Daniel se encontró admirándola en silencio. Elena... Menuda chica. Le tenía perturbado. Sabía que eso no era bueno y que si se enteraba su madre probablemente lo mataría.
Estaba semioculto entre la oscuridad de un callejón, viéndola leer un libro. Se apartó el pelo negro de la cara e intentó ocultar su fascinación. Sabía que tenía que matarla. Pero no quería. Y no sabía por qué.
Sus ojos azules brillaron con más intensidad al ver al chico rubio acercarse. No recordaba su nombre, pero empezaba a resultarle molesto. Observó al chico sentarse al lado de Elena y sonreírle. Le estaban entrando naúseas...
El otro chico miró en dirección a la de Daniel. Sus ojos violeta brillaban de forma extraña.
Daniel desapareció. Ya había visto bastante por ese día.
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