lunes, 3 de octubre de 2022

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 − He tenido suficiente.

− ¿De qué exactamente has tenido suficiente?−preguntó, levantando la mirada de su regazo.

Ella respiró profundamente.

− No lo sé. De verdad que no lo sé. Pero he tenido suficiente.

Él colocó una pierna sobre la otra, mirándola con la atención que merecía en ese momento.

− Quizás debamos empezar por ahí.

Ella esperó unos segundos antes de responder, desviando la mirada a la ventana.

− ¿Sabes la sensación de estar yendo en contra de tu propia naturaleza?−preguntó, respondiendo la pregunta de él con otra pregunta. Él esbozó una sonrisa que ella no alcanzó a ver.

− No, no del todo.−mintió, pero estaba tan concentrada que no se dio cuenta. Quería saber qué se le pasaba por la cabeza, aunque fuera parcialmente. Ella no lo miró, así que nunca vio la mentira en sus ojos.

− Verás...−se apartó un mechón de pelo de la cara, que le hacía sentir agobiada. Y no quería sentirse agobiada en ese momento.− Es cuando eres de una forma concreta, ¿sabes? Y no puedes serlo, porque, hay cosas que se escapan de tus manos y es decir...−se mordió el labio antes de seguir hablando. Él le prestó atención a ese movimiento.−...simplemente no puedes. Y además, se le suma que no confíes en nadie para poder expresarte libremente.

Él frunció el ceño.

− ¿Por qué no puedes? ¿Y por qué no confías en nadie para expresarte libremente? −Ella se giró para mirarlo, pero estaba tan absorta que no lo estaba mirando realmente. Estaba perdida en sus pensamientos.−Lo estás haciendo otra vez.

Ella movió la cabeza bruscamente, volviendo en sí.

− Lo siento. No puedo porque di mi palabra de que no lo haría. Pero me está matando. Me está haciendo mucho daño.

− ¿Por qué dejas que te ponga así? Y no me has contestado a la otra pregunta.−Preguntó, con una paciencia que no tendría cualquier persona.

Ella se puso de pie y dejó de mirarlo, acercándose a la ventana.

− ¿Por qué hacemos siempre sacrificios que duelen? La mayoría de las veces son porque merecen la pena. Merece la pena.−dijo casi para sí misma en voz alta.−Merece mucho la pena. Quizás−se giró para mirarlo. Parecía un poco más animada, pero él sabía que eso, en el caso de ella, bien podría ser pura fachada. Era uno de los muchos talentos que ella tenía.−Quizás hasta merece tanto la pena que es lo que más me asusta. Es algo tan bueno que no te lo terminas de creer. Pero estás dispuesta a arriesgar hasta lo que más te costó reunir con tal de tener la apuesta cerrada, cubierta y segura.

− ¿De qué estamos hablando concretamente?−preguntó él. Quería llegar al fondo del asunto. Ella sólo sonrió. Era una sonrisa más bien triste.

− ¿Acaso importa? Sigue siendo un sacrificio. Con todas las letras. Algo que puede salir bien o puede salir mal, o puede simplemente no salir.

− ¿De eso es lo que has tenido suficiente?

Ella se rio. A decir verdad, era una risa un poco amarga.

− Nunca tendré suficiente de eso. Pero... Es más la sensación de que me estoy traicionando a mí misma de lo que he tenido suficiente. Aunque sigo sin tener muy claro por qué me siento tan harta.−Volvió a mirar la ventana, fijándose en los transeúntes que vivían alegremente su vida por las calles. A veces le gustaría ser como todos los demás, se sentía un poco perdida, incomprendida y aunque le gustase y supiera que realmente no lo estaba, también se sentía algo sola. Aunque la gente dijese que la comprendiera, lo cierto es que no dejaba entrar demasiado dentro a las personas como para permitir que lo hicieran realmente, sólo dejaba ver ese pedacito de ella que quería mostrar al público, pero que no era el puzzle completo ni por asomo. Lo que más deseaba de ser como todas las demás personas era que tuviera sentido que la escuchasen y que no se sintiera tan sola o juzgada por ser ella misma. Apartó sus pensamientos de ello durante unos segundos.−Estoy dispuesta a aguantar sacrificios que me hagan daño. Porque nadie me obliga a hacerlos. Pero... No sé si podré pasar mucho tiempo refrenándome, sólo por dar mi palabra. Me asusta romper mi palabra.

− Creo que le das demasiada importancia a lo que opinan de ti...

Ella negó con la cabeza de forma enérgica. No. No era eso.

− No es eso lo que me preocupa. Es más bien la imagen que yo tengo de mí misma. Si rompo mi propia palabra, siento que estaré dejando de ser yo. Y no estoy segura de querer cambiar. Y además−añadió ella−¿qué clase de persona sería yo si la rompiera?

