La inocencia siempre fue mi mayor defecto.
Qué queréis que os diga, algunos se ven feos, desdichados o tontos, pero yo me veo inocente. No soy ninguna de esas cosas en absoluto.
Mi mayor defecto es la inocencia. ¿Por qué? Tiendo a abrirme demasiado, a querer comprender, a querer conocer y, lo que más falla... a dejarme conocer. Eso dice una amiga.
Dicen que soy demasiado generosa también (oye, que prefiero verte a ti feliz que a estarlo yo y hacerte daño) pero como os digo, mi principal defecto es la inocencia.
Soy como ese niño pequeño que no tiene intención de electrocutarse, pero sin embargo ¡y pobre de él! Mete los dedos en el encufe.
Pero qué se le va a hacer... soy como una lucecita a la que la han predestinado para hacer el bien. Y sí, eso quiere decir que yo soy inocencia en estado puro.
Siempre se me olvida que las personas nunca son tan buenas como yo, hola filantropía irreal ¿por qué no te das unas merecidas vacaciones?
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