Hoy te voy a hablar de mí.
Conmigo nadie debería dar nunca nada por sentado. No soy como el resto y no es por alardear de diferente ni nada por el estilo, es más bien al contrario.
Soy reservada y soy fría cara a cara. No soy muy sociable tampoco. Por eso casi nadie ve más allá de la fachada. Por eso nunca revelo nada de mí. Pero yo lo he construido, para que nadie pueda volver a tomar nada a la fuerza de mí. Nadie.
Pero es muy fácil hacerme daño, hacerme sufrir, porque yo siento todo con muchísima intensidad, más de la necesaria. Más de la recomendada. Y aunque sonría y parezca que estoy bien, estoy rota por dentro. De eso, nadie se da cuenta. Es triste, pero hoy me he dado cuenta de que nadie lo hace.
Y a veces cuando estoy sola me encierro en mi habitación y me permito llorar, aunque a este paso se me van a secar los ojos
Intento ser buena persona. Pero no lo soy. En absoluto.
Intento que no me afecte lo ajeno. Pero no puedo.
Hoy, he intentado que no me duela tu desdén. Pero... aunque lo pareciera... No he podido.
Dicen que soy jodidamente complicada. Pero soy más simple de lo que parece. Sólo que no quiero que sepan mis puntos débiles.
Nunca des nada por sentado conmigo. Porque no sabes la clase de monstruo que hay detrás de la máscara.
Y, sobretodo;
Nunca sabes el daño que haces. Porque las palabras son un arma cargada, y ya no me quedan chalecos antibalas. Ya no.
Ya no me queda nada que me proteja.
Ya no queda nada...
No hay comentarios:
Publicar un comentario