lunes, 3 de octubre de 2022

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 La conciencia grita, lastima, 

como una vieja herida

a la que no quieres escuchar.


Y aunque corras −y se ría de ti, traicionera

siempre te alcanza, como una vieja enemiga,

ella te alcanza, y te hace sentir rota, vacía

−quizá más rota y vacía de lo que ya estabas

en un cúmulo de circunstancias que tú misma

ni si quiera entiendes.


Guardas un mundo interno, al que nadie puede ver,

porque sólo ven la carne y la voz pero nunca el espíritu.

Y sólo tienes a la conciencia, que te conoce desde

el primer día, para que de ti se ría.

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