Dios, qué frío hacía.
Sé perfectamente que me estaban mirando. Quizá no para admirarme ni nada de eso, si no más bien todo lo contrario. Noté que cada uno de mis huesos temblaban. Y me puse a pensar. A pensar mucho.
- Amo la forma en la que me haces daño.
Cerré los ojos. La verdad es que siempre me he sentido algo perdida, aunque nunca he estado sola. Miré mi móvil y aún tenía batería, así que me puse mis cascos.
Inhalar, exhalar, inhalar, exhalar...
Respiré hondo y tirité. Eché de menos unos brazos que me abrazaran en ese momento. Bah, tonterías. Estiré mi camiseta favorita, una ancha de hombre (en la que ponía I'm your father y se veía una patata y una bolsita de patatas fritas,
- Eres irresistible.
Otra vez me llegaba la conversación a la mente. Ojalá olvidarme de una vez, desconectar. Me metí en esa masa de gente que era el centro comercial. Siempre me había sentido sola y acompañada entre tanta gente, y aunque me agobiaba lo necesitaba. Realmente no iba a comprar nada en particular. Sólo quería salir de ahí.
Me subí la canción al tope y desconecté de mi alrededor. Y todavía sigo.
- Y no hay otro camino para mí.
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