sábado, 13 de julio de 2013

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Según una vez dijo una niña pequeña (cosa bastante profunda para alguien de tan sólo seis años) a Gatito y a mí, fue lo siguiente, mirándome:

-Tú no eres de cristal. Porque te puedo quitar todos los huesos.

Algo así me dijo, a lo que le respondí con una sonrisa, porque me había dejado esa niña sin palabras.

Gatito se rió y le dijo que chocara la mano, porque ella, como buena escritora que es, se sorprendió la lucidez que tenía esa pequeña filósofa, pero yo me quedé pensando, aunque seguramente fuera una respuesta infantil y improvisada, me quedé pensando en las  palabras de esa niña.

Si hubiera sido alguien más mayor, seguramente habría querido decir que no soy tan frágil como parezco, pero que no dejo de serlo.

Y a esto me lleva a algo más general, pienso. No sólo a mí, el mundo está lleno de personas y yo no llego a ese 1%, ni tan siquiera.

¿Somos frágiles por naturaleza? Sí, yo creo que sí. Cada cosa, por momentánea que sea, puede repercutir en nuestras vidas, quizá por momentos o quizá para siempre.

La cuestión es que nadie es tan fuerte como cree, algunos somos más que otros, pero no tenemos la fuerza para levantar cosas de la nada, quiero decir, de forma figurada (hombre, también podemos hablar de cosas artísticas, pero ya sabéis por dónde van los tiros). Es el ser humano la criatura más horrible, creativa, benévola y malévola a partes iguales, fascinante y aburrida, complicada y simple a la vez, que la cuna de la vida haya visto jamás.

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