y soy la reina de una nacion ardiente, como mi corazon. Pertenezco a los calidos, otra raza de ser humano, a parte de los frios. Solo nos diferenciamos en nuestro control sobre los respectivos elementos que nos caracterizan. Creo que te parecere bastante jovencita para ser reina, pero no me infravalores, porque he hecho mas que muchos de mis predecesores.
Y ya se sobre la vida, para alguien de mi edad, aunque aun me queda por aprender.
Se como funcionan los frios, porque yo misma soy hija de una.
¿Sorprendido? No deberias, aqui es comun sentirse atraido por el contrario, por lo diferente, yo misma lo se...
-Eh, Verena, ven con nosotros y nos cuentas alguna de tus historias.
-En cuanto me libre de esto-digo yo, señalandome mis ropas- En seguida vengo.
Entro en la tienda que tengo y me voy cambiando. Mientras tanto me miro al espejo.
Solo soy una niña bajita de 17 años, comun y con el pelo color cobre y los ojos castaños. Aunque la Llama atrae.
Observo la marca en forma de llama que tengo debajo del ojo y cierro fuertemente los ojos, para no pensar en su marca de Hielo. Me pongo un vestido y me miro de nuevo al espejo. No logro explicar por que han venido a pedir mi mano tantos principes. Meneo la cabeza y salgo. Me doy de bruces contra el principe Akriel (de una tribu de calidos mas oeste que mi reino) y se ruboriza, mientras que se le caen sus armas al suelo. Las cojo y se las entrego.
-¿Estas bien?-le pregunto yo- ¿Va bien tu entrenamiento? Ya sabes que combates conmigo dentro de poco... -sonrio, inclinando la cabeza- Preparate, Alteza
-S-Si. Eres demasiado buena conmigo, no lo merezco despues de...-empieza el, pero lo callo con un gesto.
-Da igual. Tema zanjado ¿vale? Ven conmigo.
-Si de verdad quieres...
Camino hacia la tienda de mis hombres, practicamente arrastrando a Akriel.
-Cuentanoslo, de nuevo-dice uno de ellos, a voz en grito.
-Pero si lo he hecho demasiadas veces... Os la sabreis mejor que yo-replico.
-Venga, Verena...
-Esta bien, esta bien-los miro, riendome entre dientes. A veces son peores que los niños.
»Todo comenzo cuando yo me adentraba en los parajes helados de Boha, no estaba aconstumbrada a los parajes helados, pero debia cumplir una mision que me encomendo mi padre, ya que aun tenia 15 años y vivia, asi que debia hacerle caso.
Hacia mucho frio, y no se podia encender ni una pequeña hoguera, ni eso-alguien parece que exclama un "¡oh!" aterrado- Como decia, me estaba congelando y no habia alimentos que comer, ni fruta ni animales, asi que estuve tomando hielo, para que al menos pudiese controlar mi sed.
Pero no aguante mas y al cabo de una semana, me desmaye. Despues, desperte en un extraño paraiso de hielo, estando al borde de mi cama una chica. Me daba una especie de sopa, asquerosamente fria, pero solo pensarlo, la sopa hirvio, y mejoro su sabor. Aunque la chica no estaba muy contenta por lo que habia hecho.
Asi que me recoste y la mire.
-Prin-cesa Ve-Verena, d-de la Dinastia Dragon, hija de Delared y la fria Helent.-continue temblando, porque el palacio estaba aun mas frio que el nevado territorio. Asi que la chica se acerco y me puso encima una especie de mantas con plumas, como si me calentara una madre pajara.
-Soy la princesa Nevada, hija de Jelao y de la calida Rubie.-No debia de tener ni los catorce, pero ya hablaba con soltura, con una porte y seriedad de alguien mayor que ella.-¿Que hacias aqui?
-Estaba en una mision de mi padre, para saber como erais-murmure, mirando sus ojos negros.-Se supone que debo volver en un mes, pero el rey Delard, se empeño de que deberia aprender las constumbres de mi difunta madre.
