Lo admito.
Estoy celosa, sí, del Rey de los astros,
que con sus rayos te
acaricia,
de el agua, que te agarra
y reclama como madre al que
hijo aguarda.
Tengo celos del reflejo
de tu espejo.
Pero cuando sonríes,
el flujo temporal cesa,
y veo como el mundo
se convierte en una
minúscula esfera,
al lado de esos jades, que
tienes por ojos...
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