No me importaría que volvieras. Después de todo la puerta está entornada para que lo hagas de una forma u otra.
Pero aún me importa menos que no vuelvas. Aún menos, porque tú eres ese dolor, ese daño, que ni todos los cortes, que ni todos los llantos, las lágrimas derramadas, la sangre en el suelo puede borrar.
Porque, J, me has engañado, me has hecho daño, has hecho de un sitio que me gustaba un lugar hostil e intentas hacer daño a una persona importante para mí. No creas que no veo tus intenciones, está muy claro.
Y te aseguro una cosa, va a triunfar. Y yo también. Y tú te quedarás en el sitio, clavado, estancado y observando cómo te hemos dado esa hostia, que como bien dije y no leíste, tan merecida que necesitas. Una dósis de realidad.
Ah, y lo de no cambies por nadie... Míratelo. Hay patrones de nosotros mismos que a veces es mejor cambiar.
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