sábado, 11 de mayo de 2013

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¿Nunca os habéis preguntado como funciona un reloj?
Yo sí. Nunca  los he abierto para ver un reloj por dentro, pero creo que todo encaja tan perfectamente, que cualquier pieza que falle hace que todo se vaya a pique.

Eso sí, para hacer que funcione también hay que ser lo suficientemente mañoso, lo suficiente inteligente para saber si lo que se está haciendo está bien y cómo hacerlo sin que el reloj se rompa.

Pues esto me recuerda al libro que me leí hace tiempo, el Mecanismo del Corazón (que el protagonista tiene incrustado un reloj en el corazón).

Un corazón es tan frágil y complicado como un reloj. Cualquier reloj nos sirve para hacer la comparación desde relojes de cocina hasta relojes anillo (que hoy me he enterado que existen, a todo esto), aclaro esto; para hacer que un corazón roto vuelva a funcionar, hay que recoger los pedazos y montarlo pieza por pieza, siempre con tierna delicadeza. No es un trabajo sencillo, y hasta los más perfectos relojeros del corazón se han equivocado, pero si se sigue con cuidado y constancia, puede que podamos solucionarlo lo más rápido posible.

Y sí, sé que perseverar en una tarea tan complicada nos puede inducir al abandono y al error, pero si no lo intentamos nosotros ¿quién lo hará?

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