Sentí las manos frías de la esperanza que se ha ido sobre mi cuello, intentando arrancarme cada aliento.
Suspiré.
Me dije a mí misma una vez "No".
Pero ¿qué hago aquí? Si cada cosa que hago, cada meta, cada sitio al que voy, me conduce hasta un punto del que no quiero retornar.
Promesa rota, promesa vacía que nunca tuvo sentido ser impuesta. Que nunca debió rozar si quiera la realidad.
Me paré a pensarlo. Intenté usar la lógica, pero recordé, que no se me puede aplicar a mi persona.
Cerré los ojos, mordiéndome los labios, como si con ello me trasportara a otro mundo, evadiéndome del real.
Mi cabecita daba vueltas a todo y a más. Las dudas que aprisionaban mi corazón eran tantas, que apenas se le escuchaba latir.
Fui imbécil. Lo sé. Quizás lo siga siendo, hasta tal punto que roce lo imposible.
Quise dormir, pero sólo encontré sueños impregnados de el sucio olor del pasado. Me sentí egoísta por desear que se fueran.
Tal vez, supuse, si encuentro algo que pueda reemplazar mi problema... Podría librarme de él.
Qué idiota fui.
No hay comentarios:
Publicar un comentario