-Ah, con que era eso-parecia que me estuviera evaluando con la mirada.-Entonces... Has tenido suerte de que te encontrase yo.-Se aparto un mechon de la cara y pude ver su marca. Un trozo de Hielo.
No podia ser, no podia ser ella la que estuviera destinada a unirse conmigo, tendria que ser un hombre...
-¿Podria usar el aseo, por favor?-le pregunte, mirandola a los ojos.
-Esta bien, pero procura no derretir nada.
-Descuida-y con una reverencia, me dirigi a la direccion del baño que ella me habia dado.
Hasta eso estaba helado, pero consegui que se calentara un poco el agua, procurando que no se derritiera nada, me lave bien y me puse mis desgastadas ropas de lucha de nuevo.
-Alteza-dije cuando salia de el baño- ¿donde esta Nëfreak?
-¿Hm?-se me quedo mirando sin comprender-¡Ah! Te refieres a la espada. Esta ahi. -señalo una chimenea que estaba encendida.-Bien... Tienes cosas que aprender ¿no?-asenti entonces.- Pero primero te enseñare el castillo...
Asi fue, pero no sabia lo que realmente me esperaba...
Me llamo Verena, y mi nombre significa fuego, algo que se ajusta bien a mi. He vencido a esta alimaña limpiamente y lo justo seria que lo decapitase para librarle de que yo, la Reina del Fuego y deshonra, al ser mujer, le haya vencido. -¿Por que no me matas ya?-le sigo evaluando con la mirada. No parece gran cosa, pero he de admitir que es bastante diestro, no aparenta lo que realmente es. Parece deseoso de que acabe con su vida, pero se me ocure una idea mejor.
-Tu castigo sera vivir, principe Ventisca-digo yo, alzando la voz para que mis caballeros puedan oirme.- Por osar enfrentarte a mi, reina de las reinas guerreras.-despues bajo la voz, para que solo me oiga el-Admiro tu valia y te digo que yo hubiera hecho lo mismo, asi que tienes mi respeto...-Ahora levantate-ordeno, alzando la voz de nuevo.- Y vete, me cansas.-Veo como pone pies en polvorosa y sonrio para mi misma, cuando le veo, mal herido y con quemaduras de tercer grado, irse al galope en un caballo de hielo.
-Has estado magnifica Verena-gritan al unisono mi primero, mi segundo y mi tercero.
-Gracias, nadie ofende ni a mi, ni a mi reino-les guiño un ojo.
Como te decia, soy Verena y tengo 17 años y soy la reina de una nacion ardiente, como mi corazon. Pertenezco a los calidos, otra raza de ser humano, a parte de los frios. Solo nos diferenciamos en nuestro control sobre los respectivos elementos que nos caracterizan. Creo que te parecere bastante jovencita para ser reina, pero no me infravalores, porque he hecho mas que muchos de mis predecesores.
Y ya se sobre la vida, para alguien de mi edad, aunque aun me queda por aprender.
Se como funcionan los frios, porque yo misma soy hija de una.
¿Sorprendido? No deberias, aqui es comun sentirse atraido por el contrario, por lo diferente, yo misma lo se...
-Eh, Verena, ven con nosotros y nos cuentas alguna de tus historias.
-En cuanto me libre de esto-digo yo, señalandome mis ropas- En seguida vengo.
Entro en la tienda que tengo y me voy cambiando. Mientras tanto me miro al espejo.
Solo soy una niña bajita de 17 años, comun y con el pelo color cobre y los ojos castaños. Aunque la Llama atrae.
Observo la marca en forma de llama que tengo debajo del ojo y cierro fuertemente los ojos, para no pensar en su marca de Hielo. Me pongo un vestido y me miro de nuevo al espejo. No logro explicar por que han venido a pedir mi mano tantos principes. Meneo la cabeza y salgo. Me doy de bruces contra el principe Akriel (de una tribu de calidos mas oeste que mi reino) y se ruboriza, mientras que se le caen sus armas al suelo. Las cojo y se las entrego.
