martes, 28 de agosto de 2018

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Aunque me duela.
Aunque mi sensor de peligro me diga que no me puedo adaptar a esto.
Aunque quiera salir corriendo y no mirar atrás, ya no puedo irme.

Ya no puedo.

He elegido entre supervivencia y sentimientos. Y he escogido los sentimientos; espero, pese a que la vocecita en mi interior a la que todo esto le da miedo me lo grite a todo pulmón que lo estoy, no estar equivocada.

Si hubiera decidido salir corriendo cuando pude, todo habría sido más fácil. Pero ya no puedo. Porque te lo diría, pero no me atrevo. No me atrevo.


Así que, lo escribiré aquí, porque seamos francos, no creo que lo vayas a leer...


Eres la primera y única excepción que voy a hacer. La primera, la única y la última. Y aunque lo esté escribiendo llorando, aunque esté así desde prácticamente toda la tarde, eres la única excepción porque... ¿qué más da, no? Te quiero. No sé cómo, pero te quiero.


Eso sí. Se te acabó todo esto, di adiós a la Vir divertida. Se ha ido para ti. No más comentarios graciosos, no va a aguantar más bromas, no va a aguantar nada más.

Despídete de ella. Porque ya no me quedan fuerzas para serlo.

Y ah, sí... No me pienso quedar de brazos cruzados. Te voy a enseñar a echarme de menos.


Tengo un corazón elástico. Veamos hasta cuánto puedes estirarlo.


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