No sólo huía de él; sino de ella misma.
Y pensar que un día le dije para siempre, se djo para ella.
Suspiró y echó a correr, como si le persiguiera el mismo infierno dispuesto a quemarle los talones.
Notó que comenzaba a chispear y soltó una maldición al aire. Corrió a reguardarse debajo de un puente que había cerca.
Pensó que estaría a salvo, pero levantó la cabeza, y ahí estaba.
Se llevó una mano al pecho, mientras gritaba.
Él le tapó la boca con su dedo índice, sin dejar de mirarla a los ojos, ojos azules enfrentados con unos de una suave tonalidad castaño rojiza.
-¿A dónde ibas?-susurró él, en su oído, mientras la cogía de la cintura.
-No quiero-replicó ella.
-¿El qué no quieres?-preguntó él.
-Que me rompas el corazón. No quiero-añadió, contestándole.
Se la quedó mirando unos segundos que parecieron eternos, hasta que ella rehuyó la mirada.
-¿En serio crees que lo haría?
-Al final, todo el mundo lo hace-murmuró ella como respuesta.
-Ya te dije una vez que yo no soy como todo el mundo.-susurró él, algo confuso y irritado por el extraño y repentino comportamiento de la chica.
-Tengo miedo, ¿sabes?-suspiró ella.-De que te vayas y me dejes a mí sola aguantándome a mí misma.
Ella sonrió. Y aunque él seguía enfadado y disgustado, se contagió de su sonrisa, esbozando una media.
Posó los labios sobre su frente y le ofreció la mano.
-¿Vamos, Vir?
-Vamos.
Y caminaron, sin importarles el chaparrón que les caía encima.
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Sacado de un sueño. Ficticio.
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