-¿Estas bien?-le pregunto yo- ¿Va bien tu entrenamiento? Ya sabes que combates conmigo dentro de poco... -sonrio, inclinando la cabeza- Preparate, Alteza
-S-Si. Eres demasiado buena conmigo, no lo merezco despues de...-empieza el, pero lo callo con un gesto.
-Da igual. Tema zanjado ¿vale? Ven conmigo.
-Si de verdad quieres...
Camino hacia la tienda de mis hombres, practicamente arrastrando a Akriel.
-Cuentanoslo, de nuevo-dice uno de ellos, a voz en grito.
-Pero si lo he hecho demasiadas veces... Os la sabreis mejor que yo-replico.
-Venga, Verena...
-Esta bien, esta bien-los miro, riendome entre dientes. A veces son peores que los niños.
»Todo comenzo cuando yo me adentraba en los parajes helados de Boha, no estaba aconstumbrada a los parajes helados, pero debia cumplir una mision que me encomendo mi padre, ya que aun tenia 15 años y vivia, asi que debia hacerle caso.
Hacia mucho frio, y no se podia encender ni una pequeña hoguera, ni eso-alguien parece que exclama un "¡oh!" aterrado- Como decia, me estaba congelando y no habia alimentos que comer, ni fruta ni animales, asi que estuve tomando hielo, para que al menos pudiese controlar mi sed.
Pero no aguante mas y al cabo de una semana, me desmaye. Despues, desperte en un extraño paraiso de hielo, estando al borde de mi cama una chica. Me daba una especie de sopa, asquerosamente fria, pero solo pensarlo, la sopa hirvio, y mejoro su sabor. Aunque la chica no estaba muy contenta por lo que habia hecho.
Asi que me recoste y la mire.
-Prin-cesa Ve-Verena, d-de la Dinastia Dragon, hija de Delared y la fria Helent.-continue temblando, porque el palacio estaba aun mas frio que el nevado territorio. Asi que la chica se acerco y me puso encima una especie de mantas con plumas, como si me calentara una madre pajara.
-Soy la princesa Nevada, hija de Jelao y de la calida Rubie.-No debia de tener ni los catorce, pero ya hablaba con soltura, con una porte y seriedad de alguien mayor que ella.-¿Que hacias aqui?
-Estaba en una mision de mi padre, para saber como erais-murmure, mirando sus ojos negros.-Se supone que debo volver en un mes, pero el rey Delard, se empeño de que deberia aprender las constumbres de mi difunta madre.
-Ah, con que era eso-parecia que me estuviera evaluando con la mirada.-Entonces... Has tenido suerte de que te encontrase yo.-Se aparto un mechon de la cara y pude ver su marca. Un trozo de Hielo.
No podia ser, no podia ser ella la que estuviera destinada a unirse conmigo, tendria que ser un hombre...
-¿Podria usar el aseo, por favor?-le pregunte, mirandola a los ojos.
-Esta bien, pero procura no derretir nada.
-Descuida-y con una reverencia, me dirigi a la direccion del baño que ella me habia dado.
Hasta eso estaba helado, pero consegui que se calentara un poco el agua, procurando que no se derritiera nada, me lave bien y me puse mis desgastadas ropas de lucha de nuevo.
-Alteza-dije cuando salia de el baño- ¿donde esta Nëfreak?
-¿Hm?-se me quedo mirando sin comprender-¡Ah! Te refieres a la espada. Esta ahi. -señalo una chimenea que estaba encendida.-Bien... Tienes cosas que aprender ¿no?-asenti entonces.- Pero primero te enseñare el castillo...
Asi fue, pero no sabia lo que realmente me esperaba...
No hay comentarios:
Publicar un comentario