− Una persona normal.−Él enarcó una ceja al escuchar la risa burlona de ella.−¿Y por qué es tan malo romperla?

Ella se tomó su tiempo en responder, apoyándose en el alféizar de la ventana. Se abrazó a si misma, desviando la mirada al techo.

− Siento que es lo más valioso de mí.−contestó ella con sinceridad.− Siento que es de las pocas cosas buenas que tengo.

Él la miró.

− Tienes muchas cosas buenas.

Ella puso los ojos en blanco.

− Esa será tu opinión.

Él siguió con la mirada fija en ella.

− Todas las personas tienen cosas malas y buenas. Nadie es perfecto. Pero tampoco nadie es un santo. Tú no eres mala persona. De hecho... Con la única persona que puedo decir que te he visto ser verdaderamente cruel... Es contigo misma.−respondió él con severidad.

− No es eso de lo que estaba hablando de todas formas...

− No, pero sí que tiene mucho que ver.−contestó él, encogiéndose de hombros. Se acomodó aún más en el respaldo.−Prosigue.

Ella se frotó la nuca, pensativa. Parecía que estaba intentando reunir las palabras correctas.

− Imagina que quieres mucho algo ¿vale? −dijo ella. Él asintió.− Pero que no puedes tomarlo, porque, bueno, puedes hacer daño a alguien. O varias personas al mismo tiempo. Y ese algo no está del todo a tu alcance.

− ¿Por qué?

− Porque, hipotéticamente, no sabes si ese algo, es del todo tuyo. Y porque te da mucho miedo perderlo. O lo que es peor, romperlo... Porque es mucho más frágil de lo que parece.−sonrió ella, de forma risueña.−Pero lo quieres. Lo deseas con toda tu alma. Sabes que, en un momento dado, vas a quedártelo. Y lo vas a coger. Pero mientras ese momento llega, te planteas si eres realmente merecedor de eso.

− Parece que estés hablando del Mjölnir.

Ella se rio. Entendió su referencia y la risa era verdaderamente genuina. Al menos una risa sincera de felicidad, pensó él.

−  No, es mucho más valioso que eso. Pero lo deseas tanto, tanto... Que en el momento que no lo tienes te duele. Pero sabes que es lo mejor, porque quizás no es el momento de tenerlo. Y en el fondo, dentro de ti...−Ella se puso una mano en centro del pecho, de forma inconsciente−...quieres que venga hacia a ti, no ir a buscarlo tú. Porque tú ya has dejado las cosas claras.

− ¿Seguimos hablando de un cosa? Tengo la sensación de que hemos pasado a hablar de una persona...

− ¿Qué más da lo que sea? Lo que importa es que lo quieres, lo deseas. Y que es valioso.−advirtió ella, como si se diera cuenta por primera vez, o tal vez, como si se lo estuviera recordando para sí misma.−Y no quieres perderlo. Te conformas con verlo expuesto en una vitrina. Pero en el fondo quieres que sea solo tuyo. Y en parte te da miedo que lo sea... Porque es demasiado bueno para ti. Es la primera vez en mucho tiempo que veo algo de esta manera.−murmuró ella, de forma casi inaudible, pero él, gracias a su buen oído, pudo escucharla.−Y da miedo. Mucho miedo. A veces lloro del miedo que me da. O de que no puedo decir... Que no puede ser mío. Y cuando está apunto de pasar, pasa cualquier cosa y me echo atrás, porque no estoy segura.

− Creo que lo entiendo.−asintió él. Ella se giró para mirarle, asombrada.

− ¿De verdad?

− Te da miedo asumir las consecuencias de actos futuros. Aún queriendo saber más sobre ellos, no te atreves a mover ficha por miedo a lo que puede llegar a pasar.

− Eso no es exactamen-...

− Yo creo que sí−la cortó él rápidamente.−Puede que no del todo, pero sí lo es. Como no sabes las respuestas, estás jugando a ser adivina. Y puedes llegar a ser muy intuitiva...−Ella enarcó una ceja.−Pero todavía no ves el futuro, al menos no me lo has contado. Y vas a tener que arriesgarte un día de estos.

− Ya lo hice.

− Pero no al cien por ciento ¿verdad?−preguntó él. Ella no respondió a su pregunta.−Me tomaré eso como un no. Vas a tener que hacerlo para al menos dejar tranquila a tu conciencia y poder avanzar.

− No quiero perderle.

− Vas a tener que hacerlo tarde o temprano.−avisó él, sirviéndose un poco de agua en su taza.−Es la única forma de relajar tu conciencia. Y−continuó hablando él.−Aún no me has contestado a la otra pregunta.

− Quizá en otra ocasión.

− Está bien. Te veo mañana.

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