La diferencia de creer en algo o alguien se trata sólo de la fe en la que le pongas. Si te fías en una persona, es de suponer que la confianza que le procesas a esa persona es suficiente para considerarla ''amiga'', ''hermano'', ''amado'' o ''amante''. Le confiarías un secreto importante. Una tarea inclusive también importante, un hecho, quizá le pidieras (que no me ha pasado a mí) que sea cómplice de un asesinato. Sería estupendo confiar tanto en alguien para hacerle ver tus pensamientos.
Dicen que yo soy muy confiada con las personas, hasta que me traicionan, incluso que me revelo demasiado en este blog, pero como ya dije una vez, esto es la parte más cercana a mi corazón.
De algo que sí estoy segura es que si me traicionan, no voy a odiara nadie. ¿Para qué? El odio es una emoción muy, muy fea. Lo que se pierde de verdad, es la confianza.
Pasemos al segundo caso. La fe en algo superior. No tiene por qué ser Dios, no me echéis ya tan pronto las piedras, puede ser que confíes en la moral, en las personas, en la humanidad. Porque sí, ya es eso algo superior. También puedes confiar en Dios, orar (o rezar, depende de tu religión), pero el caso es que me he dado cuenta que todo el mundo necesita confiar en algo/alguien.
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