Pateó una piedra y respiró hondo. Tenía dos opciones; la primera era salir corriendo, como hacía siempre. O quedarse, esperando, inquieta, a que él entrase para decirle que no se fuera, pero pensaba que quizás era esperar demasiado.
Cerró los ojos y tomó una decisión. No se iba a ir, aunque una parte de ella lo estuviera pidiendo a gritos. Después de todo, siempre había sido una superviviente y eso no lo iba a cambiar nadie, si se alejaba, era del peligro. Y sabía que salir mal parada era algo potencialmente peligroso.
Dirigió la mirada hacia la casa vacía y sonrío con tristeza.
Dio unos pasos al frente y se alejó varias metros, aún sabiendo que él no haría nada para detenerla.
Ya sabía lo que quería.
Que la echase de menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario