Sí. Te echo de menos.
Echo de menos tu piel contra la mía.
Tus caricias. Tu voz. Tus ojos. Tu sonrisa. Tus besos, tus chistes malos. Tus
abrazos. Tu sentido del humor y también lo voluble que eres a veces. Todo eso
que amé y aún sigo amando. Todo eso que decidiste que era mejor privarme de
ello a solucionarlo. Echo de menos lo inteligente y inocente a la vez que eres,
lo divertido que eres. Desde luego que te echo de menos.
Pero no echo de menos las mentiras,
ni las verdades a medias. Las discusiones, el sentirme culpable por cosas de
las cuales no tengo por qué hacerlo. No echo de menos que me llames pesada. No
echo de menos que estés celoso de todos y por todos. No echo de menos aguantar
mis sentimientos porque tú no te sientas mal. No, eso no lo echo de menos.
Desde luego que no.
En definitiva; te echo de menos.
Pero no a tu yo más reciente, sino al
del principio, con el cuál todo era alegre y bonito. Al cariñoso, que sí que
existía. Del que me enamoré, del que me cuesta olvidarme. No sé.
Quizá por eso huyo de dónde tu estés, ausentándome, yendo sólo cuando sé que no
vas a estar, porque no soporto a tu yo actual. Y te diré un secreto, no soy la
única que no lo soporta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario