- Esto está mal... Muy mal...-susurró Elena, al sentir su aliento sobre su nuca. Sentía ganas de abrazarle y salir corriendo, todo a la vez.
Daniel sonrió con esa sonrisa pícara que tenía. Menudo petardo, sabe cómo desarmarme, pensó Elena. Reprimió una sonrisa.
- Tu cuerpo parece decir lo contrario. Pero tranquila, sólo intento protegerte, no besarte-replicó él y se señaló la cabeza-A veces piensas demasiado.
Elena se ruborizó y él se rió.
- ¿Protegerme de qué?-preguntó ella.
- De mi madre, de Javier o bueno, quizá hasta de mí mismo...-susurró cerca de su oído.-¿Por qué te acercas a mí? Acabarás mal.
- Correré el riesgo-repuso Elena, metiéndose las manos en sus bolsillos.
- No sé si es bonito o suicida por tu parte.-miró alrededor buscando algo-Alguien nos observa. Y esto no me gusta nada.
- ¿Hm? No veo a nadie...
Daniel tomó del mentón a Elena y la miró.
- Concéntrate.-dijo él con tono imperioso. Elena cerró los ojos. Una oleada de calor invadió todo su ser, pero notó un frío recorrer su columna.
- Hace frío...-susurró ella.
Daniel la abrazó y la cubrió a ella y a sí mismo con sus sombras.
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