Yo, resurjo de mis propias cenizas. Y ni siquiera el propio Diablo, lo haría mejor, de eso le doy gracias a Dios.
Una noche anduvo el corazón, pero se perdió en los andenes de la pasión, y sólo me quedó razón.
Uno a uno lucharon. Ninguno ganó. Ahora todo esto provoca una fría y desconfiada razón y un hilillo de sangre, recorre mi maltratado corazón...
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