miércoles, 28 de noviembre de 2012

Me encanta que en el fondo mis comentarios te hayan abierto algo los ojos. Sin embargo, tu silencio es un delito y ya ha pasado un mes, desde que dijiste que ibas a responderme. No veo tu respuesta por ninguna parte, y sigue dándome, no sé, algún sentimiento (gracias, ya no sé ni como llamarlos...) ¿Impaciencia? ¿Miedo?

No, yo que sé...

Y aunque esté tentada a espetarte por qué no me contestas, me parece irracional. Porque es tu paso
Tal vez incluso me parezca irracional estar hablando de ti en esta entrada. Pero es la única forma que tengo de desahogarme, de hacer una vía de escape, y como siempre digo yo, ¿qué mejor que hacerlo en algo que sólo te hace daño a ti y no al resto?

Porque, os seré sincera, no hay mayor herida que me duela que el saber que he hecho daño a alguien.



Y si o alguien, decidís considerarme vuestra enemiga ¡adelante!

Pero, yo, como te he dicho varias veces, no te odio. Pero qué dulce es el estado neutro que tú fuiste como detonante, Dios.

Así no sufre nadie, ni tú, ni yo.



O al menos, eso parece.



No hay comentarios:

Publicar un comentario