Quizá por eso me gustan tanto los niños, no malpenséis, me gusta observarlos, ver cómo se divierten y cómo lloran por cualquier cosa, cuando sus problemas no son nada y tienen tan fácil solución. Me hacen sonreír. Por eso les sonrío, porque es contagiosa su forma de pensar y actuar y vivir en su corta vida. Así que cada vez que salgo y veo a un niño pequeño, no puedo evitar sonreírles, porque son todo ternura y inocencia en estado puro. Qué mal que crezcamos y sucumbamos a ciertas cosas, que pueden nublar nuestra alma. Quizá por eso aún no he madurado del todo, porque tengo mucho miedo a asumir mis propios problemas, tengo miedo a pensar en lo que me preocupa y que no tendré futuro si sigo así. Pero es que tampoco sé como remediarlo, mi sentido común me dice que estudie, mi mente me dice que no seré capaz de hacerlo. Mi sentido común dice que debo ser sincera, mi mente tiene miedo a herir a la gente a la que quiero, porque no es por nada malo, simplemente tengo la sensación de que puedo fastidiarlo todo si abro la boca.
Qué estrés, pese a que me vean como una niña pequeña, no puedo evitar ser una adulta joven para mi desgracia, pero qué estrés por tener que preocuparme de cosas que ni siquiera antes me había planteado. Ojalá fuera más sencillo todo.
Pero creo que no voy a dejar de sonreír a los niños. Y esto me recuerda a ellos. Y a mí también un poco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario