En vísperas de un amanecer tardío
yo sonrío, reguardándome con mi
rostro lleno de carámbanos de
hielo.
Y a duras penas, asomo la cabeza
y alzo el mentón, parece que el
Invierno de mi alma, no me ha abandonado aún el corazón.
¡Y huiría! ¡Encantada huiría! Pero
el cielo es un misterio y el Verano, aunque caliente, no puede aún
librarme de mi Invierno...
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